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Casa Cubil

Ubicado en una casa del tradicional barrio Teusaquillo, en Bogotá, este hostal resalta un periodo puntual de la ciudad: los años treinta y cuarenta. La riqueza arquitectónica de la capital se manifiesta para atraer a los visitantes. 0

Los edificios no son solamente presencias físicas. Comprender por qué son como son y por qué están ahí exige aproximarse al contexto histórico que los abarca. Tanto las condiciones materiales e inmateriales relativas al lugar de emplazamiento como el grado de conocimiento y avance tecnológico al momento de diseñar un proyecto articulan las bases del quehacer arquitectónico. Este es, por lo tanto, el resultado de una época en cuestión.

De lo anterior se desprende uno de los grandes desafíos de la arquitectura contemporánea: intervenir de manera consciente las edificaciones que constituyen el patrimonio arquitectónico de una ciudad. En efecto, los arquitectos y diseñadores deben estar en capacidad de interpretar el sentir de una época, toda vez que esta les indica el camino que se ha de seguir en el presente.

Ahora bien, en Bogotá, incontables edificios reflejan un pasado en común. El sector de Teusaquillo, ubicado en los límites del centro de la capital, está formado por un conjunto de estructuras con características a lo sumo similares, debido a lo cual se inscribe dentro de una misma tradición. A finales de la década de 1920, por iniciativa del comerciante Julio Montoya Balén, se dio inicio a su proceso de urbanización. Montoya adquirió los terrenos de Nicolás Camargo Guerrero para las obras de construcción del que sería considerado –hacia 1935– el mejor barrio de la ciudad, en virtud de su repertorio de formas típicas de los estilos neocolonial, inglés y francés.

Las casas de Teusaquillo conforman una trinchera en la Bogotá actual, ciudad donde la arquitectura le apuesta al concepto de “minimalismo”, estructuras flexibles y superficies diáfanas. De ahí que el proyecto Hostal Casa Cubil, situado en este barrio tradicional en una construcción de 400 metros cuadrados –aproximadamente–, se encuentre marcado por la historia bogotana.

Martín Ramírez, diseñador industrial a cargo de la adecuación de la casa, desarrolló el proyecto a partir de dos preguntas fundamentales: ¿Cómo incorporar la tradición arquitectónica (local) en el espacio interior? Y ¿qué expectativas tienen los viajeros de hoy?

En respuesta a la primera, decidió introducir mobiliario correspondiente al periodo en el cual se erigió la vivienda. Así, las proporciones y los formatos de los objetos, tal como los materiales y los tonos escogidos para su fabricación, evocan un tiempo particular: la primera mitad del siglo XX (en América y Europa). Durante esa época las construcciones eran –en su mayoría– viviendas unifamiliares; el ladrillo constituía el material predilecto para las fachadas y la madera tenía un carácter decorativo en el interior; los tejados, generalmente inclinados, empleaban teja española de arcilla; las áreas eran bastante amplias y la presencia de uno o más patios resultaba imprescindible. En Casa Cubil estos aspectos aún sobreviven, se imponen. Por eso, Ramírez buscó recuperar el ambiente de hace más de siete décadas, otorgándole una identidad al hostal que consigue atraer a un gran número de turistas extranjeros.

En respuesta a la segunda pregunta, el diseñador halló que actualmente los viajeros recorren las ciudades durante el día y en la noche esperan encontrar un lugar cómodo y económico para descansar, así que el reto consistió en generar una experiencia singular mediante un diseño atractivo, pero al precio de un hostal. Aun cuando las formas y materiales del mobiliario son tradicionales, se adaptan a ese concepto de hotel de paso, bastante austero y libre de convencionalismos. La coherencia entre el diseño y los estilos de vida hodiernos hicieron de este un espacio único y un referente de interiorismo contemporáneo.

En resumen: Casa Cubil surge del interés por crear un lugar ambientado con objetos característicos de un periodo específico de la historia: los años treinta y cuarenta. Entre ellos, el más sugerente de todos, la madera, fue producto de la adaptación del interior al diseño arquitectónico. Asimismo, por medio de diferentes estrategias generan áreas apacibles y reservadas, análogas al principio de low cost-high quality. Aquí se pone en relieve la riqueza arquitectónica de Bogotá e invita a los visitantes a que conozcan su historia.

//revistaaxxis.com.co

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