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Intimidad al aire libre

Cerrada a sus vecinos, pero abierta a la ciudad, esta casa presenta un lenguaje que podría considerarse ecléctico para enriquecer el diario vivir de sus propietarios a través de contrastes, materiales y texturas.

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Enclavada en la falda de las montañas del valle de Aburrá, disfrutando de una privilegiada vista panorámica sobre la ciudad de Medellín, se encuentra esta construcción, que sirve de vivienda a una joven familia con dos hijos. Inicialmente, el lugar era un lote vacío –parte de una urbanización residencial– que estaba a la espera de ser habitado. “Es una casa de barrio con los vecinos bastante cerca”, comenta el arquitecto antioqueño Mauricio Zapata, quien junto a la arquitecta Catalina Santamaría y con la ayuda de la arquitecta Laura Sosa, estuvo a cargo del diseño.

Debido a estas condiciones particulares, el lote define de manera tajante el diseño de la casa. Como respuesta al entorno inmediato, los arquitectos plantearon un jardín continuo en la parte frontal, con un muro poroso de ladrillo que resguarda la privacidad frente a sus vecinos. “La posición de la celosía de ladrillo sirve como filtro visual, y el verde queda como absoluto protagonista tanto en el exterior como en el interior”, afirma Zapata. El paisajismo, a cargo de Carlos López y Laura Peláez, de Capiro Vivero, adquirió especial relevancia gracias a este planteamiento arquitectónico, y los colores intensos de la vegetación propuesta se convirtieron en insumo fundamental para el desarrollo del proyecto.

La puerta principal es un plano de vidrio, resguardado por la densa vegetación del jardín, lo que le permite ser completamente transparente y, además, borrar los límites entre exterior e interior. Todo esto le da al espacio un aire distendido y natural a pesar de estar embebido en un contexto de carácter urbano. La zona social es un espacio continuo, amplio y alto. Contiene el salón y el comedor, pero además la biblioteca, la chimenea, la escalera… y una multitud de libros y objetos que llenan de vida y carácter el ambiente, ofreciendo la opción de vivirlo de múltiples maneras. También goza de una gran cantidad de luz y ventilación natural gracias a su generosa altura libre y a la doble relación que mantiene con el exterior: hacia un costado abriéndose al jardín y la entrada principal, y al otro fundiéndose con la piscina y las áreas exteriores de estar, las cuales se vuelcan sobre la dramática vista.

En la primera planta los diseñadores ubicaron, además de las zonas públicas, la habitación principal, que disfruta de una terraza con acceso privado a la piscina y de la espectacular vista sobre la ciudad de manera ininterrumpida. Complementa el programa de este nivel una alcoba adicional, ubicada, por cuestiones prácticas, cerca de la de los propietarios, pensando en que sus hijos pequeños estén próximos.

En el segundo piso hay dos habitaciones más y un salón de estar, que conforman un mundo completamente independiente del resto de la vivienda, perfecto para el disfrute de los hijos en una etapa más avanzada de la vida. “Es en esencia una casa de ladrillo, moderna, ¡pero no de esas minimalistas y aburridas! Es ecléctica, mezcla texturas y materiales, complementando el ladrillo con la madera y el metal, lo que le da un aire algo industrial”, cuenta Zapata al preguntarle por la materialidad de su diseño.

La celosía que envuelve el jardín, porosa y ligera, se convierte en un muro sólido conformado a partir de los mismos elementos, ladrillos de gran formato color chocolate, que consolidan el cuerpo de la construcción. Los espacios del segundo piso flotan sobre esta base, haciendo parte de un volumen monolítico enchapado con porcelanato (de tono similar al del ladrillo para mantener la unidad en la paleta material).

Adentro, sobresale la escalera, metálica y ligera, compuesta a partir de una gualdera plegada, lisa y brillante, que contrasta con la textura de las huellas. Su acento rojizo y envejecido complementa los enchapes, el ladrillo de los muros, y la madera de pisos y cielorrasos. Las habitaciones y baños siguen la misma paleta de colores y materiales, valiéndose de porcelanato tipo madera y tonos tierra, iluminación indirecta y piezas de diseño que mezclan líneas contemporáneas y texturas naturales, para crear un ambiente cálido y hogareño.

Cerrada hacia sus vecinos, pero completamente abierta hacia la ciudad, envuelta por una masa vegetal densa de verdes intensos, protegida a partir de celosías y filtros, y enriquecida con infinidad de tamices, la vivienda ofrece un espacio íntimo y privado, pero a la vez lleno de aire, luz y naturaleza. Su lenguaje ecléctico enriquece el día a día de sus habitantes a partir de sus contrastes y complementos, basándose en una mezcla de objetos, materiales, colores y texturas.

//revistaaxxis.com.co

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