Moderno y sobrio

Diseñado con la intención de ser un espacio funcional para los días entre semana, este apartamento en Bogotá tiene un carácter moderno y sobrio, logrado en gran parte por el mobiliario de diferentes épocas y una paleta de color oscura.

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Muchos sueñan con tener una casa de campo, pero los propietarios de este espacio buscaban lo contrario: un apartamento de ciudad. Su residencia principal está ubicada en un municipio circundante a la capital, una vivienda que hace parte de un conjunto, rodeada de vegetación, lagos y amplias áreas de esparcimiento y relajación.

Sin embargo, las actividades de esta joven pareja de ejecutivos los impulsaron a buscar un hogar en el corazón de Bogotá. La distancia que debían recorrer a diario en medio de pesados trancones, así como la necesidad de estar cerca de lugares de atención y cuidado para sus hijos pequeños y de cumplir horarios de trabajo exigentes, fueron los detonantes que cambiaron su panorama de vida durante la semana.

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“Vivir en el campo tiene unas ventajas inigualables, pero definitivamente mi esposo y yo queríamos aprovechar más el tiempo con nuestros hijos en vez de desperdiciarlo en los desplazamientos diarios”, asegura la propietaria. Con eso en mente, buscaron un lugar cerca de su oficina. Lo encontraron a solo dos cuadras de distancia. Se trata de un apartamento ubicado al norte de la ciudad, en el sexto nivel de un edificio recientemente construido.

Dado que es una vivienda alterna, la premisa sobre la que se cimentó su adecuación fue la funcionalidad, tanto de áreas como de objetos. Así, cada miembro de la familia tiene su espacio, además de los sociales. Los objetos que componen la casa han sido en parte heredados, regalados o refaccionados para servir a las necesidades del día a día.

A lo largo de 200 metros cuadrados de construcción –y 50 adicionales de terraza y balcones– se distribuyen sala-comedor, cocina, salita de estar, tres habitaciones, cinco baños, zona de lavandería y la alcoba de servicio. En la arquitectura interior sobresalen: una cubierta más alta del promedio (2,60 metros), pisos de madera holandesa multiestructurada, carpintería de chapilla de nogal mallado y acabado de poliuretano blanco mate en algunas partes, ventanales de piso a techo y una zona exterior que contornea buena parte del área interna.

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En medio de esa arquitectura de vanguardia se desarrolla una decoración liderada por María Andrea Vernaza y Andrea Álvarez que impone un carácter moderno, sobrio y, ante todo, metropolitano. El mobiliario acoge piezas de líneas rectas –de estilo minimalista– y elementos vintage y hasta rústicos. Los dueños de casa deseaban contrarrestar su hábitat campestre de fin de semana con un ambiente de acento urbano para disfrutarlo de lunes a viernes. “Queríamos tener ese toque urbano, pero traernos un poquito del verde del campo”, señala la propietaria. De ahí la insistencia de tener terraza y balcones en los que se pudieran acondicionar muros vegetales que aportaran vitalidad y concedieran privacidad, en un entorno tupido de edificios.

La propuesta cromática también se pliega a esa intención. Los colores predominantes son negro, café, beige, gris y blanco. Esta paleta neutra genera una sensación de tranquilidad y hace que el verde del jardín cobre protagonismo. Adicionalmente, en distintas zonas hay, a modo decorativo, vegetación seca que convoca lo que para esta pareja es un privilegio que no tiene precio: vivir la naturaleza.

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