465 m2 de aire, arte y relajación

En el corazón de uno de los cerros que bordean Bogotá, en medio de la roca y la vegetación del sector, un apartamento parece ser espectador de la ciudad. La luminosidad interior que se logra con el tono de sus paredes deja espacio para obras de arte. 0

Esta vivienda de 465 metros cuadrados, sin contar con la terraza, está empotrada en una montaña de los cerros orientales de Bogotá. Desde los ventanales de la zona social, la amplia terraza que la bordea y la habitación principal, en el día se divisa la inmensidad de la ciudad; en la noche, las luces que se extienden y arropan la sabana. Desde ahí, mimetizada en la montaña, una pareja joven, con tres hijos, es espectadora del caos, el movimiento, el frío o la calidez. Adentro, el blanco conduce el recorrido ya que el equilibrio y la tranquilidad conjugan los espacios en los que la claridad se impone y la armonía de cada uno de sus elementos guarda relación con el yoga, que practica y enseña la dueña.

El apartamento es nuevo y fue comprado en obra gris bajo la premisa de vivir en un lugar con abundante luz. Los acabados, que en principio ofrecía la constructora, fueron cambiados en su totalidad por otros materiales como piedra acuabianca para los baños, carpintería en colores claros, pisos de madera holandesa para todo el apartamento y de porcelanato español marmolado para la cocina. El diseño de los baños es del arquitecto Gregorio Sokoloff y de Ricardo Zea, gerente de la empresa Muebles Zea, especializada en trabajos hechos a mano y a la medida, que realizó la obra de madera del apartamento.

En sus tres habitaciones y cuatro baños priman los tonos claros y los espacios limpios ya que, según las creencias de la dueña, la decoración recargada estanca la energía. Por eso, el piso de madera holandesa se eligió color arena para todos los espacios –excepto para los baños–, con la intención de evocar la playa y lograr la sensación de estar al lado del mar. Los colores claros de las paredes, las cortinas y el mobiliario, en general, contrastan con accesorios de tonos fuertes como algunas materas de cerámica mexicanas dispuestas en la sala, las mesas auxiliares de la biblioteca, obras de arte como el cuadro de Pedro Ruiz, que se encuentra en la habitación principal, o la hoja de plátano roja de la artista Susana Mejía ubicada en la pared flotante de la chimenea de gas que divide la sala y el estudio.

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Según la diseñadora Carolina Puerto, los dueños de este apartamento tomaron decisiones arriesgadas como utilizar en el baño principal un vidrio esmerilado con una impresión de árboles y con la dueña de la casa practicando yoga. Otra de estas determinaciones fue instalar una biblioteca diagonal, conformada por rombos, cuyo fondo es en espejo. Llama la atención pues se convierte en un mueble decorativo que además exige una particular disposición de los libros.

La pareja intervino de principio a fin en las elecciones de materiales para llevar a cabo los diseños aprobados. En esa medida, por ejemplo, seleccionó el tablón de la sala en el taller de Vivian Bock en Chía, quien colecciona maderas macizas que pule a mano, resalta las vetas y las deja al natural. Pisos europeos, lámparas y sofás italianos, materas mexicanas de cerámica, obras de arte coloridas de reconocidos artistas, escogidos cuidadosamente en distintas latitudes del planeta, marcan la personalidad viajera de los dueños que fueron armando el apartamento a la medida de su gusto, como quien ensambla un sueño de muchos años. En general, los espacios son abiertos y amplios para meditar, por eso, la altura de los techos se acerca a los tres metros. Grandes ventanales bordean el área social enmarcada, a su vez, por el deck de la terraza.

//revistaaxxis.com.co

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