Juan Gabriel Moreno

Siempre atraído por el diseño creativo, Moreno dejó Colombia de pequeño para crecer en Los Ángeles. Empezó sus estudios arquitectónicos en la Universidad de Cal Poly, de Pomona, California, para continuarlos en la cuidad de Florencia, Italia, donde aprendió de la mano del italiano Cristiano Toraldo di Francia, uno de los fundadores de Superstudio.

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Su arranque como profesional se lo debe a la arquitecta y autora Judith Sheine, quien fue su profesora en la universidad. Trabajando para ella tuvo su primer experiencia directa con la comunidad latina de bajos recursos, algo que lo marcaría y se convertiría en su sello. En el año 2000, después de recorrer el mundo diseñando planes maestros para la firma norteamericana AECOM, aterrizó en Chicago, donde jamás pensó que se quedaría.

Fotografía: Mónica Barreneche.

Años después regresó a Colombia, donde el proyecto de diseño urbano de Medellín lo impactó; fue entonces cuando vio la necesidad de iniciativas similares en Chicago, una cuidad también marcada por la delincuencia y las brechas sociales. Inconforme con el estilo corporativo y sintiéndose un poco fuera de lugar, decidió dejar su trabajo y crear su propia compañía. Desde entonces, este arquitecto bogotano se ha abierto camino en una metrópoli donde abundan las firmas de arquitectura. JGMA es un equipo de 22 personas, entre los cuales hay diseñadores, arquitectos y urbanistas.

Uno de sus proyectos insignia es El Centro, ubicado en la Universidad de Northeastern Illinois, ganador de los premios American Architecture Prize y Arquitectura Diáspora Colombiana –este último se entrega cada dos años en Nueva York–. Para Moreno, el éxito de esta propuesta se basa en tres aspectos fundamentales: la ubicación, está en la autopista que enlaza el aeropuerto internacional O’Hare con la ciudad; la conectividad que genera y facilita a sus estudiantes, la gran mayoría latinos; y la identidad, está en una de las vías principales que recorren a diario las personas que entran a la metrópoli en las horas de la mañana y regresan a sus casas en los suburbios en la tarde, así disfrutan de su fachada que cambia de color según el ángulo en que se mire, convirtiéndose en un edificio imposible de pasar por alto.

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