Una casa única en el Valle del Cauca

El esquema de esta casa, en el Valle del Cauca, está inspirado en las villas palladianas, pero adaptado al estilo local. El uso de materiales, como madera, concreto y acero, logra un lenguaje armónico que se adapta a su entorno

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El arquitecto manizaleño Simón Vélez enfatiza que la arquitectura no puede ser monotemática. “Debe tener una serie de ingredientes, como la culinaria. Debe haber vegetales –madera, guadua y macana– y minerales –ladrillo, concreto, acero y vidrio–”. Esto es evidente en esta casa en el Valle del Cauca, donde la combinación de texturas, colores y densidad de todos esos materiales crea un resultado armónico e impactante.

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La propuesta gira en torno a un gran volumen central, de planta rectangular, que en la parte anterior tiene tres pisos a la vista –el primero dedicado a la zona de servicios– y en la posterior se ven solo los dos superiores –el área social en el segundo y los dormitorios en el tercero–. Cuenta con un esquema geométrico simple, que se organiza a través de una circulación vertical en el centro y corredores hacia el frente. “Es completamente simétrica. Mi religión me prohíbe hacer casas asimétricas. Y no lo hago por facilitarme la vida, porque es mucho más complicado”, dice el arquitecto, quien se ha inspirado en la villas del arquitecto italiano Andrea Palladio (1508-1580).

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El acceso se hace a través de un patio de piedra en el primer nivel, donde funcionan las áreas de servicio y por el cual se accede a la gran escalera de la casa, que podría decirse es uno de los elementos más llamativos de la construcción, no solo por su escultórica estructura –lograda con materiales tan comunes como la varilla corrugada, tubería petrolera y madera–, sino por su ubicación y la impactante visual que ofrece tanto de la terraza como del quiosco, el otro gran protagonista de este proyecto, que podría decirse, tiene tres tiempos.

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El primero es la vivienda, donde tienen lugar los eventos cotidianos, la vida del día a día de la familia, compuesta por un matrimonio y sus dos hijos. Esta, como dice Vélez, “es una casa común y corriente, pero hecha con el rigor italiano de Palladio”. Aquí no hay mobiliario ni acabados de lujo, y la única pretensión que tiene es crear un espacio acorde con las necesidades del cliente y aprovechar el entorno, compuesto por espectaculares jardines, diseñados por el dueño y su madre. “Ambos son jardineros, me gusta mucho más esa palabra que paisajistas”, anota el arquitecto.

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Gracias a su emplazamiento y formato abierto al exterior a través de amplios corredores y ventanales, todos los espacios tienen constante relación con las otras dos áreas del complejo, que son la piscina y el quiosco. La primera está contenida por una terraza y costeada por dos estanques laterales artificiales –elevados un nivel del piso–. Varias cosas llaman la atención en esta zona, por ejemplo el formato de la piedra especificada para el piso de la terraza. “Está colocada como si fueran listones de madera, imitando un deck, solo que es de piedra pulida porque la madera es muy difícil de mantener, por eso no me gusta usarla en estos casos. Además, las dilataciones que le pusimos permiten un desagüe eficiente cuando llueve”.

La piscina, con diferentes profundidades y un jacuzzi –imperceptible a nivel de superficie–, está enchapada en pizarra verde gris brasilera, creando un juego visual y cromático tanto con los estanques como con las construcciones que la rodean. En los estanques, que se construyeron con la tierra que salió de hacer los cimientos para la casa, a cada lado de la piscina, “hay unos pescados amazónicos muy interesantes, son terroríficos, pavorosos”, bromea Vélez.

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Estos tres cuerpos de agua vinculan la casa con un quiosco, donde funciona un comedor informal. Esta estructura también tiene dos niveles, el segundo está alineado y directamente relacionado con la vivienda, mientras que en el piso inferior (en la parte posterior) funciona el cuarto de máquinas y una pequeña sala con vista hacia el otro estanque de la propiedad, donde abunda la vegetación tropical. Diseñado para disfrutar del paisaje y del clima de esta región, este lugar cuenta con varios elementos típicos de la arquitectura de Vélez.

Entre ellos el techo de pasto, que se mimetiza con el entorno, “me gusta este recurso, pero para que funcione debe haber abundancia de agua, y es recomendable usar pasto de cancha de golf”, explica el arquitecto, quien impermeabilizó la superficie con un manto de PVC que no permite que pasen la raíces y afecten la estructura, y debajo del pasto colocó un microtextil.

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El cielorraso es una obra de artesanía, hecho con macana, guadua y tubería petrolera de acero. Las columnas que lo sostienen son de madera de reforestación, “una variedad que se llama Eucalyptus pellita. Aquí, como en el resto de esta propuesta, llama la atención la capacidad de Vélez para transformar elementos completamente ordinarios, como tubería petrolera de acero, platinas metálicas o varilla corrugada de construcción y elevarlos a un nivel casi escultórico. Esto puede apreciarse en las barandas y pasamanos de todo el proyecto, o en los cielorrasos de la casa, donde utilizó macana y concreto para crear una cuadrícula, que hace eco de la simetría tan importante para el diseñador.

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“El encofrado de la formaleta del techo está hecho en macana, puesta como espina de pescado, pero es uno perdido porque después de vaciar el concreto sobre él no se retira”. El marco blanco que las rodea es de concreto vaciado sobre tubería de PVC cortada al medio, de esta manera el material adopta la textura del tubo, que es liso y cuando se retira queda con un acabado esmaltado. “Estas molduras alivianan el concreto, que deja de ser un elemento macizo y brutalista”.

El arquitecto resalta que aunque es conocido por su trabajo en guadua, la única parte donde usó este material fue en el techo del quiosco. “Uno no es arquitecto de guadua, uno es arquitecto de muchas cosas”, concluye.

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