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Hormigón, piedra y madera: elementos de la arquitectura contemporánea

Esta casa busca salirse de la tipología clásica de las ostentosas viviendas de la costa atlántica de Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Su objetivo: ser coherente con su entorno natural.

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Sobre la calle Kloof, en el sector de Clifton, a lo largo de la costa atlántica de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, hay una casa que se roba las miradas de las personas que salen a correr o a pasear el perro, a veces se detienen frente a ella y se ponen a conversar. “Clifton no tiene la típica configuración suburbana, donde la gente solo conduce. Hay mucho tráfico peatonal y usan los andenes”, dice el arquitecto Jan-Heyn Vorster sobre este barrio costero. Jan-Heyn y su compañero de vida Pieter Bruwer construyeron esta casa con el objetivo de que estuviera más en concordancia con las calles donde está ubicada, contrario a lo que sucede con las imponentes mansiones típicas de la costa atlántica sudafricana. Las viviendas en esta zona tienden a seguir una fórmula bastante predecible: levantarse lo más alto posible frente al mar y construir tan grande como lo permita la lógica de bienes raíces local. “Construyen de izquierda a derecha, a todo lo ancho del lote para maximizar las vistas”, dice Jan-Heyn. Típicamente no tienen jardín –solo una terraza y una piscina exterior–. Sin embargo, por la belleza de esas visuales hacia el mar, el arquitecto señala que todas las casas están orientadas al occidente, por lo que tienden a estar incómodamente expuestas al sol de la tarde.

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Jan-Heyn y Pieter vivieron dos años en la casa original, construida en 1940, antes de decidir remodelarla. La antigua morada “no respondía muy bien al lugar. Tenía una larga subida y unas empinadas escaleras, especialmente incómodas cuando tenías que llevar las compras desde el garaje, sobre todo en días de lluvia”. Sin embargo, el experimentar esta estructura mal concebida para el lugar donde estaba implantada, les dejó valiosas lecciones, “aprendimos mucho sobre la dirección del viento, las vistas, el sol y cómo diseñar alrededor de estos desafíos climáticos”.  Tan pronto como Jan-Heyn y Pieter Malan, su socio en la firma de arquitectura MalanVorster Architecture and Interior Design, comenzaron a diseñar la casa, descubrieron que las primeras decisiones claves que tomaron estaban impulsadas por las lecciones sobre el viento y el clima que les dejó la antigua vivienda. “Empezamos a mirar la ubicación del edificio en el lote”. Ambos llegaron a la idea de una estructura de patio con un refugio al aire libre que mira hacia el norte, dando la espalda al sureste. Los arquitectos tuvieron que cavar en la ladera de la montaña para poder crear un garaje subterráneo, sobre el que pusieron una suite de invitados, casi un apartamento separado, pero conectado internamente con la vivienda. Este mismo nivel alberga la mayoría de los servicios, como la lavandería y la sala de bombeo. También hay una cava y, como es una casa inteligente (con persianas ocultas que se despliegan automáticamente cuando el sol es muy fuerte), están el centro de comando y la planta de energía solar –estos dos últimos escondidos bajo este piso–.

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Señalan que en el nivel de la calle usaron principalmente piedra natural –ya sea como paredes de mampostería o retenedores de gavión–. “Es más un elemento paisajístico que constructivo. Con ese material y la vegetación se ve como si la casa fuera parte de la montaña”. La estructura en sí está sobre una base rugosa, que actúa como “una especie de suelo hecho a mano, ajardinado”. Para los arquitectos era muy importante que el edificio no se sintiera como un bloque de apartamentos en el aire. A pesar de estar densamente construida, la presencia de la naturaleza en Clifton –el océano y la montaña– es un elemento central para el sentido del lugar. Pieter señala cómo, especialmente desde el nivel de la calle, la casa empieza a “disiparse” a medida que toma altura. “Los elementos masivos de hormigón se convierten en placas flotantes más delgadas que se extienden hacia la vista y el paisaje”.

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Los espacios internos se abren completamente. “Los elementos macizos articulan los huecos: la cubierta y el patio. Además, los bordes en voladizo están plantados con romero salvaje, que llega hasta los extremos y los suaviza”. Todo esto evoca una sensación de conexión con la tierra. Esa conexión no se considera simplemente una forma de vestir las ventanas. “La casa es una vivienda verde”, pues recolecta energía solar para calentar el agua, las baldosas radiantes y la piscina. Asimismo, un sistema fotovoltaico genera electricidad. Los hogares modernos tienden a ser intensos en el consumo de energía, en especial por todos los sistemas tecnológicos requeridos, por lo que este fue diseñado para ser lo más autosuficiente posible. En la fachada que da hacia el mar, los dos niveles superiores de la casa están dispuestos alrededor de un atrio doble. “Intentamos hacer la vivienda como una completa experiencia interior/exterior, donde ciertas áreas casi se convierten en habitaciones al aire libre cuando se abren las grandes puertas correderas y ventanas”. Sin importar dónde se esté parado, siempre se puede disfrutar de un jardín o de la vista.

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Aunque invirtieron mucho esfuerzo en hacer la casa sin pretensiones y accesible desde el nivel de la calle, la estructura sube cuatro niveles. “Pero cuando estás adentro no eres realmente consciente del garaje y de la suite de invitados de abajo. La escala del edificio se convierte en algo completamente diferente de su apariencia desde el exterior”Los interiores son un ejercicio de moderación y conciencia de las texturas y colores de los materiales seleccionados. Pieter y Jan-Heyn limitaron su paleta al concreto, la madera y la piedra. Hay muy poco pañete y pintura. No siempre es fácil crear un sentido de calidez con ese tipo de enfoque. “Gran parte del éxito del edificio tenía que ver con el uso integral de la carpintería y la atención al detalle en la cocina y los baños. Nuestro objetivo fue crear una experiencia hogareña, con mucho énfasis en los componentes hechos a mano”. 

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Los muebles se rigen por una paleta neutral y un diseño refinado. Materiales naturales como cuero, madera y acero predominan, con acentos cobrizos o metálicos que proporcionan interés y variedad, y negro que añade definición y contraste. El azul, el gris, el beige y el blanco prevalecen, aunque la característica que define todos los interiores es la materialidad. “La elección de materiales subraya nuestra filosofía de diseño: los acabados deben ser cuidadosamente considerados para crear un sentido de atemporalidad y tranquilidad”. Con el paso del tiempo, a medida que crecen las plantas y el hormigón adquiere su pátina, los arquitectos esperan que la casa envejezca con gracia y se integre más con su entorno natural.

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