Conozca la casa en Islas del Rosario que fue renovada y ahora es sostenible

Tras un suceso inesperado, esta casa en las islas del Rosario –con casi tres décadas de construida– adquirió una nueva vida. Su techo, una imponente estructura de guadua y palma aguja, le aportó balance, armonía y sofisticación a la construcción original. 0

Justo cuando pasaba por un momento complicado en su vida, la propietaria de esta casa recibió la llamada de uno de sus trabajadores para informarle que al intentar hacerle reparaciones al techo del quiosco principal, la estructura había colapsado. La buena noticia fue que nadie resultó lesionado; la mala, que debía solucionar el problema de inmediato.

Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

Hoy, casi un año después, ve como una bendición lo que inicialmente le pareció un inoportuno dolor de cabeza, no solo porque tuvo la posibilidad de reconstruir una estructura que hace años pedía atención, sino que en el proceso logró distraerse en un momento particularmente difícil.

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Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

“Soy arquitecta paisajista y siempre he tenido gran sensibilidad a la hora de concebir y visualizar un espacio, me encanta crear y jugar con materiales y proporciones, siempre con respeto por el entorno”, afirma la dueña, quien ha sido parte fundamental en el desarrollo de esta casa de descanso, que armoniza a la perfección con el mar Caribe que la rodea.

Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

“Desde un inicio supe que quería una arquitectura tipo Careyes (México), con quioscos o palapas abiertos hacia la naturaleza, todo en mampostería. Algo sencillo, práctico y elegante”. Una de sus principales fuentes de inspiración fue el trabajo del arquitecto mexicano Marco Aldaco, reconocido por la casa Guinness en Acapulco.

Recuerda que cuando compraron el lote –hace más de 28 años– no prometía mucho, pues su frente se percibía angosto, y eso les hizo pensar que limitaría el área de construcción. Sin embargo, su esposo tuvo la visión de construir hacia el fondo, donde se forma una laguna natural que aportó una dimensión diferente al proyecto.

Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

En vez de hacer solo una gran estructura, optaron por construir varios bungalós, en total cinco –de proporciones amplias y generosas– más el quiosco principal, que reúne las zonas sociales y de servicio. Las diferentes áreas se comunican por medio de senderos al aire libre. Esta solución resulta conveniente y versátil, pues permite que huéspedes e invitados puedan disfrutar de independencia y privacidad. “Debo admitir fue idea de mi esposo, quien siempre dio prioridad a la comodidad”.

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Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

Con la practicidad como guía, desarrollaron este espacio que terminó convertido en un paraíso para la familia, donde puede disfrutar la generosa y cálida brisa del mar Caribe, así como la naturaleza insular. No obstante, con el paso de los años, y debido a las estrictas restricciones que existían para modificar construcciones en esta zona, las estructuras se deterioraron tras soportar la inclemencia del salitre y los estragos de la humedad. Con el tiempo, la madera de las ventanas y el mangle con el que se habían construido originalmente los techos comenzaron a sufrir por falta de mantenimiento.

Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

La caída del techo fue el detonante y la motivación para comenzar de nuevo. “Me dediqué a investigar sobre el uso de la guadua en este tipo de estructuras. Era algo con lo que siempre había soñado y ahora tenía la oportunidad de hacerlo”. Unos amigos le recomendaron un maestro artesano con amplia experiencia en este tipo de construcciones. “Resultó una colaboración maravillosa y un proceso en el que aprendí muchísimo. Yo le dije exactamente qué quería y él supo interpretar y concretar el diseño según yo lo imaginaba. Es un experto en balance, proporción y geometría”.

Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

Más allá de la estética, debían asegurarse de que la estructura tuviera la rigidez para soportar el peso del techo, de 380 metros cuadrados. Además, era importante que la guadua estuviera tratada y fumigada para evitar las termitas, y que tanto la estructura como la palma estuvieran impermeabilizadas. Para la dueña, el resultado no pudo ser mejor. Sin embargo, había algo que no la terminaba de convencer. Se trataba de las columnas originales del quiosco, que con este nuevo techo se veían insignificantes y desproporcionadas.

“Después de darle muchas vueltas al maestro se le ocurrió cubrirlas con un tejido tipo canasto, hecho a mano con láminas de guadua, que las transformó por completo. Es más, casi compiten con el techo por el protagonismo”. Como detalle adicional, están aseguradas con botones e hilos de cobre, que con el tiempo se cubrirán de una pátina verdosa, que les dará un carácter único. “Creo que es una solución original, que no he visto en ningún otro lugar”.

Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

Para ella, esta nueva estructura es sencilla y sofisticada a la vez, y armoniza a la perfección con el espíritu descomplicado del lugar. Conchas recogidas de la playa forman parte de la decoración, donde predominan las fibras naturales, los tonos claros y las artesanías. “Todo en esta casa, desde los muebles hasta las sábanas y las toallas, es hecho en Colombia. Lo único que he traído son los cojines –de Panamá, de Guatemala y de la India–. Creo que le dan un toque de color y crean un contraste interesante con el resto de los elementos”.

Llaman la atención los tapetes en la sala, hechos de piedra: “Están aquí desde que hicimos la casa; en ese entonces fui al Museo del Oro y me inspiré en las figuras y patrones precolombinos, los reinterpreté y diseñé los tapetes en papel para que los maestros replicaran los dibujos con las rocas sobre el piso de cemento”, recuerda la propietaria, a quien cada vez le cuesta más trabajo irse de esta casa.

Fotografía: ©Andrés Valbuena – producción: Ana María Zuluaga – Asistente fotografía: Pablo Valbuena.

Asegura que aún hay mucho trabajo por hacer, pues está en proceso de reemplazar la madera de las ventanas con teca, y también reformará los techos de los quioscos interiores. Tiene varios planes en mente, entre ellos organizar retiros de yoga y alquilar la casa cuando no la estén usando. Por ahora disfruta cada segundo que permanece allí, sentada en el sofá, mirando hacia el horizonte o al techo, situaciones que le resultan igualmente placenteras e inspiradoras.

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