La nueva Clínica de Marly en Chía

En un lote de cinco hectáreas, los pacientes logran aislarse de su vida diaria y conectarse con la naturaleza: dos factores determinantes, además de los especialistas y su completa dotación, para recuperar la salud. 0

Ubicada al norte de Bogotá, en el municipio de Chía, la Clínica de Marly Jorge Cavelier Gaviria disfruta de un contexto excepcional, rodeada del verde de la sabana, de la vista a sus montañas y de la presencia del aire, el sol y la naturaleza. “Su planteamiento arquitectónico busca promover una relación íntima con sus alrededores, una clínica tranquila y aislada”, comenta el arquitecto Manuel Ricardo Orozco, coordinador del proyecto para la firma Cuéllar Serrano Gómez, que estuvo a cargo tanto del diseño como de la construcción.

El entorno suburbano, la constante presencia de la naturaleza y la intención de ofrecer servicios de salud de alta calidad para la población fueron determinantes a la hora de diseñar el proyecto. El lote, con una extensión cercana a las cinco hectáreas, permite un aislamiento considerable frente al tejido urbano circundante y crea un ambiente tranquilo y reposado, desconectado de las actividades de la ciudad. El programa arquitectónico, que se perfeccionó durante el proceso de diseño, forma parte de un desarrollo por etapas. La primera, ya concluida, cuenta con servicios de atención prioritaria, imágenes diagnósticas, laboratorio clínico, salas de cirugía y de partos, atención al recién nacido, unidad de cuidados intensivos, gastroenterología, cardiología, neumología, terapia física y hospitalización, entre otros.

Su diseño plantea un basamento continuo, cuyas formas sinuosas, alturas generosas y grandes superficies vidriadas le permiten al visitante recorrer el espacio común de manera fácil y cómoda, además de percibir permanentemente la presencia de la vegetación circundante. Sus pérgolas de acceso están hechas a partir de una estructura metálica elaborada por la empresa Performas-Construcciones Metálicas, y el sistema constructivo escogido para ellas, conformado por elementos prefabricados de tubería estructural con conexiones pernadas, crea pronunciados voladizos, de alrededor de 4 metros de extensión, y acelera los tiempos de montaje.

De igual manera, para no sacrificar las zonas verdes en la planta de acceso, ubicaron en un nivel de semisótano “parqueaderos, servicios e instalaciones mecánicas”. Así privilegian la relación del paciente o el visitante con su entorno y evitan la concentración de carros frente a las áreas de estar.

Sobre el basamento sobresalen dos construcciones, de cinco pisos cada una, que albergan habitaciones y consultorios de manera diferenciada. La envolvente de estos volúmenes está construida a partir de un sistema de fachada ventilada, creada por medio de paneles cerámicos NBK de la multinacional Hunter Douglas. “El color escogido para la fachada, claro y tranquilo, complementa el entorno natural mientras dialoga con las construcciones cercanas de Santa Ana de Chía”. Sus especificaciones técnicas permiten aislar el edificio del exterior de manera adecuada y garantizan confort térmico al interior de los espacios.

Con el fin de hacerles frente a los cambios drásticos de temperatura que ocurren en la sabana, los cuales pueden llegar a variar de cero a veinte grados centígrados en un solo día, implementaron, además de la fachada ventilada cerámica, una estrategia de suelos radiantes en los espacios interiores y un sistema de cubiertas en los techos superiores Sandwich Deck tipo C –con control térmico y acústico– de Hunter Douglas, combinado con cubiertas verdes sobre el basamento, que no solo aíslan el interior del exterior sino que se ofrecen como parte del paisaje para los habitantes del edificio.

En la misma línea, para garantizar una operación sostenible que aproveche los recursos naturales de manera eficiente mientras concede espacios sanos al interior, plantearon ventanas con películas de control solar y un diseño arquitectónico que privilegia el acceso de luz y ventilación a los ambientes, a partir de ventanas operables, tragaluces y marquesinas. Para las áreas especializadas, que requieren un manejo más estricto de temperaturas y calidades del aire, pusieron en funcionamiento sistemas controlados de iluminación y ventilación mecánica. En términos materiales, los interiores del edificio son claros, limpios, durables y de fácil mantenimiento; sin embargo, apuestan por generar espacios acogedores a partir de sus tonos cálidos y reminiscencias de la madera. En las zonas comunes, salas de espera y pasillos emplearon paneles acústicos Topakustik, proveídos por la empresa Acústicos y Livianos, que disminuyen los niveles de ruido y otorgan sensaciones de tranquilidad y confort. Y en cuanto a superficies de trabajo, mobiliario de habitaciones y muebles de enfermería contaron con Formica, de la compañía Lamitech.

La luz y la ventilación natural, una relación íntima con el paisaje y una materialidad práctica y duradera –y a la vez cálida y confortable– son las herramientas de la Clínica de Marly Jorge Cavelier Gaviria para ofrecer a sus pacientes una experiencia verde, tranquila y amable, aislada y desconectada de la ciudad.

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