Oasis de serenidad

Situada en la sabana de Bogotá, esta casa les brinda a sus dueños la posibilidad de acercarse a la naturaleza durante las vacaciones y los fines de semana.

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Escapar del caos de la capital en los días libres. Con ese fin los dueños, radicados en Bogotá, construyeron esta casa en las afueras de la ciudad. De ahí que la vivienda se haya convertido en un oasis de serenidad para los miembros de esta familia.

El proyecto estuvo a cargo de un equipo multidisciplinar: el arquitecto Luis Restrepo, la arquitecta e interiorista Ángela Crane y MVG Constructores. El programa arquitectónico gira alrededor de un patio central que articula las diferentes áreas, al mismo tiempo que permite disfrutar del ambiente exterior sin exponer a sus habitantes a las corrientes de aire frío características de la zona. Por eso, esta casa es el ejemplo perfecto de integración con la naturaleza. Se diría, incluso, que paisajismo, arquitectura y diseño se fusionan en un mismo lugar.

Todos los espacios, salvo las habitaciones de los hijos, se ubican en el mismo nivel con el fin de impregnarlas con la vitalidad del patio central y, asimismo, de relacionarlas permanentemente entre sí. Sobre la vía de acceso, no obstante, ocurre lo contrario: la fachada principal se cierra completamente hacia la calle de acuerdo con los requerimientos de privacidad de la familia. De hecho, se tomó en cuenta la necesidad de proveer intimidad sin sacrificar la iluminación.

Tanto en la zona social como en la privada se combinan diversos estilos de muebles. La arquitecta trabajó de la mano con los clientes, logrando armonizar los gustos personales de ellos con su propia mirada como profesional. De esta manera, se hallan objetos importados –fabricados por empresas internacionales, como la italiana Paola Lenti– junto con algunas piezas de anticuario y otras diseñadas por la misma Crane, como la mesa de centro de la sala y una de las bibliotecas. Más aún, aparecen obras de artistas locales y extranjeros, como el colombiano Carlos Rojas y el norteamericano Tom Friedman.    Aunque procuraron conservar el encanto del paisaje natural, también incorporaron elementos modernos: espacios de doble altura unidos funcional y visualmente, y muebles versátiles que favorecen la relación entre las áreas. Este es el caso del sofá modular que divide la sala social de la de televisión, dirigiendo la mirada hacia la chimenea y la biblioteca (respectivamente). “La integración espacial hizo que la vivienda fuera, además de acogedora, muy práctica”, señala la arquitecta. Tanto, que su diseño resulta imposible de encasillar dentro de una u otra corriente estética. Se trata de una propuesta atemporal que respira una atmósfera apacible y luminosa.

La gama cromática es la paleta del gris, que, combinado con azul y beige, hacen los ambientes aún más especiales. Sus paredes y gran parte del mobiliario abarcan dichos tonos, mientras que los pisos y la chimenea, oscuros, conservan una línea más sobria y refinada.

El uso impecable de los materiales es coherente con las formas limpias y tonalidades opacas. El piso de porcelanato tipo madera, cuyas vetas y color semejan la textura natural del roble o el nogal, constituye una muestra de ello. A su vez, las texturas delicadas, como las cortinas de lino elaboradas por la artista Catalina Komninos, brindan un equilibrio entre características masculinas y femeninas. Un elemento importante, cuyo formato connota una puesta de espaldas a los modelos convencionales, es la biblioteca que divide la cocina del comedor. Su diseño fluctúa entre el lleno y el vacío. Consiste en una masa ortogonal horadada para crear una conexión visual entre ambos espacios. De hecho, en ella no solo hay libros, también algunas piezas decorativas, las cuales añaden un caleidoscopio de azules oscuros y dorados brillantes. “La transparencia es su cualidad más importante. La diseñé con la intención de que fuera funcional, pero también estética”.   

La suma de la arquitectura y el diseño con cualidades atemporales, así como de obras de arte vibrantes y atrevidas, aporta calidez y belleza. Es un verdadero oasis de serenidad, que resulta de la cohesión entre unos pocos pero bien escogidos colores y objetos decorativos.

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