Geometría inconformista

A partir de una fachada negra que rompe la estética del lugar donde está implantada, esta casa abraza su panorámica y la abundante vegetación que la rodea gracias a una estructura en ángulo de 45 grados.

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En una de las esquinas más frondosas del barrio Camps Bay, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica –a 12 minutos caminando de la playa–, donde las casas dan hacia la calle, hay una estructura orientada en una dirección diferente, a unos 45 grados. El drama de su geometría inconformista se enfatiza por su fachada oscura, casi negra.

Esta casa es todo menos rebelde. En lugar de ser intimidante, imparte una sensación de calidez y compensa la abundante vegetación que la rodea de una manera que la hace parecer elemental, como abstraída del paisaje.

Hasta hace poco, esta audaz adición al horizonte suburbano existía en una encarnación completamente diferente: era un bungaló (casa generalmente de un solo piso con galería o porche en la parte frontal)  de artes y manualidades. Su propietario vivió en ella durante seis años antes de realizar cambios sustanciales, simplemente la disfrutó, “nos encantó el verdor y la frondosidad del sitio, la suavidad”.

Es posible que no haya tenido las panorámicas del mar y de la montaña típicamente buscadas en la zona, pero la casa estaba enclavada en un rincón “relativamente protegido” de Camps Bay. “Tenemos mucha vegetación a nuestro alrededor, que no es típico en el área, donde el paisaje se muestra bastante duro y austero”, además, “podíamos ver parte de la playa y la estación del teleférico en Table Mountain”.

Cuando llegó el momento de hacer la remodelación, el propietario buscó al arquitecto Greg Scott. “Podías entender la orientación”, afirma este último. La casa original estaba inclinada para que recibiera más luz del norte y se protegiera de la del occidente. Así, mientras la vivienda en su encarnación actual podría ser casi irreconocible, su postura no convencional ya estaba allí, y valía la pena mantenerla. “Curiosamente, esa orientación inusual estableció en gran medida la geometría del nuevo edificio, creó muchos de los ángulos, y un buen número de espacios frontales y traseros”, explica Greg.

Aunque los cambios más dramáticos implicaron quitar el techo y derribar la mayoría de las paredes internas, el arquitecto expone que gran parte de su obra consistió en enmarcar y editar las panorámicas. Una vez más, un escenario típico de Camps Bay implicaría una mirada al mar por el frente, y una a la montaña por atrás. “También tuvimos vistas laterales y pequeños jardines”. Los propietarios habían trabajado mucho en estos últimos, por lo que existían espacios al aire libre muy bien establecidos. “No queríamos tocarlos. Se trataba de crear algo con intimidad, en torno a los árboles”.

Por eso el arquitecto diseñó en el primer piso ventanas cuadradas que sobresalen, algunas de ellas pensadas para servir de asiento gracias a los paneles de madera que las componen. Además, enmarcan las vistas e integran los jardines interiores. “Son muy especiales para nosotros, un buen lugar para relajarse y leer el periódico”, comentan los dueños.

El propietario agrega que fueron los detalles más sutiles y reflexivos los que realmente lo convencieron. El balcón de la habitación del segundo piso –cubierto por una pérgola– no solo proporciona el espacio exterior de la planta alta, que tanto deseaba, sino que crea cómodos ambientes al aire libre en el primer nivel, lo que permitía incluir un patio. “Antes era un edificio de fachada plana, pero esas salientes conforman una sombra encantadora y una hermosa profundidad en la cara occidental”.

El exterior oscuro se inspiró desde el interior. Para el arquitecto, la respuesta obvia a la solicitud de sus clientes para un “espacio sexi con mucha calidez” era una paleta monocromática en toda la casa, y materiales naturales como los pisos de madera. El color oscuro, argumenta, mejora la sensación de intimidad. “Hemos utilizado espejos o materiales reflectantes para dar profundidad y evitar que el ambiente sea demasiado plano. La riqueza proviene de equilibrar las texturas y los materiales con su valor inherente, por lo que no necesita muchas cosas”. Además, un buen porcentaje de las paredes son de vidrio, lo que significa que cada área está inundada por luz natural.

Si bien el negro es un color base, al contrario de la primera impresión que tiene la mayoría de la gente, el interior es predominantemente blanco con acentos en dicho tono. Mientras que Greg y los dueños discutieron inicialmente varios grises, eligieron algunos más profundos, hasta que al final optaron por dar el paso final: el negro. La oscuridad inherente de las ventanas durante el día significa que “retroceden y desaparecen del edificio”, como dice el arquitecto, y el follaje de las plantas sobresale en el fondo. De esta manera, la casa se sostiene sobre sus fundamentos originales para convertirse en una propuesta que rompe con la estética del lugar donde está implantada.

//revistaaxxis.com.co

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