El legado de Germán Samper Gnecco: el arquitecto de la generación heroica

Esta es la primera frase que se le viene a la mente a Alberto Saldarriaga, el decano de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, cuando le preguntamos por el arquitecto Germán Samper Gnecco, quien falleció este año a los 95 años. 0

A esa generación pertenecen otros grandes nombres como Enrique Triana, Rogelio Salmona y Dicken Castro. Se refiere a ellos de esa manera por su invaluable e indiscutible aporte a la arquitectura.

La vida de Germán Samper Gnecco parece encarnar el sueño profesional de los arquitectos de su época: trabajó en París en el taller de Le Corbusier, donde participó en el Plan Director para Bogotá (1949-1951). A su regreso a Colombia, en 1953, inició una exitosa carrera con la firma conocida como Esguerra Sáenz y Samper.

A los 95 años, nos deja el autor de emblemáticas edificaciones y conjuntos modernos del país, de los cuales muchos han sido declarados Bienes de Interés Cultural: el edificio Avianca, el Museo del Oro, la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, el edificio del SENA o la Ciudadela Colsubsidio, obras que han contribuido a forjar buena parte de la identidad de Bogotá.

“Era una persona muy generosa. Siempre estaba abierto a compartir ideas sobre sus dibujos y sus conocimientos en conferencias, y en la atención que le prestó a las personas que lo rodeaban. Uno de sus intereses particulares fue la vivienda económica”, contó Alberto Saldarriaga.

Obtuvo el Premio Gonzalo Jiménez de Quesada, que le dio la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá (2015); de la Gran Orden del Ministerio de Cultura (2010); consultor de la Unesco en 1993 y nominado por Colombia para obtener el título de Arquitecto de América en 1992, entre muchos otros más.

Su interés por el dibujo espontáneo, lejos de la precisión del dibujo arquitectónico, comenzó cuando llegó al taller de quien se convirtió en uno de sus maestros: el arquitecto de origen suizo Charles-Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier.

Desde 1949, cuando empezó a dibujar, cuenta con más de 5.000 bocetos. Invirtió gran parte de su vida a plasmar en papeles sus viajes. Era la manera cómo podía apropiarse de los imponentes puentes, catedrales o pequeñas casas que se topó en México, Japón, Europa y en Colombia. Germán Samper Gnecco decía que dibujaba porque “la memoria es frágil y se va difuminando”. Sin embargo, él y su obra son la huella firme y tangible de un arquitecto heroico e inolvidable.

 

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