Arquitectura Residencial Bogotana en 420 M²

Un terreno cuyas excepcionales características lo convierten en un raro hallazgo, sirvió como punto de partida para esta vivienda. En su diseño estuvo involucrada toda una familia. 0

Veinte esquemas distintos dibujó Fernando Bernal antes de decidirse por el diseño final de la que sería la casa para su familia. Una tarea que empezó dos años antes cuando detectó junto con su esposa, Lina Spataro, un lote de topografía inclinada, parques y grandes árboles en Bogotá.

En medio de la ola de densificación que vive la ciudad, encontrar un terreno de características ambientales tan generosas, en un sector donde la comunidad valora y defiende el carácter residencial de su barrio, era todo un suceso; el cual, sumado al hecho de que el arquitecto tendría que disfrutar o padecer durante las siguientes décadas las decisiones que concretara en sus planos, planteaba un interesante reto de diseño.

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Respetando la escala de las construcciones vecinas, la casa de Fernando, de 420 metros cuadrados, se desarrolla en dos pisos, lo que libera casi la mitad del área disponible y permite rodear de jardines el volumen por tres de sus costados.

Tres materiales principales, concreto a la vista, muros de mampostería revestidos de pañete con pintura gris y enchapes de pizarra negra ofrecen un juego de fachadas que contrastan con el estilo neocolonial del vecindario, frecuente en la arquitectura residencial bogotana de finales de los años sesenta. Sin embargo, el diseño se integra al ambiente del barrio mediante la abundante vegetación de los jardines exteriores rebordeados con gaviones de piedra. Esta última, según revela Fernando, resultó del reciclaje de losas de concreto sobrantes del mantenimiento a las calzadas de Transmilenio, pacientemente talladas una a una por Alberto Guevara.

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Interiormente, el espacio de la casa, en el que predomina la textura del concreto a la vista, se abre de manera progresiva hacia la claridad del exterior para rematar en terrazas sobre los jardines, los cuales concluyen en el parque del barrio. Así sucede en el primer piso, ocupado por la zona de servicio y la cocina; un estudio que, integrado al baño de visitantes, se convierte en alcoba de huéspedes; el comedor y la sala dos peldaños más abajo, la cual termina en una terraza cubierta por el voladizo de la placa de concreto del segundo nivel.

La planta superior está compuesta por las habitaciones de los niños, con baños sobre el corredor, y un estar familiar que gracias a una puerta deslizante queda integrado a la alcoba principal y esta, al igual que la sala del primer piso, concluye en una terraza que mira hacia el jardín y el parque.

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Arquitecto de la Universidad Javeriana y experto en bioclimática, Bernal equipó la casa con paneles solares suministrados por Sol-Ars para complementar el sistema de calentamiento de agua y aprovechar el volumen de la escalera como un colector térmico que capta la radiación que atraviesa la marquesina y, así, distribuirla por los dos niveles, con lo que consigue una temperatura interior promedio de 21 grados centígrados. Otra medida que contribuye a la sostenibilidad del proyecto fue la instalación de un método de recolección de aguas lluvias que se usan en el riego de los jardines.

Lina Spataro, esposa de Bernal y economista, asumió la administración de la obra, mientras que sus hijos, Lucas y Pablo, se encargaron de ayudar en el diseño de los accesorios de los baños, ensamblados con piezas de grifería galvanizada, y aportaron soluciones imaginativas como la malla “de portería de fútbol”, que se usó en la baranda de la escalera de acero pintada de amarillo.

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Pensado en función de los deseos de la familia, el diseño –adelantado con la colaboración de Félix Vásquez y Catalina Convers– tiene un carácter experimental. Por ejemplo, las varillas de acero del refuerzo de concreto salen de la placa para formar una lámpara sobre la mesa del comedor–hecho con un trozo de madera rústica y un armazón de metal–.

El amueblamiento, lúdico e informal, incluye un par de poltronas en la sala que son la versión de aluminio y cuero de la célebre “Egg Chair”, de Arne Jacobsen. Estas piezas, similares a los asientos de la nave Millenium Falcon, de la película Star Wars, contrastan con las sillas de madera tallada de estilo victoriano del comedor.

Más que una casa, este diseño de Fernando Bernal es un proyecto de vida hecho para disfrutar en familia, en medio de una comunidad que comparte los espacios de todos y la naturaleza amable de su vecindario.

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