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Una con su entorno

Esta casa se posa en la parte más alta del terreno para aprovechar la vista sobre la sabana. Su arquitectura y estrategia de sostenibilidad demuestran un profundo entendimiento del terreno.

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A  partir de un diseño sencillo y lineal, amable con su entorno y utilizando materiales fácilmente identificables con el contexto local, esta casa (de alrededor de 600 metros cuadrados) se inserta en un ambiente privilegiado, rodeada del verde intenso de la sabana de Bogotá. “Planteamos una arquitectura tranquila, respetuosa y sobria, donde el paisaje es protagonista”, comenta el arquitecto David Restrepo, quien junto con el arquitecto Alejandro Vélez fue el encargado del diseño arquitectónico y la construcción de esta vivienda. El interiorismo estuvo a cargo de la diseñadora de interiores Ana Sol Echavarría, quien terminó de consolidar el carácter que buscaban los propietarios: generar un espacio de descanso, alejado de la ciudad, en contacto permanente con la naturaleza.

La construcción se posa en la parte más alta del terreno, el costado suroccidental, aprovechando las amplias visuales sobre la sabana, abarcando con un solo golpe de vista la silueta de las montañas y disfrutando del lejano skyline de Subachoque, con las cúpulas de sus iglesias y su arquitectura colonial. La fachada que da frente al acceso, de carácter masivo y cerrado, compuesta por cinco tipos de ladrillo, ofrece variaciones en su traba –celosías, colores, texturas, cambios en los plomos y aperturas controladas–, generando un juego dinámico de luz y sombra al transcurrir el día, y un sentimiento de expectativa frente a lo que se puede encontrar al entrar. 

El visitante es recibido por una amplia dilatación entre los dos volúmenes que componen la vivienda, la cual alberga el parqueadero y marca el ingreso. A la derecha se ubica el ala de servicios, que contiene las áreas de apoyo y un apartamento de invitados, que goza de total privacidad. A la izquierda está el cuerpo principal, que acomoda el resto del programa. Rematando la circulación de acceso a este último se encuentra una biblioteca, para luego abrirse completamente la vista sobre el espacio social. “Queríamos una casa fluida, sin muchos muros ni divisiones, un interior muy integrado”, recalca el arquitecto.

Salón, comedor y cocina se suceden en un solo espacio, integrado, lineal y continuo, que goza de la vista ininterrumpida del paisaje gracias a los enormes ventanales de piso a techo que le dan frente. Y es que, contrastando con la fachada hacia el acceso, cerrada, controlada e íntima, la cara hacia el oriente se abre completamente para fundir los ambientes interiores con el exterior. Un poco más allá aparecen las habitaciones, un tanto más resguardadas, pero también orientadas y dispuestas para aprovechar la vista. La cubierta, diseñada a una sola agua y compuesta por una serie de vigas de madera, abarca ambas alas de la casa y enfatiza la linealidad del diseño. Dilatada de los volúmenes que la sostienen, aparece flotando ligera sobre toda esta sucesión de espacios.

En la parte superior del muro de fachada, una ventana continua no solo marca la dilatación mencionada, permitiendo la entrada de iluminación natural mientras recalca el contraste entre el muro masivo y la liviandad de la cubierta, también hace parte fundamental de la estrategia de sostenibilidad de la casa, pues captura el sol de la tarde, calentando los espacios interiores en los momentos más fríos. La eficiencia energética, la utilización racional de los recursos naturales y el confort térmico fueron conceptos fundamentales, no solo al pensar esta dilatación, sino al plantear el diseño general de la vivienda. La casa no se posa directamente sobre el terreno. Su estructura la aísla del suelo para que el frío no penetre por la parte inferior. De igual manera, la ventanería utilizada es de carácter térmico, que permite la entrada de la luz natural y el calor del sol, pero evita la pérdida de temperatura en las noches. Con este mismo concepto, los muros dobles de ladrillo, con su masa térmica y su aislamiento interior, impiden que el calor se pierda en los momentos en que más se necesita.

La cubierta también cumple su función en el manejo de los recursos naturales, pues a través de unos colectores ubicados al final de los bajantes (y en otros puntos estratégicos del lote) recoge y conduce las aguas lluvias hacia un reservorio construido en el centro del terreno, de donde luego pueden ser tomadas para el riego de la vegetación nativa, el cultivo de la huerta y otros oficios varios. El planteamiento paisajístico sigue esta misma línea a partir del concepto de crear pequeños bosques con vegetación compuesta en su mayoría por variedades nativas, como el chicalá, el pino romerón o los alcaparros. Complementados con otras especies menores, estos árboles consolidan la flora local, atraen pájaros y no demandan un consumo excesivo de agua en su mantenimiento.  A partir de una arquitectura respetuosa, de su materialidad, orientación, estrategia de sostenibilidad y del entendimiento de su entorno natural, el diseño de esta vivienda responde a los planteamientos del lugar en que se posa, mientras ofrece a sus habitantes el confort, calidez, luz y tranquilidad que hacen posible el disfrute y descanso que imaginaban.  

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