Nacida de la tierra

Utilizando las técnicas tradicionales de la región y empleando los materiales que surgieron del corte del lote, esta casa en Barichara, Santander, presenta una propuesta sin pretensiones donde la naturaleza es la gran invitada.

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Esta casa emerge, de manera literal, del lugar donde está implantada. Ubicada en Barichara, Santander, en un lote de 600 metros cuadrados, el arquitecto Andrés Rubio Téllez empleó para su elaboración la tierra y piedra que salieron del corte que se le debía realizar al terreno.

Inspirado en la arquitectura tradicional de la región, el bogotano –apoyado por los maestros de obra Aldemar Ballesteros y Luis Quiñones– utilizó materiales como tierra para la tapia pisada, BTC (bloque de tierra compactado), piedra para muros y madera reciclada para la carpintería, “esto garantiza la no tala de bosques y encontrar joyas curadas por el tiempo como sapán, topacio y cedro para los muebles de cocina y alcobas; y cucharo, moral y nazareno para las cubiertas”.

La fachada de la casa, totalmente cerrada, mantiene el lenguaje de las construcciones tradicionales de Barichara al ser de tierra a la vista, material que da unas franjas de colores cafés y rojos. Sin embargo, su interior revela otra historia. Empleando solo el 34 % del terreno, el programa se compone por tres volúmenes abiertos conectados por jardines, siendo estos últimos un importante elemento: “Los propietarios querían tener siempre vista a las montañas o al patio interior, debido a que están en un área con mucho verde, pero que será urbanizada con el tiempo”. El paisajismo estuvo a cargo de Pilar Carrasco Ramírez.   

“Como en las casas antiguas, el fuego de la cocina organiza el espacio, por ello está ubicada en el volumen central. En los extremos se encuentran las alcobas y demás servicios para dar intimidad a cada una de sus áreas”, comenta el arquitecto sobre su distribución. Y es quizá este ambiente el que más sobresale. “La propietaria es chef y quería un lugar amplio y cómodo para realizar sus cenas privadas. Además, deseaba mirar siempre al paisaje, por eso tiene en frente los jardines y al fondo las montañas”. Aparte de la cubierta de madera reciclada, en este sector llama la atención una ventana roja que parece flotar entre las columnas de ladrillo de tierra: “La puse sobre un riel para que funcione como un biombo que se desplaza de lado a lado. Esto se debe a que durante el año el sol va entrando en diferentes ángulos. Además, si abres las puertas de ese elemento puedes generar una celosía”.

Otro lugar importante es el estudio del dueño, arquitecto de profesión. Aunque resulta un poco más cerrado que la cocina, mantiene una constante relación con los jardines. Aquí la madera reciclada, con la belleza que le otorga el tiempo, se convierte en protagonista. Ejemplo de lo anterior lo constituye el escritorio de trabajo, realizado con una puerta que pertenecía a una casa en Santander con más de cien años de construida. “Es un elemento tan interesante  que ni siquiera le quité los herrajes originales”. Para el piso de este espacio utilizaron ladrillo tablón, hecho en la región de manera artesanal –incluso algunas piezas tienen las huellas de perros, gallinas y niños–.

Complementan el programa tres habitaciones, cuatro baños, un deck y la zona de ropas, para un total de 209 metros cuadrados de área construida. En las alcobas los ojos de buey sacan el aire caliente para mantener una temperatura ideal. “La casa es bioclimática debido a que cuenta con muros de tapia pisada de 50 centímetros de ancho, y la altura de los cuartos es de más de 4 metros. Además, toda la estructura tiene una buena orientación solar, el interior siempre está 6 grados centígrados por debajo del exterior”.

Las tres habitaciones poseen sus propios baños, pensados como ambientes que invitan a la naturaleza a ser parte de la propuesta por medio de sus duchas sin techo. El verde de la vegetación se mimetiza con las griferías de cobre, hechas artesanalmente en Barichara. En uno de ellos, de aspecto muy libre, incluyen otros materiales como baldosas de concreto y cemento esmaltado en los muros.

Gracias a que durante la excavación encontraron un nacimiento de agua y que, además, implementaron un sistema de recolección de lluvia, la casa funciona cerca de seis meses al año sin necesidad de recurrir al acueducto. Asimismo, las aguas grises de duchas, lavamanos y lavadora son utilizadas para el riego de jardines, los cuales también son mantenidos con el compostaje que realizan sus propietarios.

La casa muestra sus materiales al natural y emplea técnicas tradicionales del sector –como el pañete, hecho con tierra y cagajón– para presentar un diseño sin pretensiones que busca disfrutar de la naturaleza al máximo y facilitar una cómoda vida mientras se cuida del medioambiente.

//revistaaxxis.com.co

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