JARDÍN DE PAPEL

Laura Sánchez se interesó por explorar el origami, aprendió la técnica y se arriesgó a experimentar con otros materiales, de ahí surge este fuerte ensamblaje de flores que se puede usar para ambientar espacios. 0

Jugaba a ser la “asistente” de su padre, un ingeniero mecánico que desde que Laura Sánchez recuerda le ha coqueteado al diseño. Junto a él trasnochaba con frecuencia para crear maquetas de muebles, escaleras de aluminio y andamios. Era una niña que quería estudiar negocios internacionales en aquella época, pero no tenía idea de lo mucho que la influenciarían aquellas noches de trasnocho en las que administraba la cartuchera de útiles de su papá.

Ahora, a sus 26 años, siente que ese pasado la motivó a inmiscuirse en el mundo del diseño industrial en la Universidad de los Andes: “Quería sentir la misma pasión”, afirma. No se ha graduado aún pero ya puso su firma en el diseño con Kasalo, una empresa especializada en objetos de ambientación logrados a partir de su aplicación del origami.

En su trabajo es innegable el fuerte componente arquitectónico ya que la geometría y la simetría son tan primordiales en lo que hace como en el diseño de edificios. Por eso, su primera colección, con la que lanzó su marca, se titula Jardín de Arquitectura.

Dos años de investigación sobre texturas y volúmenes, sumados a su gusto por los hermanos Bouroullec, la llevaron a aprender ingeniería de papel en un taller con Fernando Sierra. Y encontró la oportunidad para mostrar lo que había aprendido el año pasado al ganar la convocatoria para intervenir la portada de Fonseca de la revista Shock: “Intervine la foto con papel, volúmenes, triángulos y geometría; esa fue la principal motivación para comenzar seriamente mi trabajo”, afirma.

Con este reto no solo aceptó la sugestiva invitación de las formas geométricas en el papel, también descubrió los reflejos y las sombras que logró con sus triángulos: “Entendí que la luz era un elemento compositivo al que se le podía sacar jugo y creé Sustracción, una serie de cuadros de papel que muestran el claroscuro. Al mismo tiempo comencé a doblar papel indiscriminadamente para crear varias piezas independientes”, afirma y reconoce que cuando tuvo 800 “flores” en origami buscó la manera apropiada de unirlas. Después de muchas pruebas logró el ensamblaje manual perfecto.

“Al hablar de origami la gente tiene la percepción de que es muy frágil y piensa que el producto se va a dañar rápido porque está hecho en papel. Lo que hago es tratar de cambiar esa concepción”, asegura.

Para sacarles mayor provecho a la simetría, la flexibilidad y el dinamismo del origami, y pensando en la resistencia del material, decidió no trabajar con papel. Encontró en el Tivek, un textil flexible creado con fibras de polietileno de alta densidad y patentado por DuPont, su aliado. Su uso le permitió lograr fuertes estructuras de apariencia frágil y liviana.

De la unión de sus flores de Tyvek surgió su primera creación: un biombo, divisor de espacios. Flores, con otros cortes experimentales, dieron origen a lámparas cilíndricas, cuya luz se proyecta con juegos de sombras. También tiene cortinas logradas bajo el mismo concepto y ensamblaje. Y ese patrón, Laura lo reproduce en diferentes escenarios.

Aunque todavía siente que el blanco es su zona de confort en todo lo que crea, ya comenzó a experimentar con tonos como el

amarillo, el rojo y el azul. “La experiencia sensorial es lo que quiero expresar, generar un estímulo visual y, a la vez, que den ganas de tocar”, asegura.

Diseño de superficies

Le encanta cortar, lijar y ensuciarse. Sería feliz en un taller de carpintería. Laura quiere enamorarse de nuevos materiales. Busca crear.

“Todo parte de lo que uno ve, pero una vez el diseñador decide hacerlo, llega a una solución distinta, uno no sabe el proceso así que usa una metodología y observa cómo se manifiesta el textil”, explica.

De ahí surge lo que ella llama “El diseño de superficies”, que consiste en crear a partir de un material nada convencional y generar una experiencia sensorial. “Se trata de lograr que la madera adquiera comportamientos de textil, es cambiar la funcionalidad y el uso original de un material y mirar cómo se comporta, inclusive en superficies comestibles”, afirma.

Por eso, a diario, entre animales de juguete que reposan junto a un gran ventanal y un arsenal de flores de papel, está Laura sentada frente a su sencillo escritorio de madera con regla, tijeras, bisturí, Tyvek y colores, buscando otras formas y otros cortes, tratando de encontrarle más dimensiones al origami.}

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