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La casa blanca

Totalmente aislada, esta vivienda de apariencia monolítica y arquitectura de líneas rectas busca desaparecer a medida que la persona la recorre para que la vista a las montañas sea protagonista.

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Al llegar a esta casa blanca de poca altura, concebida para pasar las vacaciones en Plettenberg Bay, Sudáfrica, su mayor atractivo permanece escondido. De hecho, la espectacular vista a los acantilados se oculta de manera intencional. Cuando el visitante cruza el prado elevado de hierbas ondulantes, la vivienda forma una especie de pantalla. Todo es parte de lo que su arquitecto, Christian van Aswegen, llama “una secuencia de espacios en desarrollo” o “tantra arquitectónico”, una progresión cuidadosamente coreografiada a medida que se entra en este hogar.

Desde la pradera, la persona pasa una piscina y baja unas escaleras hacia una terraza. “Entonces el entorno realmente desaparece porque estás rodeado de paredes blancas”, dice Van Aswegen. “La idea era tener una compresión del espacio, un cierre. Una vez que entras, puedes ver más allá, y a medida que avanzas hacia un deck, la vista se expande y te maravilla”.

La casa pertenece al inversionista británico nacido en Sudáfrica, Julian Treger, un conocido coleccionista de arte y diseño. “El paisaje cae 1.000 pies y estás sobre cuevas y pájaros. A veces te despiertas y el nivel de las nubes está por debajo de la casa”. No se ven construcciones hasta donde alcanza la vista, y los fynbos (la formación vegetal más extendida de la región del Cabo, en Sudáfrica) cubren los prados y los barrancos a medida que se desvanecen tras las capas de las montañas del parque nacional Tsitsikamma.

Cuando Treger llevó por primera vez al arquitecto, no había más que una construcción incompleta y abandonada. Había estado así por más de una década. “El lugar se encontraba invadido y cubierto por la vegetación”, explica Van Aswegen. Dada su ubicación, “fue natural construir sobre eso”, agrega el propietario.

“En lugar de tratar de luchar contra el lenguaje que ya se había establecido, buscamos mejorar sus cualidades”, recuerda el arquitecto sobre su diseño. “Inscribimos un rectángulo en toda la casa utilizando el frente de la estructura existente y trabajamos nuestro camino de regreso a la escarpa. El rectángulo se dividió en una serie de patios”.

La admirable restricción de la secuencia de llegada es tan intencional como el edificio. Por lo demás, parece desaparecer, o al menos servir como un telón de fondo neutral que optimiza la vista. “La estructura en sí no exige atención, por el contrario invita a mirar hacia el exterior”, dice Van Aswegen.

Su apariencia monolítica de líneas rectas sigue el ejemplo de la ruina original. Los espacios están unificados por su acabado blanco, y los suelos de pizarra dan cohesión y continuidad tanto al interior como al exterior. “Por un lado, crea un telón de fondo simple y elegante para la colección del propietario. Además, permite que la arquitectura desaparezca en el sentido de que el entorno se convierte en lo que realmente importa. La mirada se dirige hacia el cielo”.

El interior monástico, tipo galería, es perfecto para la colección de Treger, quien ha explorado una serie de temas en su elección y curaduría. Una de las tendencias que explora está ejemplificada en los muebles Chandigarh, de Pierre Jeanneret, primo de Charles-Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como el padre del modernismo, Le Corbusier.

Jeanneret reemplazó a Le Corbusier como arquitecto y diseñador urbano de Chandigarh, ciudad de la India impulsada por el primer ministro Jawaharlal Nehru (1889-1964) para el estado de Panyab, en los años cincuenta. El mobiliario que concibió era una combinación interesante de diseño rústico y moderno. Aquí se mezcla por un lado con cuero de vaca y por el otro con la elegancia de Willy Rizzo (fotógrafo y diseñador italiano). En algún lugar intermedio están las diversas formas geométricas de Paul Evans (escultor y diseñador estadounidense) y Harry Bertoia (artista y diseñador estadounidense nacido en Italia).

Por otra parte, su colección de arte explora un tema de particular interés para él: obras que revelan los vínculos entre Europa y África, principalmente de los años sesenta y setenta (por lo que también se adapta al estilo de la casa). Alrededor de la vivienda hay esculturas de la talla de Edoardo Villa, el artista italiano que se quedó en Sudáfrica después de haber sido capturado durante la Segunda Guerra Mundial y detenido como prisionero de guerra.

La casa en sí misma explora ideas similares a los muebles de Chandigarh en su insistencia en la belleza y el modernismo, pero al mismo tiempo ahonda en una completa autosuficiencia y adecuación a su entorno. “Fue una oportunidad para demostrar algo de lo que estoy muy convencido: la arquitectura sostenible nunca puede ser una excusa para no producir un edificio hermoso”, afirma Van Aswegen. La vivienda utiliza energía solar y almacena y recicla su propia agua, y aunque está completamente aislada en una zona rural, eso no le impide tener una tendencia moderna.

El carácter del edificio es manso y poderoso, “por la tranquilidad que viene con el lugar. Tal vez debido a su entorno y a su calidad monástica, mucha gente lo encuentra muy atractivo”. El arquitecto y el propietario buscaron enfatizar la sensación de paz y asombro que sintieron al visitar el sitio por primera vez. “Había algo sobre la calidad del plano horizontal y las hierbas ondulantes desde el primer día que llegamos, que parecía tan esencial para el lugar”, comenta Van Aswegen, quien cree que eso sigue siendo central en la experiencia de recorrerlo. Treger, por su parte, está de acuerdo en que tiene “una cualidad muy espiritual”.

 //revistaaxxis.com.co

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