¿El piano va en la cocina?

Más que representar una corriente, la propuesta de interiorismo en este apartamento busca adaptarse a la nueva etapa que viven sus propietarios: unos jóvenes padres. Todo esto sin perder su original estilo.

0

Con la llegada de su primogénito, esta joven pareja tomó la decisión de buscar un nuevo hogar. Consideraron necesario salir de su apartamento con espacios abiertos –todo estaba integrado, menos las dos habitaciones– para buscar uno de distribución clásica, con mayores comodidades y privacidad para criar a su pequeño. Tras la búsqueda encontraron este apartamento de 260 metros cuadrados, ubicado al norte de Bogotá. Cada una de las tres habitaciones tiene baño, y la cocina puede aislarse de la sala y del comedor con una puerta corredera enchapada en madera. Además, cuenta con facilidades como baño social, sala de estar, despensa, zona de lavandería y cuarto de servicio. Y la terraza, a pesar de su pequeña dimensión, es un lugar sobresaliente por el aprovechamiento de la vista sobre la ciudad y la gran cantidad de plantas que su propietaria escogió. “El apartamento tenía un estilo conservador, nosotros queríamos algo más juvenil. Sentíamos que los pisos de madera oscura le robaban luminosidad, así que los cambiamos por madera estructurada blanca”, comenta la propietaria. Eliminaron también las alfombras de los cuartos para lograr continuidad al usar el mismo material de las zonas comunes.

El piano va en la cocina

Para la cocina intentaron utilizar el mismo piso, pero este cambio requería una obra compleja, por ello decidieron dejar el porcelanato original. No obstante, este lugar tuvo tres reformas puntuales que lo transformaron en un ambiente único y especial. Una de sus paredes fue cubierta con pizarra magnética de tono azul, ideal para dejar notas o para que el hijo de la pareja dibuje con tiza sin ningún inconveniente. Por otra parte, uno de los muebles que daba contra la ventana fue eliminado para ubicar un piano que data de 1800. “Perteneció al bisabuelo de mi esposo, llegó de Alemania por el río Magdalena”, y aunque afirma que le hubiese gustado tenerlo en la sala, aquí da calidez al espacio, y es un elemento fuera de lo común. Por último, lo que a la distancia se percibe como un salpicadero enchapado con baldosas hidráulicas, al acercarse se evidencia que es un trabajo de pintura realizado por la firma Cement Design.

El piano va en la cocina

El comedor resume el estilo decorativo de esta pareja. Aunque todas las sillas son distintas, mantienen un hilo conductor cromático que va del blanco al transparente. Y son diferentes por una sencilla razón: les parece poco original ir a un almacén y comprar un juego de mobiliario en el que todo combina. Las piezas que componen este apartamento son de diferentes procedencias, ya sea de su vida como solteros, otras heredadas, pero la gran mayoría las han encontrado poco a poco, casi de manera casual…, y cada una está allí porque los cautivó. El arte es otro aspecto fundamental de este lugar. Desde pequeña la propietaria ha estado inmersa en ese mundo y en cada una de las paredes cuelga una obra. Artistas como Ana María Rueda, Alejandro Obregón, Luis Luna y Fernando Botero, por solo mencionar algunos, están presentes. Por último, la propietaria, que es diseñadora industrial, sacó todos los muebles de los cuartos para crear piezas a la medida de los espacios. Objetos como la cama de la habitación principal imprimen un sello más personal a este apartamento, difícil de encasillar en un estilo puntual. De hecho, sus propietarios no buscan reflejar una corriente de diseño, sino convertirlo en el hogar donde su hijo va a crecer.

El piano va en la cocina

//revistaaxxis.com.co

COMPARTIR