La arquitectura divertida de Jacob Van Rijs

El arquitecto holandés, director de la firma MVRDV –a cargo del diseño del Pabellón de Holanda en la pasada Feria del Libro en Bogotá–, habló con AXXIS sobre su trabajo y la experiencia que tuvo en Colombia.

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La firma que lidera este holandés, de 51 años, es una de las más prolíficas y reconocidas en Holanda, pues con su singular visión y acercamiento al diseño han logrado proyectos que se han convertido en hito e inspiración para nuevas generaciones.

Entre sus propuestas más destacadas están el Market Hall, una combinación de comercio y vivienda en Róterdam –publicado en la pasada edición de AXXIS–; el Pushed Slab, un edificio de oficinas en el primer ecodistrito de París; y el Centro Cultural Matsudai, en Japón. Y aunque han trabajado en diversos lugares del mundo, como Shanghái y Pekín, en China; Oslo, en Noruega y Roskilde, en Dinamarca, nunca habían hecho un proyecto en Suramérica.

“Fue una experiencia enriquecedora, literalmente un mundo nuevo. Muy divertido”, dice Van Rijs, quien pasó unos días en Bogotá, a propósito de la inauguración de la Feria del Libro. Según él, fueron varios los desafíos que planteaba el diseño del pabellón.

El arquitecto Jacob Van Rijs. Foto: ©Hilbert Krane.

El arquitecto Jacob Van Rijs. Foto: ©Hilbert Krane.

Además de que contaban con un presupuesto limitado y debían trabajar de la mano de la Embajada de Holanda en Bogotá, tenían un límite de tiempo. “Normalmente pasa mucho tiempo antes de que el proyecto se construya, en este caso tuvimos cuatro meses a partir de la primera idea hasta que se entregó”. Adicionalmente, estaba el tema de la distancia, el cual solucionaron con la ayuda del arquitecto Carlos Medellín, de la firma Mazzanti en Bogotá, quien estuvo a cargo de la coordinación aquí. “Nosotros le mandábamos los planos y los dibujos, y él se encargó de hacerle seguimiento a la producción y manejo de los proveedores”.

¿Cómo fue la dinámica de trabajo con los colombianos?

Me gustó mucho, claro que tienen una mentalidad diferente a la de los holandeses, pero es una buena fórmula. En Colombia improvisan más, y esto combina bien con la organización holandesa. Creo que se pueden hacer cosas interesantes juntos.

¿Cuál fue el punto de partida para el diseño del Pabellón de Holanda en la Feria del Libro?

Lo más importante es que cuando haces un pabellón su duración es efímera, dos o tres semanas, y genera un gran desperdicio de recursos. Nos planteamos hacer una propuesta más inteligente, que no terminara con todo convertido en basura. Pensamos que la posibilidad de reciclaje era importante.

Así llegamos a la caja y empezamos a jugar con ella para darle forma al pabellón, que se hizo en su totalidad con esta idea modular. Las piezas las diseñamos para que hubiera el menor desperdicio posible, y nos basamos en la idea de que deberían continuar de alguna otra manera. De hecho, creo que en estos días la embajada y la ciudad están discutiendo cómo se van a redistribuir esas piezas para construir cosas en otras partes de Bogotá, dándole una permanencia a estas estructuras. Son muy versátiles y me parece interesante que se usen en un colegio, o una biblioteca o un centro comunitario. Me parece maravilloso que se regalen.

La idea era traer un pedazo de Holanda a Colombia, y lo hicimos armando un pequeño pueblo holandés, con su plaza central, sus casas, sus bibliotecas y los campos de flores…

Pabellón de Holanda. Foto: ©Mónica Barreneche.

Pabellón de Holanda. Foto: ©Mónica Barreneche.

¿Cuál es su filosofía de diseño?

Creo que a grandes rasgos la idea es mejorar algo, hacer una contribución positiva a la ciudad, al barrio o a la vida de la gente, y eso se logra realizando el mejor proyecto posible. Tenemos claro que hay que ser consecuente con los recursos. La arquitectura debe ser responsable, pero no aburrida. Nos gusta pensar que siempre hay algo de aventura en nuestro trabajo. Y puedes incluir esa aventura de diferentes maneras, puede ser en el diseño, en el material, en la tipología, en los colores…, hay muchas formas de ser aventurero. Eso es lo que tratamos de hacer.

En el caso del pabellón, la aventura está en el color y en la idea de usar una caja para todo el proyecto. Es una idea simple, pero si la hacemos de una manera consecuente funciona. Aunque sea un pabellón modesto, aun puede decir algo, por ejemplo una crítica a la arquitectura, que en estos casos especialmente debe tener en cuenta la sostenibilidad y la idea es hacer algo inteligente.

¿Cómo le enseña a alguien a pensar “fuera de la caja”, cuando se trata de arquitectura?

La gente primero tiene que ser consciente de cuáles son las responsabilidades. Lo que un arquitecto tiene que hacer en la sociedad hoy, especialmente las nuevas generaciones. Deben tener claro qué consideran importante y tratar de incorporarlo en el diseño, no solo copiar. Aunque uno aprende cuando se inspira en otras cosas, pero hay que llevarlo un paso más allá. Que aprendan a desarrollar nuevas ideas, que miren lo que los rodea, la ciudad, que entiendan lo que está sucediendo, que tengan una tarea y la responsabilidad de ser parte de mejorar su entorno.

¿Alienta a sus estudiantes a que tomen riesgos?

Como estudiante siempre deben tomarse riesgos, si no lo haces, no es una buena señal. Más adelante las cosas cambian, pero hay que tener actitud, crear una atmósfera en la que todo se puede.

¿Y es lo mismo en su oficina…?

Sí, pero también tienen que estar seguros de la posibilidad de hacerlo. No es solo ser aventurero por serlo, hay que saber que las cosas se pueden realizar, cumplirle al cliente. Tiene que ser una solución muy clara al problema y que sea posible llevarla a cabo. Siempre hay que combinar la práctica y la teoría. Tiene que funcionar.

¿Cuál sería el proyecto de sus sueños?

En realidad no tengo uno de mis sueños. Lo divertido de nuestra profesión es que cada vez que tienes un nuevo proyecto se trata de una aventura diferente. El fin de semana pasado se inauguró el Museo del Rock Ragnarock, en Roskilde, Dinamarca, en el que trabajamos con COBE, un estudio local. Este en particular fue muy emocionante y de cierta forma fue un sueño hecho realidad, porque me encanta la música rock, así que fue divertido hacer un museo de ese tema. Ahora ya lo hice…, tengo que encontrar un nuevo sueño.

Museo del Rock. Foto: © Ossip van Duijvenbode.

Museo del Rock. Foto: © Ossip van Duijvenbode.

Existe la noción de que la arquitectura holandesa puede ser nostálgica; sin embargo, sus propuestas tienden a ser contemporáneas, aun cuando esté interviniendo una construcción con valor histórico. ¿Cómo reconcilia el pasado y el futuro en su trabajo?

No todos los arquitectos holandeses somos nostálgicos, también hay una tradición moderna y nosotros somos parte de eso. Hay diferentes tradiciones y dependiendo del contexto debes adaptarte a la corriente nostálgica o a la moderna. Nosotros tratamos de combinarlo, dándole una mirada contemporánea a una construcción histórica. Cuando son edificios con este contexto, tratamos de hacer un diseño diferente, y a veces funciona bien y a la gente le gusta, porque respetas el patrimonio, pero es una solución contemporánea.

Algún ejemplo reciente…

Sí, como en la tienda de Chanel en Ámsterdam. Eso fue un diseño muy tradicional y podíamos cambiar una cosa, que fue el material –remplazamos ladrillos tradicionales por ladrillos de vidrio en la fachada–. El resto se mantuvo igual.  Fue un proyecto pequeño, pero por fortuna tuvimos un cliente arriesgado que nos dio todo su apoyo. Le apostó a nuestro experimento.

Tienda de Chanel en Ámsterdam.

Tienda de Chanel en Ámsterdam.

¿El trabajo de qué arquitecto admira o encuentra inspirador?

Es difícil…, creo que están pasando cosas maravillosas. Cuando era estudiante me impresionó mucho el trabajo de Jean Nouvel, y aún me impresiona ver cómo sigue activo. Pero no tengo uno favorito. Me gusta ver cómo todos continúan haciendo trabajos y propuestas interesantes.

Como conferencista y profesor, ¿qué consejo les da a los arquitectos que están empezando hoy?

Que es una gran profesión que permite pensar y resolver problemas de desarrollo urbano y arquitectura. No se trata solo de hacer un edificio, sino de cambiar la vida de la gente de manera positiva. Haciendo un buen proyecto, proponiendo una buena solución. Hay que mantener ese espíritu vivo, ser enérgico y siempre buscar la mejor solución. Que defiendan sus ideas y no tengan miedo.

¿Cuál diría que ha sido su mayor logro desde el punto de vista arquitectónico?

Creo que  nuestro trabajo es una colección de proyectos, es como un ramo de flores, no es solo uno, sino el conjunto. Uno lleva al otro. No creo que sea un gran logro individual, sino que tratamos de contribuir con proyectos que esperamos inspiren a la gente. Eso sería más que suficiente, proponer una solución que podría inspirar a alguien más.

¿Le gustaría trabajar en Colombia en el futuro?

Claro, sería interesante estar pendiente de cuando se presente la oportunidad de hacer algo. Me pareció que Colombia pasa por un momento positivo, se percibe que hay desarrollo en la economía y la mentalidad del país. Así que hay muchas cosas por comenzar y por cambiar. Existe una vibra positiva y creo que la arquitectura puede tener un papel fundamental en eso. Me llamó la atención la cantidad de proyectos interesantes que han desarrollado en los últimos años.

Pabellón de Holanda. Foto: ©Mónica Barreneche.

Pabellón de Holanda. Foto: ©Mónica Barreneche.

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