Reinterpretación del ladrillo

Por medio de una respuesta abierta e incluyente con la ciudad, sumado a un uso innovador del clásico material, la ampliación de la Fundación Santa Fe genera una imagen icónica y contemporánea.

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Desde finales de 2016, año en que fue inaugurado, se alza en el perfil urbano del norte de Bogotá un edificio diferente. Justo sobre la esquina de la calle 119 con avenida 9, donde antes había un lote utilizado para estacionamiento, surge hoy en día un prisma abstracto. Se encuentra suspendido a partir de una estructura triangulada de concreto, sobre una plataforma pública y un primer piso de jardines verdes y vidrios transparentes. Su envolvente, si bien se siente cercana al expresar su materialidad en el reconocible ladrillo rojo, presente en muchos puntos de la ciudad, tiene algo extraño en cuanto a la forma como se utiliza, con importantes variaciones en sus texturas y unos círculos enormes tal vez más propios de una película de ciencia ficción que de una calle capitalina. Esta obra, icónica e irreverente, contiene la ampliación de la Fundación Santa Fe, y fue diseñada por el arquitecto barranquillero Giancarlo Mazzanti.

Respondiendo a una ubicación estratégica en el norte de la ciudad, el edificio se plantea como un conector urbano. Ofrece, incorporado en su plataforma y en relación directa con la calle, un generoso espacio público arborizado, con zonas verdes, locales comerciales, una cafetería y un auditorio multipropósito que potencian la actividad y generan un ambiente dinámico y seguro para la capital. De esta manera, no solo se relaciona con las instalaciones existentes de la Fundación Santa Fe, sino que también consolida un frente urbano hacia la metrópoli, generando actividad pública y mejorando la experiencia del ciudadano.

El diseño del edificio parte de la identidad misma de la institución, la cual se entiende como un lugar para sanar. Teniendo como objetivo principal el bienestar y la recuperación del paciente, se define su distribución y carácter arquitectónico. Se plantea como un espacio verde y abierto, tranquilo y amable, que disminuye los factores de estrés a través del uso de colores y componentes naturales. El contacto con la vegetación y la continua presencia de iluminación natural son elementos de vital importancia para la sanación, y se promueven en todos los ambientes.

Se recupera la idea del patio como elemento arquitectónico, reafirmando su relevancia según se planteaba en el diseño original de la clínica, y manteniendo así una unidad en el lenguaje con las edificaciones antiguas. Las características propias de este espacio le otorgan especial importancia en el diseño, pues es a través de él que se articula todo el programa, se incorpora la mayor cantidad de luz natural a los ambientes y se genera un contacto íntimo entre el paciente y la vegetación. Los jardines, con sus especies nativas, atraen variedad de fauna y a la vez crean una barrera de protección natural que atenúa el contacto con partículas, vientos, olores y ruido provenientes del exterior.

El ladrillo, con su intenso color rojo, es otro elemento fundamental de la imagen original de la fundación, y fue un requisito inamovible a la hora de plantear la imagen arquitectónica del edificio. En este caso, se utilizó este material de una forma poco ortodoxa y muy innovadora, generando una fachada flotante exterior que protege una interior completamente vidriada. Los vidrios permiten el paso ininterrumpido de luz natural y potencian las visuales de la ciudad desde los espacios interiores. La piel exterior de ladrillo se plantea como un velo, un tamiz construido a partir de celosías y texturas que varían en densidad y geometría a lo largo de todo el perímetro, filtrando la luz de una infinidad de maneras, controlando la temperatura mientras permite que los ambientes se iluminen naturalmente.

Sus componentes, piezas de ladrillo rojo, se conectan a través de una subestructura metálica que les posibilita trabajar a tensión, mas no a compresión, como suelen utilizarse en su despliegue tradicional. Esto le permite al arquitecto generar un juego divertido y dinámico de luces y sombras, y de formas novedosas para una construcción en este material. A través de una respuesta abierta e incluyente hacia la ciudad, y de un uso creativo e innovador del ladrillo, material con amplia tradición local, el nuevo edificio de la Fundación Santa Fe genera una imagen icónica y contemporánea, proyectando la institución de lleno hacia el siglo XXI.

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