Estilo porteño contemporáneo

Esta remodelación respetó la tipología y los materiales de la construcción original, potenciando sus principales virtudes y consolidando un diseño contemporáneo. 0

Construido a principios del siglo XX, el barrio Palermo es uno de los pocos que se conservan aún sin modificaciones en su ciudad, Buenos Aires (Argentina). Se trata de una agrupación lineal de viviendas unifamiliares que comparten la misma tipología: de una sola planta, desarrolladas en tres crujías y con un patio de fondo contra medianera de fondo.  Con los años se hicieron comunes intervenciones como usar la terraza para ubicar habitaciones de servicio y cambios de fachada que le dan un aire ecléctico; las líneas de composición y la proporción de los espacios mantuvieron su unidad hasta hoy.

En ese particular contexto, la pareja de arquitectos compuesta por Francisco y Marit, socios junto al barcelonés Francesc Planas Penadés, de la firma Estudio BaBO, buscaban casas viejas para restaurar. Pero al encontrarse con esta casa de 185 m2 y construida aproximadamente en 1914, decidieron que sería para ellos: “Cuando vimos la casa tomamos la decisión de comprarla en seguida por su tamaño, su entorno y su particularidad”.

Y su punto de partida para enfrentar la remodelación, en lugar de derrumbar todo y empezar de cero, fue respetar al máximo el estilo de los alrededores.

Una explicación sucinta del proyecto empieza por ese punto: “Conservamos la estructura general de la planta original con su tripartición y el patio del fondo, agregamos la escalera y cambiamos la cocina de lugar. Abrimos los espacios de la planta baja para obtener ambientes más amplios y con mejor iluminación, y construimos toda la planta alta. El proceso se inició cuando la pareja estaba radicada en Noruega, por lo que su llegada fue indispensable en determinado momento. De hecho, hubo cambios tan importantes como que “en el comienzo la caja de la planta alta se había planteado utilizando una estructura metálica liviana y finalmente decidimos ejecutarla en hormigón armado, ya que acá se trabaja mucho mejor con ese material”.

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Y la remodelación no sólo respetó la estructura original de la construcción, sino incluso también sus materiales: “Mantuvimos los originales: los pisos son de pinotea, carpinterías de hierro y madera de cedro, y las paredes con revoque de yeso pintado de blanco. La intención fue integrar, pese a su clara diferencia espacial, la casa original y la extensión nueva, a través de la materialidad”. Ejemplo de ello es la recuperación de todas las puertas de cedro de la planta baja y los pisos de pinotea.

El programa se desarrolla en dos plantas y una entreplanta parcial. La baja respeta las tres crujías existentes, pero reorganiza su distribución. En la central tiene lugar el acceso, a través de un recibidor previo y una zona de reparto con elementos como las puertas curvas de la habitación y la sala de estar. Allí también quedó ubicado el patio contra la medianera de fondo, en el que ahora hay una elegante piscina y una zona de parrilla. Otra de las crujías está destinada a la sala de estar, el comedor y la cocina, “concebidos como una unidad, pero sugiriendo cierta independencia mediante diferentes cielorrasos”. La última contiene la nueva escalera de acceso a la planta superior, la sala de juegos contra la fachada y unasuite que da al patio.

Subiendo por las escaleras hay una entreplanta y otra habitación con baño propio. Y, más allá, el mayor reto de este proyecto: el diseño de la planta alta, la nueva construcción destinada a la habitación principal. Según los arquitectos, “debía ser una construcción que dialogara con lo existente y rematara la fachada clásica sin perder su identidad contemporánea”. Por eso, la decisión fue relacionar el nuevo volumen con el exterior usando grandes superficies vidriadas, en la fachada que da a la calle y la terraza que da al patio central. “Desde un principio compartimos la idea de hacer una extensión en la planta alta que tuviera carácter propio, pero que a su vez dialogara con la edificación existente y su entorno”, remata la pareja de arquitectos.

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Tomando como punto de partida el respeto a las formas y materiales originales de una casa que data de 1914, esta remodelación no sólo logró un lenguaje contemporáneo sino que sorteó los riesgos a los que se exponía con la construcción de un nuevo volumen. También es un espacio en el que se pueden combinar sus estilos: “Habiendo vivido y trabajado tres años en Oslo, la estética escandinava estaba muy metida en nuestro vocabulario arquitectónico, así que nos resultó muy natural integrarlo; la idea inicial fue lograr una fusión entre lo escandinavo y lo porteño intentando hacer un espacio que nos represente a los dos”. Y, también, es un ejemplo de cómo salen los procesos que tienen claros sus puntos de partida.

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