La nueva sede de la Cámara de Comercio de Medellín

Propone una arquitectura horizontal para tener una escala mesurada y separar en dos edificios las funciones públicas de las privadas. 0

La nueva sede empresarial de la Cámara de Comercio de Medellín aparece sobre la avenida El Poblado como un par de prismas lineales, apilados uno encima de otro.

Diseñada por la firma AIA, bajo la dirección de los arquitectos Gabriel Arango y Sergio Gallón, en asocio con Javier Vera Arquitectos en la etapa de desarrollo arquitectónico, esta construcción, emplazada en un lote alargado con orientación en sentido norte-sur, configura un paramento claro sobre la vía.

Su obra civil estuvo a cargo de la Constructora Conconcreto, que implementó novedosos procesos para mejorar el rendimiento –como el uso de dispositivos para detectar el tiempo del personal de obra en zonas productivas–; la firma Intervé participó en la planeación, realización de concursos –tanto arquitectónicos como de arte– e interventoría.

En este diseño, la esquina sur se libera con un espacio público escalonado en el cual se puede disfrutar de eventos al aire libre junto a una escultura del artista plástico barranquillero Nadir Figueroa, que como dos monolitos de concreto salpicados con puntos luminosos nos recuerda la imagen nocturna de la ciudad. Contigua a esta plazoleta, una sala de exposiciones con acceso independiente remata el volumen del edificio.

Renunciar a la idea de una torre alta –estrategia comúnmente utilizada por instituciones– en favor de una arquitectura horizontal, le permite al proyecto tener una escala urbana mesurada que establece desde muchos de sus pisos una relación directa con los árboles circundantes, mientras mantiene una proporción amable con el peatón. A manera de torre acostada, el edificio se dispone en su entorno de forma apaisada, con la totalidad de sus dependencias y espacios iluminados naturalmente desde las fachadas.

El cuerpo inferior, con dos niveles de altura y una cubierta habitable, alberga todas las áreas abiertas a los ciudadanos, como taquillas de atención al público, salas para reuniones y un auditorio con capacidad para 600 personas. La terraza para eventos funciona a cielo abierto y goza de jardines diseñados por la empresa Arbórea, con especies dotadas e implementadas por Acción Flora S.A.S. A su vez, el revestimiento de vidrio está cubierto con una lámina flotante microperforada sobre la que se recortan vanos rectangulares que dibujan ventanas corridas en la fachada.

Al acceder al complejo, un gran lobby de doble altura recibe a los visitantes; sus paredes enchapadas en madera, estructuras de concreto a la vista y muros cortina acristalados sirven de telón de fondo para una singular obra del artista antioqueño Danilo Cuadros.

Un segundo volumen horizontal, con cuatro pisos de altura y una longitud menor que la del basamento, se posa sobre la terraza y alberga las oficinas. Los últimos dos niveles están destinados a la implementación de usos futuros. Sus fachadas de vidrio de baja emisión con serigrafías protegen los espacios de trabajo de la radiación solar, mientras reflejan en su superficie exterior el contexto urbano en el que se inserta el edificio. Diseñado según los estándares de la certificación LEED, el proyecto busca eficiencia climática desde sus materiales y sistemas para minimizar el impacto ambiental de su construcción y su uso.

El diseño interior, también a cargo de AIA, fue liderado por la arquitecta Lina Rodríguez. La apuesta por una atmósfera sobria e institucional se implementa con materiales como la piedra, el concreto expuesto y una gama cromática de tonos grises, maderas, blanco y negro. Además, cuenta con una serie de paneles móviles de la compañía Ducon para subdividir los espacios y, así, admitir exhibiciones itinerantes.

Por su parte, el mobiliario de los puestos de trabajo y el piso vinílico de la firma Bolon fueron provistos por la compañía Spazio W, mientras la empresa Acústicos y Livianos –junto con Fantoni Group y Fiberglass Colombia– fue la encargada de los elementos requeridos –empleados en cielorrasos y enchapes de muros– para un buen funcionamiento acústico del espacio. En cada piso, un corredor central que ofrece salas de espera amobladas con poltronas y sofás de la marca Zientte, así como ambientes abiertos dotados con obras de arte, comunica todas las estancias privadas y las zonas de servicio. Se trata de un interior controlado con una expresión que alude al mundo del trabajo de oficina, de lugares neutros que permiten largos periodos de permanencia.

Mediar entre el carácter privado que suelen tener los edificios institucionales y la responsabilidad urbana inherente a cualquier edificación de área considerable nunca es sencillo. La nueva sede de la Cámara de Comercio de Medellín propone una arquitectura horizontal que acompaña la vida de la calle. Separa las funciones públicas de las privadas en dos edificios para luego conectarlos mediante un jardín aéreo y le regala al barrio una plaza esquinera. Esconde sus niveles de parqueadero bajo tierra para minimizar su presencia y resuelve un gran antejardín arborizado. Estas estrategias, que buscan un equilibrio entre ciudad y espacio corporativo, entre quienes habitan el proyecto y los transeúntes, configuran un escenario interior sin olvidar el ámbito comunitario.

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