Monolito tropical

Los contrastes son la esencia de esta casa ubicada en Johannesburgo, Sudáfrica. Una de sus caras es rústica y aislada, mientras la otra es liviana y abierta a la piscina y al jardín.

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Esta casa en Hyde Park, suburbio de Johannesburgo, Sudáfrica, comienza con un misterio. Desde la entrada parece un monolito de hormigón alto, casi sin rasgos. Solo sobresale una gran puerta pivotante de acero, de aspecto mecánico y de 3,8 metros de altura. La vivienda, a primera vista, podría considerarse como un fuerte impenetrable que no está dispuesto a revelar lo que pasa en su interior.

Pero esta propuesta tiene otra dimensión: una suavidad que se percibe cuanto más tiempo el espectador la mira. El piso de la entrada está entrecruzado con una rejilla de estrechas hileras de hierba y la parte superior de la fachada de concreto está bordeada con una fila de plantas que se disipa en el cielo, por lo que su aspecto monocromático adquiere un poco de color.

El arquitecto principal, Enrico Daffonchio, de la firma sudafricana Daffonchio and Associates Architects, señala que en lugar de restringir, este enfoque crea un sentido de anticipación: “¿Qué pasa allí arriba? Un jardín en el techo a lo Le Corbusier con un jacuzzi y un deck para yoga”, afirma.

Al pasar el umbral de acceso, la persona descubre un volumen triple, con un pasillo de 7 metros de alto. “Es un espacio poderoso”, dice el arquitecto. Este ambiente tiene un balance entre la opulencia y la extravagancia casi exagerada, y el minimalismo y la simplicidad. El muro interior también es de hormigón a la vista, robusto, pero las escaleras de vidrio que parecen despegar en el aire agregan liviandad. Estas últimas son elementos elegantes y refinados que contrastan con la crudeza de otros. Además, en puntos estratégicos, techos y muros de madera aportan calidez.

Toda la casa constituye un ensayo de contrastes, una capa cruda y otra fina para crear una tensión estimulante entre las dos. “Es una línea muy delgada entre ser audaz y emocionante o exagerado. La sensación de opulencia oculta el inteligente aprovechamiento del espacio. Básicamente, el concepto de este proyecto consiste en que sea un solo cuarto. El patio y la cocina no están separados. No tienes zonas diferentes. Puedes cambiarlo un poco al abrir o cerrar las puertas, pero en esencia se trata de un gran ambiente abierto. Es realmente sorprendente, generoso y lujoso”.

El volumen central, dramático, está flanqueado en un lado por el área de la cocina y en el otro por un rincón de lectura con mucha luz. A su vez, el salón y el comedor están definidos por un techo de roble blanco.

La pared detrás de la isla de la cocina está revestida de nogal, “es ideal para darle calidez y definir el espacio”, dice el arquitecto del proyecto Frances Joynt. Un poco como las puertas del garaje, el revestimiento de la isla puede parecer una sola pieza, aunque en realidad esconde puertas de armario y lugares de almacenamiento. Del mismo modo, el Neolith (producto de piedra) usado en este elemento hace que parezca un bloque liso y escultural.

Al lado de la cocina, una puerta corredera de vidrio negro se abre para integrar este ambiente con una antecocina ubicada detrás de la casa. Cuando la unión de las áreas no es necesaria, la superficie de dicha puerta contrasta con el hormigón a la vista, pero se suaviza con los reflejos que atrapa del jardín.

“Realmente tienes un uso intencional y claro de materiales”, dice Enrico. Mientras el concreto a la vista es contrastado con madera y vidrio en la mayoría de los ambientes, en el caso del baño de huéspedes la capa de cobre es restringida y cuidadosamente modulada. “Tienes que estar atento al tener muchas capas o materiales. Si juegas con más de tres o cuatro, estás en riesgo de crear un caos”. En esta casa, por ejemplo, las formas reducidas, como la isla de la cocina, evitan que el lugar se vea sobrecargado.

Suavizado con el uso de otra madera, el techo de roble blanco del salón y el comedor da una sensación de intimidad. Cuando el arquitecto toma decisiones audaces y atrevidas, debe procurar seguir el mismo camino al momento de elegir el mobiliario. Por eso, los dueños de esta casa encontraron en los diseños del arquitecto francés Jean-Marie Massaud para la firma italiana Poliform (así como en otras propuestas de la compañía), elementos que se adaptaban perfectamente a su hogar.

El salón y las zonas del comedor miran a la piscina y al jardín. Estos ambientes están separados por una puerta corredera de cristal de 3,8 metros de altura que puede abrirse al momento de requerir integrarlos. Las grandes baldosas de cerámica de la planta baja llegan hasta la parte exterior e incluso hasta el deck de la piscina, y contribuyen a difuminar la noción de interior y exterior, a unir en vez de aislar.

Vista desde el jardín, la casa constituye el polo opuesto de su enorme cara sur de hormigón. Es transparente y ligera, casi invisible. “Cuando miras, las habitaciones están en lo alto y la planta baja resulta muy de la entrada también se contrasta aquí con las pantallas deslizantes de las alcobas. Esto es en parte un efecto del diseño solar que busca ser eficiente energéticamente. “Está en capas: persianas, balaustres, cristales y cortinas. Tienes cuatro elementos que puedes usar para modular la luz”. Pero también tiene el don de cambiar constantemente la fachada con la hora del día, las estaciones y las necesidades de sus habitantes.

Los contrastes y las tensiones están por todas partes dotando de riqueza conceptual a la casa. El efecto es a su vez calmante y energizante. Es coherente, una especie de grandeza contenida que conserva su intimidad.

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