La casa Pirramimma, una oda a la carpintería artesanal

La madera utilizada tanto en el interior como en el exterior de esta casa, fue reciclada y recuperada de un puente. Su dueño buscaba que esta vivienda en Australia lo reconectara con la naturaleza y la tranquilidad.

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Tokio, Hong Kong, Zúrich y Bangkok fueron las ciudades donde Matt Dillon, el propietario de esta casa, habitó durante treinta años. Podría decirse que pasó casi una vida entre grandes ciudades. “Son lugares fascinantes, llenos del ajetreo y el bullicio de la gente, de vistas y sonidos. Todo esto hace que sea mucho más especial estar en un lugar donde finalmente puedes ver hacia el cielo y observar las estrellas…, donde la soledad, la quietud y la tranquilidad de estar entre la naturaleza es palpable”.  Al regresar a Australia para una reunión familiar en 2006, Dillon encontró el Parque Nacional Montañas Azules –declarado en 2000 patrimonio de la humanidad por la Unesco–, donde un interés en las artes y la horticultura de toda la vida comenzaría a tomar forma.

Bajo el majestuoso toldo de los pinos Monterey, los cedros Himalaya y los metasecoya Redwoods, se asienta –a más de 800 metros sobre el nivel del mar y a 100 kilómetros de Sídney– este lugar llamado Pirramimma. La tranquilidad que transmite hace sentir que el tiempo se detiene y que se está a una enorme distancia de cualquier parte. Con su hermano menor John, y un equipo de arquitectos, ingenieros, paisajistas, artistas y artesanos, el propietario invirtió cuatro años en transformar una vivienda avejentada, un jardín cubierto de vegetación y los restos de una huerta de finales del siglo XIX en un hábitat para nutrir su pasión por el paisaje, la arquitectura y el arte. “Queríamos crear un santuario. Una casa a la medida y un jardín que acogiera todo: un lugar para involucrar los sentidos y la mente”, explica. 

En su diseño y ejecución, Pirramimma representa una colaboración entre cliente y constructor para conservar y nutrir el patrimonio de la propiedad. Las Montañas Azules proveen una rica fuente de descubrimiento e inspiración, desde la historia indígena precolonial de la región hasta las huellas de exploradores como Charles Darwin, quien las cruzó a caballo en 1836. Levantada sobre las capas históricas y culturales del lote, el paisajista y arquitecto Craig Burton trabajó como arqueólogo, y con los principios de la conservación, la interpretación y la adaptación, hábilmente transformó el desarticulado jardín preexistente, sin que perdiera su significado cultural.

La arquitectura

Con experiencia de trabajo en el paisaje local, el arquitecto australiano Peter Stutchbury fue el encargado de diseñar la nueva residencia. “Lo escogí porque tiene un gran entendimiento y compromiso en términos de conectar el proyecto con su entorno y con el carácter único de la geografía y el clima de la región. También una aproximación respetuosa y sofisticada hacia la cultura indígena del lugar”. Las directrices del propietario eran crear un hogar que se adaptara a sus alrededores y se conectara perfectamente con el jardín. Antes de poner lápiz sobre el papel, Stutchbury acampó durante la noche para obtener una apreciación más profunda de sus “cualidades de luz” y “líneas espirituales”.

Uno de los elementos claves del proyecto para tener un acercamiento responsable con el medio ambiente fue la madera. Este material, utilizado tanto en el exterior como en el interior, fue reciclado y recuperado de un puente en Redcliffe, Brisbane, Australia. “Cuando se construyó era el más largo hecho por el hombre en el hemisferio sur. Una vez fue un hermoso camino de árboles que proporcionó refugio y hábitat, luego sería talado y utilizado para el puente y ahora está aquí, en su tercera encarnación: un hogar. Vale la pena reflexionar sobre dónde podría terminar dentro de 300 años”. Un plano horizontal de tapia pisada define el límite oriental de la residencia, formalizando y dando forma al patio de entrada y el acceso. Esta estrategia lineal crea ambientes alargados, exteriores e interiores, que celebran la belleza del paisaje y proporcionan espacios de “pausa”.

Aprovechando la plataforma original del edificio, los niveles del suelo y los claros entre los árboles, el techo de zinc vertical de la casa, retorcido y afilado, es un singular objeto escultórico que encuentra afinidad con los altos árboles y ofrece una amplia entrada para el sol de invierno y una fuerte relación espacial y experiencial con el jardín circundante. “El extremo norte de la vivienda es una gran abertura. Se puede levantar la ventana utilizando una rueda de hierro fundido y una serie de poleas para relacionar completamente la estructura con el exterior”.

Su interiorismo

Cerámicas hechas por el maestro alfarero inglés Peter Rushforth y pinturas de los artistas australianos Leonard French y Arthur Boyd, del español Miguel Macaya y del surcoreano Yoon Giwon son exhibidas en la casa junto a un mural de vidrio de la artista australiana Lisa Cahill y a una serie de piezas de carpintería a la medida. Igualmente, el mobiliario fue hecho a la medida o escogido para encajar a la perfección en el lenguaje de la casa. El interés del dueño por el diseño mid-century es explorado a través de clásicos como las lámparas del diseñador francés Serge Mouille y los muebles del arquitecto danés Hans Wegner, y en algunas piezas más raras del arquitecto danés Finn Juhl. “Fui muy cuidadoso en elegir el objeto indicado para cada lugar”.

La imaginación puede encontrarse dondequiera que se mire. Por ejemplo, en la sala de música y en la biblioteca, un estante de revistas hecho especialmente, utiliza asas magnéticas para asegurar y mostrar las ediciones actuales de cada revista, y en el dormitorio principal la cama cuenta con una mesa lateral plegable integrada. “Toda la casa encaja en la vida del propietario como un traje hecho a la medida”, dice entusiasmado el carpintero principal del proyecto, Jeffrey Broadfield.

Mientras que el programa filantrópico de Pirramimma continúa desarrollándose, tanto Matt como John dan crédito a la unión de innovación, artesanía y un notable equipo de trabajo. “Todos ellos podían ver el mérito de crear algo único que resistiría la prueba del tiempo. El impulso de la construcción los motivó y todos estaban ansiosos de hacerlo lo mejor posible”, comenta el hermano del propietario. Con una casa de té japonesa contemporánea terminada, el dueño está cultivando árboles frutales, incluyendo los favoritos de su niñez como almendras, higos y grosellas; además, tiene pollos y un colmenar para perseguir su amor por la miel local.

Basándose en el impacto creativo que Pirramimma ha tenido en todos los que han trabajado allí, artistas, escritores y horticultores serán invitados para desarrollar su arte entre los árboles. “Siempre ha sido mi visión usarla como una inspiración y un escenario para la creatividad artística en muchos y variados campos. Un lugar donde se puede reflexionar sobre la vida, explorar los intereses actuales y desarrollar nuevos”, concluye.

//revistaaxxis.com.co

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