La casa del Samán

María Arango, Diego Molina y un grupo de arquitectos colombianos han hecho del Taller de Diseño de Vivienda Aislada, de ONG&ONG, la plataforma de lanzamiento de proyectos admirados en diversos continentes. 0

Estudiaron arquitectura en la Universidad Javeriana de Bogotá, trabajaron en la oficina de Rafael Esguerra, Carlos Hernández y Giancarlo Mazzanti, y en 2001 se fueron a Singapur para vincularse en una de las firmas de arquitectura más importantes del sudeste asiático: ONG&ONG. Su talento para el tema residencial llevó a María Arango y a Diego Molina a crear, a mediados de 2004, el Taller de Diseño de Vivienda Residencial Aislada, el cual dirigen en la actualidad.

La Casa del Samán.

La piedra, la madera y el concreto revestido de blanco se combinan en una arquitectura que demuestra su claridad y sencillez formal.

Sus realizaciones, que incluyen casas de distintos formatos y tamaños e intervenciones en contextos residenciales de conservación histórica, ya son frecuentes nominados y ganadores de prestigiosos premios de arquitectura, diseño y conservación patrimonial tanto en Singapur como internacionalmente. María y Diego les han abierto las puertas a otros colombianos, como Tomás Jaramillo Valencia y Camilo Peláez Niño, para que expresen su talento en obras como la Casa del Samán, construida en un tranquilo entorno residencial de la fascinante ciudad-Estado del sudeste asiático.

Frente a un venerable samán, que ha estado presente desde los tiempos del Imperio británico y de la ocupación japonesa en la ciudad, se alza esta casa de líneas arraigadas en los fundamentos del diseño moderno, en la que destacan el concreto, la madera e impresionantes bloques de piedra que muestran la huella de los barrenos de corte en la cantera. Ubicada en un lote de 2.162 metros cuadrados, la construcción de 1.447 metros cuadrados, distribuidos en un sótano y dos niveles sobre el terreno, está rodeada de jardín por sus cuatro costados.

La Casa del Samán.

La ausencia de adornos y el manejo de los materiales de una arquitectura austera y mesurada borran las referencias de escala de la construcción, ambientada por el agua y la vegetación.

El diseño aprovecha un ligero desnivel de la topografía para descubrir sobre el jardín una fachada del sótano, donde están ubicados algunos servicios y espacios recreativos como una sala de cine y un cuarto de trofeos de caza. En el primer piso, frente a la piscina rodeada por un deck de madera, se encuentra la sala y tras un muro el comedor, la cocina y una alcoba de huéspedes. Una escalera central de caracol, una de servicio y un ascensor comunican con el segundo piso, ocupado por tres habitaciones y la alcoba principal, todas con baño y vestier independiente. Un estar familiar y dos estudios multiplican las opciones de descanso, diversión y trabajo en esta parte de la casa.

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De trazos limpios y sencillos, el diseño es absolutamente minucioso en la solución de los detalles y en el manejo de los materiales; la madera aparece en muebles, pisos, tramados y revestimientos de fachada, plataformas y cerramientos exteriores.La piedra masiva y texturada forma el muro, como de fortaleza, que separa la plazoleta de parqueo de las áreas sociales del primer piso y además marca la entrada, como a una caverna, del salón de trofeos en el sótano. Por último, la caja del segundo nivel se posa sobre los muros del inferior. Todo el esfuerzo creativo está dirigido a que la arquitectura exprese serenidad y luzca aérea, clara y asombrosamente sencilla.

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