Interiorismo atípico tailandés

La firma de arquitectos BLD, cofundada por el bogotano Óscar Llinás, diseñó una mansión estilo tailandés de 3.900 metros cuadrados. La vivienda, compuesta por nueve pabellones, está encastrada en un peñasco que desciende hasta el mar de Andamán, en Tailandia.

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La Villa del Sol se encuentra encastrada en una ladera peñascosa que da contra el mar de Andamán, Tailandia. Para llegar a esta mansión, a una hora en avión de Bangkok, se debe bordear primero la Millionaires Mile, una vía que hace honor a su nombre albergando enormes refugios de descanso de millonarios de medio mundo. Techos de 10 metros de alto, 2 comedores, una piscina de borde infinito de 35 metros de longitud, 9 pabellones con terraza y una cocina profesional para atender a 150 personas. Estas son solo algunas de las especificaciones de esta vivienda comisionada por unos clientes daneses a la firma BLD, fundada en 1989 por el diseñador bogotano Óscar Llinás junto a otros dos socios, el estadounidense Robert Bilkey y su hermano Mauricio Salcedo.

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La paradoja de este encargo está en que a pesar de los espacios monumentales, los propietarios pidieron reducir a lo elemental la parte decorativa. Cuenta Llinás que aunque la línea de diseño de la casa es tailandesa, el trabajo de interiorismo se aleja del estilo local, que define como “barroco, muy ornamentado”.

Más que buscar obras de arte, los esfuerzos se centraron, por ejemplo, en resaltar la simpleza de la teca, madera muy utilizada en Tailandia. “La decoración son las orquídeas, el entorno, la amplia variedad de aves que se pasean prácticamente a diario dentro de la casa. El interés de los clientes era que en el ambiente donde estuvieras quedaras inmerso en medio de la naturaleza, sin ninguna obstrucción”.

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La complejidad geográfica del terreno fue uno de los aspectos que motivaron a los propietarios a adquirir el lote. Cada pabellón tiene entre 60 y 70 metros cuadrados y una terraza privada, donde se puede comer o desayunar sin tener que trasladarse hasta alguno de los comedores principales. Además, cada uno está situado a una altura diferente. “La idea consiste en que cada habitación funcione de manera autónoma. El cliente es alumno de un maestro de yoga muy conocido en la India, y tanto él como sus amigos son personas que practican la meditación, vegetarianos, muy conscientes del cuidado del medioambiente. Por eso era muy importante lograr un espacio privado y de relajación en cada pabellón”, afirma el bogotano.

Así mismo, los jardines que rodean la vivienda cumplen un papel fundamental. Cada uno con dimensiones y especificaciones determinadas. Hay uno con un pequeño lago. Y otro, quizás el más importante, dedicado a Buda. “Esta figura fue ubicada como un símbolo sagrado y no como un objeto de decoración. En los países budistas hay un movimiento muy importante para infundir respeto por Buda en la gente occidental, que generalmente lo toma como una pieza de decoración, como una lámpara o una escultura, ¡y no lo es!”.

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Parte de la piscina, de 35 metros de longitud por 12 de ancho, está dentro de la casa. “Los terminados fueron hechos en Tailandia. Hay elementos de granito, otros de mármol. Mientras que los grifos y las piezas de la cocina son europeos. En su mayoría daneses y alemanes”. Todos los materiales utilizados para la construcción cumplen con los requisitos LEED (Leadership in Energy and Environmental Design). “La madera que empleamos viene de bosques sembrados específicamente para su reproducción. Hay un monitoreo muy estricto para preservar el medioambiente. El Gobierno tailandés es muy cuidadoso con esto porque los bosques del norte del país, en la frontera con Myanmar, están casi destruidos”, concluye Óscar Llinás.

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