La remodelación de esta posada de 1835 resaltó su valor histórico

La reciente intervención en esta posada de Austria, que data de 1835, no imita un estilo sino que pone en evidencia la respetuosa mezcla de dos arquitecturas. Es una obra que cuenta su pasado para instalarse en el presente. 0

La posada de Auwirt fue construida en 1835, en la localidad austriaca de Aurach. No obstante, con el paso de los años fue intervenida en múltiples ocasiones, lo que contribuyó al desgaste de su arquitectura y su sistema estructural. Recientemente la reformaron una vez más, pero en esta oportunidad para recuperar parte de su estado original y anexarle un área nueva de servicios y zonas comunes. El estudio local Steiner Architecture fue el encargado de diseñar esta modificación en la que se conjugan dos momentos arquitectónicos.

El comedor está ubicado de forma que permite disfrutar del paisaje urbano y del río, gracias a los ventanales de piso a techo en las fachadas de la nueva construcción.


 

La intervención consistió en aprovechar parte del área libre del lote para construir un basamento que bordea parcialmente el edificio antiguo. Este nuevo volumen aparece como un cuerpo de dos niveles, adaptado a la pendiente del terreno y construido en paneles de concreto gris vaciado. En el lado suroriental, su fachada se abre con ventanales orientados hacia el río Jochberger Ache, que baña uno de los costados del lote. Todo esto se complementa con la adecuación de algunos interiores de la construcción original, para generar un sentido de fluidez entre lo viejo y lo nuevo al tiempo que enfatiza su contraste. La planta baja se destina a las zonas de almacenamiento, mientras el segundo nivel contiene una cocina y un restaurante, para terminar con los dos últimos pisos de habitaciones en la parte preexistente.

En el interior de la parte nueva predominan el concreto a la vista y la madera. El piso y los cielos de roble del restaurante refuerzan la proporción horizontal y aportan a la calidez cromática del espacio. La presencia del mobiliario pasa a un segundo plano con respecto a las texturas de los materiales. De igual manera, el diseño de iluminación busca adecuarse a la disposición de las mesas con lámparas sencillas que no destacan visualmente. Una serie de cortinas con estampados de colores se utiliza para controlar el sol en las ventanas y también, en ocasiones, para separar áreas.

Este es un caso en el que reformar lo antiguo no implica la negación a lo nuevo. El resultado es un proyecto en el que se mezcla la arquitectura tradicional de la región con materiales y cualidades propias de la manera como se construye hoy. Aquí no buscan imitar un estilo sino, más bien, poner en evidencia la operación en cuestión, la unión de dos arquitecturas, separadas casi doscientos años en el tiempo, para generar una obra que da cuenta de su pasado, pero que también se instala en el presente.

El ejercicio de restauración del inmueble propone la construcción de un nuevo edificio adosado y, con esto, reinventa la espacialidad de la antigua posada.


 

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