La nueva casa de descanso del diseñador Tommy Hilfiger

Esta mansión construida en 1939, en Greenwich, Connecticut, es la nueva casa de descanso del diseñador estadounidense Tommy Hilfiger y su esposa, Dee. La decoración, inspirada en los años treinta del siglo pasado, es una mezcla de estilos e ideas, que resultan en contrastes llamativos e inesperados.

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El diseñador Tommy Hilfiger y su esposa, Dee, se refieren a ella como Montaña Redonda. Localizada a 35 millas (56 kilómetros) al norte de Nueva York, la mansión está asentada en 24 pintorescos acres (97.125 m2), en el punto más alto de Greenwich, Connecticut. Una de las cosas que más le llamó la atención a la pareja fue el gran sentido de comunidad que hay en la localidad, además de la cercanía con Manhattan, donde residen. Pequeñas boutiques y restaurantes familiares flanquean la calle principal, y se mezclan con los coloridos toldos y los vecinos saludando. Es como un pueblo de un cuento de hadas.

La propiedad, construida en 1939, tiene una historia tan colorida como el rojo, azul y blanco, insignias de la firma Tommy Hilfiger. Fue diseñada por el premiado arquitecto Greville Rickard (quien estudió en el Beaux-Arts Institute of Design y se graduó en 1912 como arquitecto del Yale School of Architecture) para el magnate de bienes raíces Charles Vincent Paterno (1876-1946), por lo que antes se conocía como Château Paterno.

Uno de los detalles más curiosos e interesantes de la mansión es que el arquitecto se inmortalizó junto con el constructor en uno de los vitrales. A Hilfiger le gusta pensar que el dúo mantuvo un ojo vigilante cuando las restauraciones estaban en proceso. En 1961, la propiedad fue vendida al renombrado coleccionista de arte Joseph Hirshhorn (1899-1981), quien aprovechó sus generosas áreas para exhibir su extensa compilación de pinturas y esculturas de los siglos XIX y XX, las cuales están en la actualidad en el museo que fundó en Washington.

Los Hilfiger la compraron en 2010 y comenzaron de inmediato las adecuaciones. Su objetivo era claro: lograr una confortable casa de campo inglesa con detalles franceses. Lo que no esperaban era el gratificante viaje en el que el proyecto los embarcó. “Como diseñadores, Dee y yo amamos las colaboraciones y tuvimos la oportunidad de trabajar con un equipo increíble”, conformado por el arquitecto Andre Tchelistcheff y el constructor Jim Xhema; la firma de interiorismo radicada en Greenwich, Rinfret Ltd., y el interiorista inglés Martyn Lawrence Bullard, encargados de la decoración; y, finalmente, la paisajista Miranda Brooks, el horticultor Phillip Watson y el albañil Bobby Hilfiger, responsables de los jardines y los exteriores.

Cuando se trata de inspiración, la pareja se basa en su propia experiencia. “Tenemos la fortuna de haber viajado mucho”, comenta Hilfiger. “Hemos aprendido a respetar y apreciar otras culturas, y esta casa fue una oportunidad para rendir homenaje y enriquecer la propuesta con todo lo que hemos aprendido en nuestras travesías”. La estructura ha visto numerosas remodelaciones (incluido un desventurado intento de llevarla al modernismo danés), pero afortunadamente nunca se salieron de los planos originales. Para el arquitecto Tchelistcheff esto significó tener gran sensibilidad y recurrir a una extensa investigación para preservar la herencia de la vivienda y adaptarla a una familia moderna. Para los diseñadores de interiores, el punto natural de inicio fue remitirse a 1930, cuando fue construida. El aficionado a la historia recordará que esa década fue un momento en el que los ricos estadounidenses viajaban a Europa y traían una variedad de ideas, estilos y decoraciones contrastantes. Este hogar no fue la excepción.

El contraste parece ser una marca de Hilfiger y está presente en esta vivienda. Por ejemplo, la propiedad en sí se levanta en lo que el diseñador llama “the backcountry”. Desde su oficina, metido en el tercer piso de una tranquila y romántica torre cubierta de hiedra, puede vislumbrar las luces de la ciudad que brillan a lo lejos. A su vez, la cocina y el cuarto para desayunar son el corazón del hogar. Estos espacios contiguos son completamente nuevos y están dotados con aparatos y amenidades de vanguardia en medio de un ambiente de corte clásico. No obstante, no es fácil descubrir que estas habitaciones no siempre han estado allí. El equilibrio constituye el mayor reto y la mejor recompensa.

Siendo un coleccionista apasionado de arte y antigüedades, en toda la propiedad hay objetos sobresalientes. Still Life with a Hare, de Bernard DeBridat, ocupa un lugar destacado junto a los trofeos de caza Black Forest. En el comedor, la mesa del siglo XIX está puesta con platos vintage de la firma Royal Doulton y cubiertos de plata de Tiffany. El cuarto de desayuno tiene un tapete que perteneció a los duques de Windsor. Asimismo, hay muchas piezas de porcelana concernientes a los períodos de las dinastías Ming y Qing.

El cuarto de entretenimiento está inspirado en la herencia turca de la esposa de Hilfiger. Es bastante popular entre la familia, tanto por su valor de diversión como por la generosa otomana diseñada por el interiorista inglés Martyn Lawrence Bullard, que recuerda el palacio de un pachá en Estambul. En la habitación de Sebastián, el hijo de ocho años de la pareja, una gigantesca jirafa del aclamado fabricante de juguetes Steiff mantiene un ojo vigilante a la hora de dormir.

Los espacios exteriores son tan impresionantes como los interiores. La paisajista Miranda Brooks creó diversas experiencias. Imaginó a Tommy y Dee caminando por el relajante jardín de agua después de la cena, pícnics familiares y partidos de fútbol americano en el gran césped, y a Harley, la nieta del diseñador, jugando a las escondidas. “Hizo un excelente trabajo al recuperar el jardín a lo que pudo ser cuando la casa fue construida”, afirma Dee.

Después de casi seis años, el proyecto está finalizado y para la familia Hilfiger el resultado excedió sus expectativas. Por toda su estética artística y ornamental, esta mansión es cálida y acogedora, pero en especial un lugar que será disfrutado por las generaciones venideras. 

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