CASA MONTERREY, diseño de Tadao Ando

El arquitecto japonés Tadao Ando, premio Pritzker de Arquitectura (1995), expresa su lenguaje de área, luz y movimiento en una casa rodeada por un bosque de montaña al suroeste de Monterrey, México. 0

Al caminar por el mundo, Tadao Ando (Osaka, 1941) llegó a la arquitectura, una pasión más fuerte que su afición al boxeo y una actividad más compleja que su ocasional oficio de conductor de camiones. Sus viajes por África, Europa y América lo llevaron a ver las obras de los grandes maestros –Corbusier, Louis Kahn, Mies van der Rohe– y el aprender a dibujar le permitió hacer conscientes las sensaciones que percibía en los espacios para convertirlas en diseño.

Reconocido con el premio Pritzker en 1995, Ando ha tenido la oportunidad de dejar su huella alrededor del mundo con obras que establecen un diálogo entre sus ideas y los requerimientos del entorno, las costumbres y los programas de necesidades. Uno de estos ejercicios de materialización de conceptos es esta casa de 1.518 metros cuadrados, ubicada en una reserva ambiental al suroeste de Monterrey en los cerros que bordean la ciudad.

Construida con concreto a la vista, como muchas de sus obras, la casa es la residencia permanente de una pareja con tres hijos, quienes disfrutan de un ambiente que combina la privacidad con el impresionante paisaje de los cerros y la presencia del bosque.

Una carretera que serpentea por el parque Cumbres de Monterrey da acceso a una plazoleta, donde se ubican los garajes en un volumen independiente, y la cual se comunica con la casa mediante una pasarela elevada. La vivienda está resuelta a partir de una planta rectangular atravesada a 45 grados por un volumen alargado que da lugar a una variada disposición de patios interiores.

El ingreso por el tercer nivel permite ubicar un ala de huéspedes cerca de la entrada. Así, los espacios adquieren mayor privacidad a medida que se baja por las escaleras, las cuales llegan al tramo donde está el comedor de invitados entre los dos patios triangulares, uno de ellos con un espejo de agua sobre un lecho cubierto con piedras redondas de Indonesia.

Un piso más abajo están la biblioteca y el volumen rectangular que enmarca los patios y que contiene las áreas privadas, donde la familia cuenta con cocina, comedor, cava de vinos, gimnasio, las habitaciones de los niños y la alcoba principal, contigua a una terraza con suelo de madera y a la piscina de borde infinito con espejo de agua, de 47 metros de largo por seis de ancho, y que se proyecta en voladizo sobre la ladera.

La masiva presencia de las montañas con sus escarpados farallones tiene su complemento en la naturalidad de los materiales: la piedra arenisca gris, cortada en losas de 30 por 90 centímetros, que enchapa las terrazas; la madera de nogal en los pisos interiores y en la biblioteca, y el vidrio en las ventanas de piso a techo hechas con bastidores de metal, en la sutil baranda a un lado de la escalera principal y en los antepechos de las terrazas donde las hojas sin marco delimitan el espacio sin interrumpir la vista.

El carácter integral del diseño se manifiesta en el tratamiento de la iluminación, incorporada en nichos y franjas formadas en el concreto para permitir que la luz surja de las superficies y les dé relieve a los planos interiores.

Los principios estéticos y el diseño de Tadao Ando se arraigan en el suelo mexicano a través de una casa serena y dinámica a la vez, donde la sobriedad del concreto a la vista y la sencillez de las formas se combinan en una geometría que crea variadas posibilidades de asoleación y vista, mientras que las proporciones de los ambientes ajustan su escala con la imponencia del paisaje.

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