Monocromía y serenidad

Sin derribar un solo muro, este apartamento en Bogotá fue totalmente remodelado por medio de un interiorismo que genera una atmósfera sosegada para una pareja adulta. 0

Reformar una vivienda es una operación de cuidado y un pequeño acto de fe. Para hacerlo es necesario tener la capacidad de ver, no lo que hay, sino lo que puede haber. Se tiene que ser optimista. Se trata de una forma de intervención que reutiliza lo existente y lo pone a favor de lo posible, para ajustarlo a nuevas exigencias, necesidades o deseos.

La remodelación es, quizá, una de las actividades más comunes en el mundo del diseño arquitectónico; por cada apartamento que sale al mercado hay cientos que se transforman. Desde la pintura de un muro hasta la reconstrucción total de un interior, al rediseñar modificamos el hábitat para que responda a los cambios de nuestra vida. Puede incluir una arquitectura del reciclaje espacial, una actualización de lo obsoleto y también, a menudo, ser una buena inversión.

Este apartamento, ubicado en los cerros orientales de Bogotá, es un caso en el que el ejercicio de transformación del espacio se hizo como un trabajo de diseño interior y decoración. Sin hacer demoliciones o cambios significativos en la obra civil del inmueble, el proyecto, diseñado por el interiorista Camilo Sighinolfi, recurre al mobiliario, a obras de arte, a cortinas, a tapetes y al uso del color para lograr una atmósfera sosegada donde se desenvuelve la vida de una pareja adulta.

El encargo consistía en renovar completamente el ambiente de este hogar de gran área, con el fin de ajustarse al ritmo tranquilo y hogareño de sus propietarios. Debía definirse como un lugar cómodo en el que, además, se pudieran reunir con sus hijos y nietos.

A primera vista llama la atención la monocromía. La decisión de homogeneizar los tonos de los muebles con la pintura de las paredes contribuye a generar una calidad espacial que fomenta el descanso y la relajación. Los matices tierra y la ausencia de contrastes fuertes de color son los elementos estructurantes y unificadores del proyecto a escala visual. El color aquí es un material de constitución del espacio. El diseño de la iluminación, hecho de la mano con la compañía Delta Light, es otro determinante. El uso recurrente de luminarias indirectas escondidas en los cielos falsos, complementadas con otras directas, genera una luz cálida, equilibrada, funcional y uniforme.

La selección de los muebles privilegia diseños de líneas sencillas. Sofás, mesas, alfombras y sillas proveen al apartamento de superficies blandas que sugieren confort. Cada estancia está concebida para la permanencia y el disfrute del espacio doméstico. La empresa española de decoración Gunni & Trentino se encargó de proveer el mobiliario europeo para el proyecto, con marcas como Casa Milano, Fendi y Poltrona Frau, entre otras. El piso de madera natural a poro abierto, rescatado de la vivienda original, recorre los ambientes y proporciona un fondo constante para los objetos.

Otro punto relevante es el arte. En este aspecto contaron con Luis Guillermo Moreno, de la Galería LGM, como curador. Piezas de artistas de la talla de Enrique Grau, Fernando Botero y Hugo Zapata habitan los muros y rincones del apartamento, junto con una del español Salvador Dalí, que acompaña a los clientes desde hace años. Un paisaje interior de obras de gran valor decora cada ambiente, siempre hay algo que mirar y apreciar al recorrer las múltiples habitaciones de este hogar.

Muchas veces, transformar un lugar implica una serie de cambios significativos… hacer demoliciones y construcciones, redistribuir redes hidrosanitarias y eléctricas o, incluso, modificar los elementos estructurales de soporte. Aquí, por el contrario, hay una operación en la que el espacio se viste. El cuerpo físico de sus muros permanece, la configuración espacial se conserva. Pero se dotan y se cualifican con los objetos y las superficies cuidadosamente dispuestas.

La arquitectura no siempre se fabrica con ladrillos, muchas veces se hace con las cosas que están más a la mano: una mesita en una esquina, las sillas de una terraza, un aparador, el color de la luz, un espejo. Este proyecto de Camilo Sighinolfi gestiona las cosas con las que interactuamos todos los días y construye un mundo interior, un espacio doméstico donde gobierna la serenidad.

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