La casa de sus sueños puede ser esta ubicada en el norte de Bogotá

Albergar amigos, familiares y darles un espacio a sus hobbies fue el proyecto de vida que una pareja materializó en esta vivienda de arquitectura minimalista y estética sobria y sencilla. 0

Cuando gran parte de la familia vive en el extranjero y no hay hijos en el hogar de una pareja, su espacio vital suele privilegiar el ocio: se vuelve cómplice de los hobbies y los placeres. Eso fue lo que ocurrió con los propietarios de esta casa en el norte de Bogotá, que después de 18 años en el exterior decidieron regresar a su terruño y construir la casa de sus sueños.

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¿Y cuáles eran? Invitar a huéspedes a sus anchas, tener un taller para oficios varios –limpiar y arreglar bicicletas, hacer trabajos de madera, dibujar y pulir carritos de colección, entre otros–, ver películas en una pantalla grande y al calor de una chimenea, tener un jardín con pasto para sus perros, darse un baño turco antes de dormir, tener una terraza para hacer una huerta orgánica, sentarse a la mesa con sus numerosos amigos y estar en medio de un barrio con las bondades de una nutrida oferta gastronómica y cultural y, simultáneamente, la tranquilidad para caminar y hacer ejercicio por sus corredores.

Tan pronto conocieron a fondo las potencialidades de las townhouses que una constructora proponía desarrollar, se dieron cuenta de que estas encajaban con su estilo de vida, y tenían la ventaja que podían ser personalizadas.

“Como entregan los cascarones, uno puede participar en absolutamente todo lo que pasa dentro: la distribución de las áreas, la determinación de los acabados y el diseño interior, y eso es muy gratificante porque puedes construir tu propio hábitat”, señala el propietario, para quien fue un doble reto por ser arquitecto de profesión. 

 

Él y su esposa determinaron la cantidad y la ubicación de las áreas: dos habitaciones –en vez de las tres o cuatro de las casas vecinas–, los cuatro baños, la sala-comedor-cocina como espacio integrado, el estudio anexo a la alcoba principal, el taller de oficios, el lounge donde está el home theater y el cuarto de huéspedes, la zona de lavandería y el dormitorio de servicio con su baño. También diseñaron los muebles y los cuadros, la mayoría hechos en el iPhone e impresos sobre lienzo.

Siempre tuvieron claro que la escalera que une los tres niveles –de un área construida de 400 metros cuadrados– no debía ser una mera zona de tránsito, sino una experiencia vital.

“Queríamos que circular por la escalera fuera un evento importante, no un simple ejercicio de subir y bajar”, afirma el dueño de casa. De ahí que la misma, que recorre verticalmente todo el centro del inmueble, tiene a su lado una gran estantería metálica con entrepaños de vidrio donde se lucen múltiples piezas: libros, lámparas, artesanías, esculturas, floreros, botellas y otros cachivaches; se trata de una llamativa vitrina que captura fácilmente la atención del visitante y obliga a hacer una parada para explorar todo ese conjunto de objetos que evidencian el recorrido de sus dueños por el mundo.

Arquitectónicamente, esta vivienda acoge características propias del minimalismo: formas geométricas básicas, líneas y ángulos rectos, espacios sencillos y amplios, adopción del blanco como color rector, funcionalidad y versatilidad de las áreas, alturas grandes y aprovechamiento máximo de la luz natural.

Interiormente, el diseño mantuvo las mismas premisas y adicionó otras: tonos neutros como el color arena, el café, el gris y el negro; materiales naturales como la madera, la piedra y el cuero; accesorios cuidadosamente seleccionados, y sobriedad en la composición de los elementos.

En medio de una estética moderna y sin pretensiones, hay dos detalles que conceden calidez y personalidad: las piezas del mobiliario con un acento vintage –principalmente el comedor– y las múltiples figuras de animales por toda la casa –búho, armadillo, oso hormiguero, pez, rinoceronte, pingüinos y perros, entre otros, delatan el amor de esta pareja por dichas especies–. Y como remate, un toque lúdico: un gran biombo de cristal cubierto con los héroes de la infancia: Tintín y Milú, cuyas aventuras siguen encantando a estos adultos soñadores.

 

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