La casa Pucha de Anita Calero

Esta casa, ubicada en las cercanías de Cali, se caracteriza por su diseño oriental, su calidez y su capacidad para mimetizarse con la naturaleza. 0

Anita Calero tomó el proyecto en sus manos. Ella, reconocida fotógrafa con residencia en Nueva York, buscaba ese rincón en su tierra natal donde pudiera descansar, desconectarse de la rutina y estar rodeada de naturaleza. En una montaña, a solo diez minutos de Cali, encontró el lugar ideal para construir una casa de dos niveles, con techos altos y una clara influencia oriental. La entrada principal conduce al segundo nivel, donde están una cocina amplia y abierta, la sala comedor, la habitación principal y el deck; en el primer piso, el cuarto y baño de huéspedes, y un estudio.

La Casa Pucha de Anita Calero.

El sofá y las dos sillas de la sala son un diseño sueco de los años cincuenta; el comedor es de George Nakashima. La biblioteca del fondo se construyó con pedazos de madera rústica. Sobre esta hay un óleo de Pucha, la perrita de la dueña, un pastel de 1800 comprado en un anticuario de Nueva York, un Revox suizo de los años sesenta y libros de arquitectura y fotografía.

Sin tener ninguna referencia en la cabeza, Calero escogió madera achapo para la fachada, grandes baldosas de cemento para el piso y una pintura negra para intemperie que, según explica, ayuda a esconder la casa en la naturaleza, a darle intimidad, cierto ritmo y sobrio colorido al lugar. Quiso que en el área interna, que tiene 130 metros cuadrados y cinco metros de altura, todo quedara cerca. Por eso diseñó múltiples puertas que permiten el acceso a la vivienda desde la cocina, las habitaciones, la sala o el deck.

La Casa Pucha de Anita Calero.

El piso está hecho con grandes baldosas de cemento con marmolina y piedra negra de río. El espacio es abierto y juega, como el resto de la casa, con muebles de madera pintados de negro. Sobresale el particular diseño del filtro de agua Ovo, hecho en Canadá de cerámica blanca, una lámpara Jielde de estilo industrial y una caneca de los años cincuenta comprada en un anticuario. La foto de un loto de agua fue tomada en 1992 por Anita Calero.

Las ventanas van desde el techo hasta el piso, con unas delicadas cortinas de madera, para enfatizar la entrada de luz y hacer casi invisible esa línea que divide el interior del exterior. De esa manera logró resaltar la conexión con la naturaleza. “Nunca me guío por los parámetros que normalmente la gente tiene en la cabeza a la hora de hacer una casa, mi estilo es muy personal. Hago lo que le atrae a mi ojo”, dice Calero, quien decidió llamar a su hogar Casa Pucha en honor a una perra criolla que la acompaña desde hace varios años.

Gran parte de la vida social se desarrolla en un deck hecho con madera abarco, el cual es una extensión más de la casa y está enmarcado por sencillas barandas de metal pintadas de negro. El espacio, decorado con muebles de los años cuarenta y una mesa española de aluminio y teca, es donde Anita suele desayunar o recibir visitas para disfrutar la agradable brisa de la tarde caleña. Para el piso de toda la casa usó tabletas de gran formato de cemento con marmolina y piedra negra de río, las cuales aportan frescura y profundidad al lugar. “Mientras menos divisiones tengan las baldosas, mejor recorrido tiene el ojo y más amplitud gana el lugar”, asegura Calero. La cocina también es abierta y se integra con la zona social. El espacio juega, como el resto de la vivienda, con muebles de madera pintados de negro que aportan elegancia y se relacionan armónicamente con el estilo de la propiedad.

La Casa Pucha de Anita Calero.

El lavamanos, de madera ash, es italiano. La lámpara naranja es un diseño danés de los años cincuenta. El marco de plata del espejo lo hicieron en Nueva York.

La propuesta decorativa es un reflejo del espíritu libre y arriesgado de Calero, quien se inclinó por muebles de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, que tienen líneas sencillas y orgánicas, y por objetos de distintas épocas y estilos. Algunos son heredados y otros fueron comprados en anticuarios y mercados de las pulgas de varias ciudades.

En la casa hay un interesante diálogo entre objetos de diferentes culturas: tapetes nepaleses, lámparas alemanas e italianas de carácter industrial, muebles suecos y daneses, jarrones chinos, lámparas rusas y cuadros de los siglos XIX y XX. También destacan piezas clásicas del diseño, como la mesa del comedor y las sillas, de George Nakashima, y algunos más modernos, como la lámpara-jaula de la sala, del francés Mathieu Challières, y el filtro de agua Ovo. Esta casa logró su cometido: convertirse en un hogar cálido y tranquilo donde su dueña puede disfrutar de las ventajas de vivir rodeada de objetos con historia y del generoso resguardo de la naturaleza.

La Casa Pucha de Anita Calero.

Las camas pertenecían a la propietaria desde niña. Las cabeceras, originalmente redondas, se cortaron en forma de cuadrado para hacerlas más sobrias. El tendido es
un lino francés de 1920, que antiguamente se utilizó como sábana. Sobre la pared hay un antiguo tablero, una foto de María Robledo y una obra de Jody Morlock.

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