Objetos y texturas

Variadas texturas y objetos de mobiliario de distintas épocas le dan una identidad única a este apartamento, donde el color es protagonista.

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Con frecuencia se dice que el diseño de interiores resulta costoso, especializado y, por lo tanto, accesible a unos pocos. Pero no siempre es así: una buena propuesta no necesariamente debe incorporar acabados y muebles caros, sino que puede valerse de diversos materiales y objetos de otras épocas, a un bajo precio y sin sacrificar la estética del lugar.

Un ejemplo de lo anterior es este proyecto de 42 metros cuadrados –aproximadamente–, con un presupuesto limitado. Así queda demostrado que la calidad (y cualidades) de los espacios no depende de grandes cantidades de dinero, sino de la capacidad de aprovechar los recursos disponibles, orientando el diseño en función del estilo de vida de los usuarios, de una manera que logre satisfacer tanto sus necesidades como expectativas.

Alejándose de las tendencias, el diseñador bogotano Martín Ramírez puso el acento en los materiales constructivos, dejando a la vista el concreto pulido de las paredes y del techo. “El cemento fundido es elegante. En Japón, por ejemplo, los mejores arquitectos entregan los apartamentos prácticamente en cemento pulido, ¡con todo y dilataciones! Cuando se interpreta como un elemento de lujo resulta muy atractivo. Acá, en cambio, el común de las personas cree que se trata de algo de poco valor y lo primero que hacen es intentar esconderlo, taparlo. La gente en Colombia gasta mucho dinero empañetándolo o enmasillándolo, en vez de pulirlo y limpiarlo para dejarlo al descubierto. Por eso en mi propuesta le aposté a sacar a la luz algo que por lo general está oculto”, explica.

La cocina, entretanto, está revestida de Vinisol: tabletas de forma triangular, en tonos pasteles y grises, que contrastan entre sí y le agregan un aire fresco y divertido al espacio. “Escogí este material porque tiene textura, es resistente al agua y, además, se comporta mejor acústicamente”, agrega el diseñador. Esta misma fórmula la empleó en el baño y la zona de lavandería, creando ambientes llenos de vida que entablan un diálogo de contrastes con el concreto a la vista. En pocas palabras, la superposición de colores oscuros y claros articula las áreas sociales y privadas, y las transforma en un interior luminoso y amplio, estratégicamente adaptado a las dinámicas contemporáneas y en particular a los requerimientos de la familia.

En cuanto al mobiliario, Ramírez decidió restaurar varios muebles –como el caballete para pintar ubicado en el estudio y la mesa del comedor elaborada en fibra de vidrio–, y fabricar las luces del comedor y del corredor principal. El sofá y la lámpara de la sala son nuevos, fueron comprados en Falabella junto con algunos objetos decorativos. Asimismo, las camas desempeñan un papel importante dentro del hogar: el diseñador las considera una pieza clave, por lo que se aseguró de que fueran de primera calidad sin reñir demasiado con el precio.

Respecto a la distribución optó por convertir la tercera habitación del apartamento en un estudio que se integra de manera sutil con la sala. Esto lo logró gracias a que aprovechó uno de los pocos muros de ladrillo de la estructura –casi en un 90 % hecha de concreto– para crear una celosía que permite una visual clara, sin perder privacidad. Finalmente, el ensamblaje de diversas texturas unido a una serie de objetos de mobiliario de distintas épocas le otorgan a esta vivienda una identidad y estilo únicos, y si algo queda claro en su diseño es que la armonía y la calidad espaciales son indiferentes al presupuesto.

//revistaaxxis.com.co

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