UNA CASA SENCILLA DE DOS VOLÚMENES.

Dos volúmenes alargados que se abren como una tijera, vinculados por un espejo de agua, resumen el esquema de esta casa familiar con vista sobre Medellín. Un Diseño de los arquitectos Diego López y Nathalie Montoya  1

Aunque el predominio de la oferta residencial está en los grandes conjuntos multifamiliares y las torres residenciales, aún queda en Medellín espacio para las casas. En una parcelación con lotes para viviendas unifamiliares en la pendiente de los cerros orientales, los arquitectos Diego López y Nathalie Montoya diseñaron el hogar para una pareja joven con dos hijos en un terreno de 1.869 metros cuadrados rodeado por el paisaje de la montaña y la vista a la ciudad.

La formación en arquitectura de la dueña de casa y la amistad de largos años de su esposo con Diego López ambientaron un proceso de diseño que tomó partido por el racionalismo moderno y por una selecta gama de materiales: concreto, mármol travertino, vidrio y madera, que interactúan con la luz, el aire y el agua. Entre los deseos de la propietaria estaba una distribución en un nivel principal, con una estructura que flotara sobre el terreno. La visión de una casa aérea y liviana, con un área de 636 metros cuadrados, la resolvieron con dos volúmenes longitudinales que se abren como una tijera para darle lugar a un espejo de agua.

Como una plazoleta cubierta, el garaje, en el piso inferior, da acceso a la vivienda, donde una puerta pivotante se abre para llegar al espacio de la escalera de un tramo que sube al volumen frontal, protegido del sol de la tarde con la proyección de la cubierta que forma un alero y con una ventanería especial con vidrio doble con propiedades de aislamiento térmico y acústico.

Con su fachada abierta a la vista a la ciudad, el área social y de servicios tiene una sucesión de espacios que empiezan con una zona de ropas y el alojamiento del personal asistente, continúa con la cocina con mesón en isla, integrada con el comedor, y fluye a la sala que remata en una terraza cubierta frente a la cual se encuentra la piscina.

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Entradas de luz en la cubierta plana marcan sutilmente la transición entre los ambientes. Un corredor de vidrio pasa sobre el espejo de agua del patio abierto al paisaje para llegar al volumen posterior, donde están las habitaciones de los niños, aisladas de la alcoba principal por medio de un estudio, que se puede habilitar como un dormitorio para huéspedes.

Como contrapunto, escoger el concreto como material de estructura y acabado supone una planeación detallada y una ejecución precisa. Daniela Díaz y Jorge Puerta colaboraron con el diseño, y la construcción estuvo a cargo de Constructiva Arquitectura.

A 1.479 metros sobre el nivel del mar, Medellín tiene un clima templado que puede alcanzar los 30 grados centígrados cuando calienta el sol. Pero unos 400 metros más arriba, el aire de la montaña que rodea la casa puede ser mucho más fresco e incluso algo frío en la noche y la madrugada, por lo que la luz natural aporta calidez, mientras que la circulación de aire desde la entrada en el nivel inferior hasta las aberturas de la cubierta asegura la ventilación durante el día; la combinación de estos recursos de diseño regula la temperatura en un agradable nivel de confort.

Acorde con la sencillez y el carácter moderno de la casa, el diseño interior, a cargo de María Isabel Mejía, de LM Arquitectos, está basado en una gama que refleja los tonos de la madera, el concreto y el mármol como se registra en el ambiente social, donde la cocina blanca, la mesa con tapa de vidrio del comedor y el sofá en “L” de la sala, tapizado en lino tabaco, sobre un tapete de hebras largas gris pizarra, armonizan con los materiales y complementan el sentido de los espacios abiertos a la luz y al paisaje.

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