Un siglo de diseño

Un viejo edificio de Nueva York, EE. UU., albergó la exposición Louis Vuitton: volez, voguez, voyagez, que narra la historia de esta casa de moda francesa fundada en 1854.

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Volar, navegar, viajar es el nombre de la exposición de Louis Vuitton que resalta la historia de la firma, y el lema de la compañía, que a lo largo de los avances en materia de transporte del siglo XX, acompañó a los amantes de los viajes y la aventura.

El recorrido empieza con una muestra de herramientas de madera utilizadas en los talleres de talabartería y carpintería, donde construyeron los primeros baúles a mediados del siglo XIX. Vale resaltar que estos aún no eran los diseños de tapa plana que conocemos hoy en día, sino que manejaban una curva.

Fue a principios del siglo XX, época en que los automóviles se convirtieron en epítome del lujo para las grandes familias acomodadas de Europa y Norteamérica, cuando los baúles se volvieron planos: era más fácil atarlos a la parte trasera del vehículo. Lo interesante es que fueron tan populares, que las compañías automotoras empezaron a producir sus carros con espacio para este objeto. Eventualmente crearon la cajuela.

A continuación, el visitante llega a una sala con dos muestras: los baúles para viajar en barco y los que acompañaron a los primeros exploradores automovilistas. Aunque por fuera parezcan iguales, resulta difícil encontrar uno idéntico a otro: cada uno esconde los secretos de su dueño. Según Olivier Saillard, curador de la muestra, “el baúl en sí es realmente un tema maravilloso. Incluso vacío, sugiere recuerdos y la idea de objetos que podría haber contenido”.

Una pasajera de un barco podría llevar hasta seis baúles: un guardarropa entero para el viaje, que duraba entre dos y tres meses, y que exigía seis mudas de ropa por día. De estas travesías nació la popular steamer bag: la bolsa de lona para las prendas sucias.

Los exploradores automovilistas, mientras tanto, tenían equipajes reforzados en zinc que escondían catres perfectamente funcionales, por ejemplo. Con esta inspiración, aparece la contemporánea cartera metálica, diseñada por la artista suiza Sylvie Fleury.

Como cada objeto actual de la marca tiene su origen en alguna de las tendencias del siglo XX, las carteras están llenas de pequeños guiños al automovilismo. La Malle Aero, por ejemplo, es la primera muestra de equipaje liviano, y le siguen las Capucines.

Pero la joya de la corona es la Gladstone o maleta de médico, está en la sección dedicada a los trenes. “Esta parte también presenta diseños de Marc Jacobs (diseñador de moda estadounidense), que es, por supuesto, parte de la historia de la maison, y la colección de etiquetas de Gaston-Louis Vuitton”, asegura Saillard.

Gaston-Louis, nieto del fundador de la compañía, sobresale en la muestra y merece notoria mención, pues fue un soñador encargado de crear objetos preciosos como los estuches portátiles de máquinas de escribir (con compartimentos especiales para libros) que usaron reconocidos autores como el estadounidense Ernest Hemingway, y que están en la sección de la exposición dedicada a las artes. Gaston fue “un personaje único que podría haber salido de una novela”, dice Saillard, además, fue artífice de los archivos que hacen posibles este tipo de exhibiciones.

Para cerrar, la muestra hace un repaso por la relación de la marca con Hollywood, desde los estuches y baúles para vestuario y maquillaje, hasta los grandes vestidos que las estrellas han usado en la alfombra roja. Se siente un dejo futurista, como si al recorrerla hubiera hecho un rapidísimo viaje en el tiempo. Como dice su curador, “me gustan las exhibiciones que inspiran a crear y quería que la gente entendiera que diseñar baúles es una artesanía nacida de una excelente iniciativa personal. Espero que, al visitarla, la persona tenga la impresión de un viaje, un sueño”.

//revistaaxxis.com.co

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