Un rebelde del arte

La Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana se convierte en un referente de la arquitectura nacional a través de tres conceptos: su relación física con la ciudad, su trascendencia de lo académico y su propuesta radicalmente contemporánea.

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Podría decirse que son tres los conceptos principales sobre los cuales se erige el edificio de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana. Además, que estos lo convierten en un edificio rompedor, icónico y paradigmático en el contexto de la arquitectura contemporánea colombiana.

El primero se refiere a su implantación urbana: haciendo parte de una institución técnicamente privada –la universidad–, el edificio le apuesta a abrirse hacia lo público, a incorporarse a la ciudad, a “abrir para unir”, según describe su estrategia el arquitecto Ricardo La Rotta, autor de este diseño. Con este ejercicio, totalmente opuesto al que se suele hacer en la mayoría de los proyectos actuales en el país, la propuesta expone la Universidad Javeriana al parque, a la ciudad, recogiendo la importancia del Parque Nacional, su representatividad histórica y su carácter de lugar de reunión de escala metropolitana. La generosidad en su arquitectura rescata el lindero norte de uno de los espacios más representativos de la ciudad de una condición de aislamiento, de inseguridad y olvido, buscando recobrar el sentido de pertenencia, ensalzarlo y recalificarlo, y consolidar su función dentro de lo público, vinculado estrechamente a una institución privada.

Al igual que construye una relación física con la ciudad, el edificio genera otro tipo de lazos, esta vez de carácter social. La obra “busca trascender los límites de lo académico y posicionarse como equipamiento cultural de Bogotá. Es un centro de eventos, no solo académicos, sino también de arte, música, fotografía…”, comenta su arquitecto. Las más de 300 actividades de carácter público o semipúblico que han ocurrido allí desde su inauguración corroboran esta idea. Los estudiantes, y el ejercicio pedagógico propio de la universidad en general, se enriquecen con este planteamiento, al igual que el entorno social.

El tercer pilar conceptual sobre el que se basa el diseño, habiendo pasado por su relación física con la ciudad y por el trascender del ámbito académico al social, es su radical apuesta a la contemporaneidad. Su programa es heterogéneo, diverso e incluyente, al igual que la sociedad contemporánea a la que sirve. Esto se ve claramente en su imagen y su arquitectura. El fraccionamiento de los volúmenes refleja la complejidad de lo que ocurre en su interior: flotando sobre un nivel de entrada transparente y público se proyecta un prisma cerrado y silencioso, que alberga los espacios relacionados con la música; sobre este un cuerpo ligero y luminoso dedicado a las artes visuales, y en la plataforma bajo estos tres mundos superpuestos, los auditorios y lugares pensados para las artes escénicas. La conjunción heterogénea de estos conforma un juego volumétrico dinámico y complejo, que alberga y expone distintas expresiones culturales y artísticas, y representa lo variado y multidisciplinar.

Su complejidad programática, su imagen y materialidad se alejan de lo tradicional en nuestro país, apostándole a una sociedad y a un imaginario de carácter algo más global. Por eso su arquitecto lo define como un edificio “irreverente frente a la arquitectura tradicional. Un rebelde que está creciendo en la memoria de los bogotanos”, una pieza construida que “trasciende la idolatría por una arquitectura que tiene que cambiar”. Este planteamiento, rompedor en cuanto a las costumbres arquitectónicas locales y vinculado a una idea de globalización de la arquitectura enmarcada en lo local, ha alimentado interesantes debates en el ámbito teórico nacional. 

Con tan solo dos años desde su inauguración, el edificio cada vez suscita mayor interés, tanto en el ámbito de la arquitectura local como internacional. Por su carácter innovador, por su capacidad de generar debate y por su integración física y cultural con la ciudad y la sociedad, la Facultad de Artes de la Universidad Javeriana va en camino a convertirse en un indiscutido ícono de la arquitectura colombiana contemporánea.

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