El origen del estilo neo-cartagenero

Luego de casi cuatro siglos de su construcción, esta casa tuvo una meticulosa restauración que le trajo un aire sofisticado que no desconoce su origen, por el contrario, lo resalta.

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Construido a mediados del siglo XVIII a partir de una distribución clásica de casa de patio cartagenera, el edificio de la antigua Factoría de Tabaco fue posteriormente dividido para albergar a tres familias distintas. Con su historia amarrada íntimamente a la de la ciudad que la rodea, y después de un par de siglos de vivir en carne propia los ires y venires de Cartagena de Indias, con sus momentos de gloria y sus etapas de abandono, esta vivienda goza hoy, al igual que su ciudad, de un renovado esplendor.

Adquirida hace unos veinte años y restaurada meticulosamente por el arquitecto Sergio Castaño y el diseñador de interiores Gustavo Pinto en un proceso que duró alrededor de dos años, con la colaboración del arquitecto Eduardo Franco, la casa recoge toda la esencia de la ciudad y la saca a relucir a partir de intervenciones sencillas y limpias, enfocadas en recuperar su espíritu inicial. El blanco recubre la mayor parte de los muros, enfatizando la amplitud de los espacios y el carácter señorial de la vivienda original.

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Sus superficies limpias resaltan por contraste las texturas de la piedra, la mampostería y la madera presentes en la estructura, además de los colores cálidos y texturas rugosas de los pisos de cerámica color tierra ofrecidos en diversos tonos y formatos a lo largo y ancho de la estructura.

“Buscamos crear un ambiente agradable y lleno de identidad colombiana”, expresa su propietario con respecto al aire que se respira en la vivienda. Este arraigo y personalidad se evidencian claramente en el mobiliario y la decoración, que aunque cuenta con piezas y recuerdos traídos de diferentes viajes a Oriente, Europa y Estados Unidos, se compone en su mayoría por elementos de elaboración y carácter local, muebles, artesanías y tejidos antiguos y contemporáneos que ofrecen lo mejor de estas tierras. Es una mezcla ecléctica llena de carácter y sabor cartagenero, pensada para recordar al visitante y al habitante en qué lugar del mundo se encuentra.

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El interior de la vivienda es un espacio fresco y agradable gracias al omnipresente blanco, a las generosas alturas y a un esquema de ventilación natural inteligentemente desplegado. Complementando el patio central, con su vegetación y espejo de agua que reducen la temperatura de la casa, ubicaron tres buitrones abiertos en las esquinas de la construcción.

Son tres dilataciones entre el muro perimetral y el cuerpo de la edificación, distribuidas de manera estratégica, que permiten que el aire caliente salga libremente, generando una corriente fresca y agradable. Estos elementos se evidencian dejando expuesta la mampostería original de los muros perimetrales, que resaltan su rugosidad y textura. La pátina de musgo y vegetación que ha surgido con el correr del tiempo, del viento y de la lluvia sobre estas superficies destaca aún más su presencia y función.

Al haberse dividido la edificación original, el patio interior adquirió una proporción algo estrecha y alargada, ideal para evitar la entrada directa del sol y mantener la casa fresca en el transcurso del día, pero poco conveniente para ubicar la piscina en este espacio. Por esa razón está en la cubierta, expuesta a los rayos solares, al cielo y a las espectaculares vistas que ofrece la ciudad, entre ellas, y en primer plano, la torre de la catedral. “Es un mirador muy lindo. Era el internet de la época”, dice Gustavo Pinto, refiriéndose a cómo los habitantes de la casa subían al mirador para enterarse qué pasaba en el exterior, buscando historias, barcos mercantes o ataques de piratas.

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Hoy en día, con los ataques de piratas drásticamente reducidos debido al cambio de los tiempos, sus propietarios se dan un baño de sol, se refrescan en la piscina o reciben un masaje rodeados por los colores de la Heroica. No obstante, para lograr sostener la piscina en la cubierta tuvieron que reforzar seriamente la casa. Con el fin de evitar que aparecieran elementos ajenos a la construcción original, lo hicieron en el interior de la estructura existente, por dentro de los muros y las columnas. Fue una intervención quirúrgica, un proceso minucioso y dispendioso cuyo resultado es imperceptible.

Casi cuatro siglos después de su construcción, luego de ver y vivir innumerables historias y acontecimientos, y tras pasar por una restauración consciente y meticulosa, la casa respira un aire nuevo y próspero. Su ambiente sofisticado y relajado se funde con la alegría de la ciudad, trayendo regocijo y comodidad a sus habitantes y visitantes. hotel-agua-revista-axxis-2

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