I de innovación

Domo i es el nuevo centro de innovación del Grupo Bolívar, un lugar único en Bogotá, donde el diseño y la pasión por “pensar fuera de la caja” se unen para crear espacios flexibles y versátiles, que se adaptan a modelos de trabajo incluyentes e invitan a reinventarse y romper paradigmas. El objetivo: generar una mejor oferta de valor.

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Qué fue primero ¿el huevo o la gallina? Nadie es ajeno a este dilema filosófico que plantea la incógnita sobre la génesis de determinado suceso o concepto. En el caso del Domo i, la respuesta es sencilla, primero fue el modelo de innovación del Grupo Bolívar, un proceso que lleva más de diez años de desarrollo. Este es, tal vez, uno de los aspectos más interesantes del proyecto, pues de nada sirve construir un imponente centro de innovación y llenarlo de millennials con computadores, si dentro de la organización no existe un esquema claro, bien definido y con el apoyo y compromiso de todos sus directivos.

La columna vertebral de lo que sucede en este lugar es el diseño, una necesidad que surge a partir del desarrollo de productos y servicios centrados en el cliente. Desde el Grupo Bolívar esto planteaba la pregunta: ¿qué significa la capacidad de diseño en un banco o en una empresa de seguros? Óscar Rodríguez, vicepresidente de Innovación del Grupo Bolívar, explica que “para resolver este reto, nos aliamos con diferentes jugadores y estos aprendizajes nos han permitido que hoy el diseño sea el motor de todos los procesos de transformación que se están dando dentro de las compañías del grupo”.

Uno de los grandes desafíos fue buscar un lugar idóneo, que sirviera como base para este modelo y que permitiera las dinámicas necesarias para su óptimo funcionamiento. Con esto en mente, se determinó que el centro de innovación se alojaría en un edificio existente, anexo a la torre de Seguros Bolívar en la avenida El Dorado, de Bogotá. Esto planteó un nuevo paradigma: transformar una construcción anticuada y concebida para otro uso, en un centro de innovación de última generación. Por fortuna estaba tan claro el modelo, que consistió más en una labor de distribución y ubicación de las diferente áreas, en un orden lógico, práctico y funcional.

En cuanto a la adecuación de los espacios, contaron con varias asesorías, desde las de expertos en temas de innovación, hasta las de arquitectos y diseñadores industriales. “Cada uno de los cinco pisos está hecho para cumplir una finalidad asociada al modelo de innovación. Una de las características más importantes es la flexibilidad, pues las diferentes zonas de trabajo deben adaptarse a las necesidades de las personas que trabajan allí”. En el primer piso –el punto de acceso al edificio– predomina el color amarillo –utilizado generosamente en los ductos del techo– que se asocia con el intelecto, la diversión y el aprendizaje. “Este es un lugar abierto, que reta a los equipos para que se encuentren en un entorno menos estructurado, donde buscamos que se generen fuertes relaciones de networking y permitan el intercambio permanente de ideas para que surjan nuevos proyectos y se fortalezcan los que ya existen. Un elemento importante en este piso es el Station i, una tienda de confianza que promueve la gastronomía consciente y la apropiación de la oferta de valor digital”.

El segundo piso, que gira en torno al trabajo con StartUps, es un espacio donde predomina el azul –estabilidad y tranquilidad– combinado con diferentes acentos de color que potencializan sus cualidades. Según el diseñador industrial Camilo Cruz, “este color funciona muy bien con acentos de naranja, porque oxigena el cerebro y ayuda en la toma de decisiones”.

Este nivel acompaña también la presentación de los pitch. Cuenta con una zona de trabajo colaborativo para la que Cruz diseñó unas mesas hexagonales, que funcionan como módulos y pueden organizarse de acuerdo con las dinámicas o cambios que se requieran. También tiene un área con una pantalla gigante y una grama artificial con graderías y pufs de diversos colores, donde se presentan los emprendimientos. “Es la forma de conectar a los emprendedores en Colombia y en diferentes partes del mundo con los encargados de las líneas de negocio”, explica Rodríguez, quien cita ejemplos de casos de éxito en el mercado como la tecla de la casita roja.

El tercer piso se denomina el Hub, y podría decirse que es donde la magia sucede. Aquí confluyen universitarios de diversas disciplinas, que tienen el reto de “pensar fuera de la caja” y buscar soluciones disruptivas a los desafíos planteados desde diferentes áreas de la organización. “Reconocemos que ese talento joven que está saliendo de las universidades tiene ímpetu y se interesa en los procesos de transformación. Vienen a retarnos y a enseñarnos una forma distinta de ver los negocios”. El equipo del centro de innovación los guía a través de una metodología mientras exploran la solución al reto que se les propone. “La idea es buscar nuevas maneras de relacionarse con los clientes y con el mercado”.

Es un espacio que cambia constantemente, donde las divisiones de vidrio encapsulan las diversas células o grupos de trabajo y se convierten en laboratorios de prototipos, que motivan a la gente a crear, compartir, colaborar. Por eso es común ver la mayoría de superficies cubiertas de post-it, y mapas mentales escritos con marcador de varios colores. Es un espacio estimulante e inspirador. Hace eco también de la estrategia que el Grupo Bolívar tiene desde años atrás para formar alianzas con varias entidades. “Queremos un fuerte relacionamiento con diferentes actores del ecosistema de innovación, como el gobierno, Colciencias, la Cámara de Comercio, las universidades… organizaciones con las que nos relacionamos y trabajamos para que el desarrollo de las nuevas tecnologías sea un esfuerzo común y colaborativo”.

El siguiente nivel aloja tres auditorios que pueden unirse o separarse, gracias a una serie de paneles móviles de acuerdo con la capacidad requerida. Aquí se realizan charlas, conferencias, talleres y sesiones de ideación y conceptualización. “Tenemos una agenda establecida, donde expertos en temas como inteligencia artificial, blockchain y diferentes tecnologías para la innovación comparten y capacitan a nuestros equipos”.

En el último piso está el domo. “Desde el punto de vista arquitectónico es una estructura muy fuerte porque usa triángulos en su construcción. Esto refleja lo que deseamos simbolizar en innovación: la unión de las personas y los equipos hace que tengamos una innovación de calidad; también expresa un concepto muy importante y es que en la innovación no tenemos jerarquías, el aporte de cada persona resulta igualmente importante. Este piso está dedicado principalmente a los temas de investigación”. Aquí se monitorean las grandes tendencias mundiales, los desarrollos en industrias de diferentes países y culturas. A través de un observatorio con aliados estratégicos se investiga de manera permanente. “Este es el espacio que convoca a compartir esos hallazgos”.

Y así termina el recorrido por este lugar, que puede llegar a convertirse en ícono en su campo. “Más allá de las instalaciones físicas, es un recorrido por nuestro modelo de innovación. Este espacio funciona como un ecosistema, donde la gente se conecta en un ambiente en el que puede cambiar el chip, romper paradigmas y buscar las mejores soluciones para crear una oferta de valor que mejore la vida de nuestros clientes y, de paso, aporte al desarrollo de la sociedad”, concluye Rodríguez.

//revistaaxxis.com.co

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