La increíble restauración de un edificio en Barcelona de 1900 convertido en viviendas de lujo

Por Fuente v2com - Fotografías créditos: Jordi Folch y José Hevia
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Mayo
26 - 2020
Luego de una cuidadosa restauración, este edificio en Barcelona, España –que data de inicios de 1900–, alberga diversas tipologías de vivienda, todas con algo en común: el respeto por su arquitectura e interiorismo.

S ituada en Barcelona, España, la Casa Burés fue construida entre 1900 y 1905 por el arquitecto catalán Francesc Berenguer i Mestres (1866-1914), colaborador cercano del máximo representante del modernismo catalán, Antoni Gaudí (1852-1926). Su nombre proviene del primer propietario, Francesc Burés, hombre de negocios reconocido por tener una de las empresas textiles más exitosas del país europeo.

Este edificio de 7.700 metros cuadrados, distribuidos en seis pisos, está catalogado desde 1979 como patrimonio cultural, por lo cual disfruta de una alta protección. Sin embargo, permaneció abandonado durante varios años, en los que algunas partes fueron vandalizadas.

Después de tres años de un juicioso trabajo de renovación, Casa Burés se ha convertido en uno de los edificios de estilo modernista más representativos de Barcelona. Su arquitectura e interiorismo fueron respetados y restaurados según los requisitos reglamentarios, con una alta sensibilidad por parte de los involucrados: desarrollador, autoridades de la ciudad, equipo del proyecto, artesanos y expertos.

Su diseño interior

Las firmas catalanas Estudio Vilablanch y TDB Arquitectura realizaron el interiorismo de Casa Burés por encargo de Bonavista Developments. El desafío consistía en remodelar un edificio histórico sin comprometer la riqueza de su arquitectura, patrimonio de Barcelona, y a la vez adaptarlo a las necesidades regulatorias y funcionales contemporáneas en términos de distribución, tecnología, seguridad, accesibilidad y comodidad.

Los arquitectos e interioristas implementaron una estrategia clave para el proceso, que consistió en restaurar todos los elementos arquitectónicos y decorativos existentes, y agregar nuevos materiales solo cuando fuera estrictamente necesario.

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El equipo definió tres conceptos de diseño interior para este edificio, que coinciden con las cualidades intrínsecas de cada espacio. Primero, los tres lofts y las áreas comunes recuperaron su carácter industrial. Luego, dos residencias de corte palaciego fueron restauradas con respeto por los objetos modernistas existentes
y, finalmente, 21 apartamentos fueron concebidos como hogares contemporáneos con piezas llenas de historia.

Recuperar el carácter industrial

La planta baja y el sótano fueron utilizados originalmente por la empresa textil de Francesc Burés. No tenían una decoración modernista, sino un fuerte carácter industrial. El nuevo concepto interior rescató su esencia al dejar al descubierto grandes espacios abiertos con techos altos, pisos de concreto, columnas de hierro y viejas paredes de ladrillo.

 

En esta remodelación, transformaron la planta baja en tres lofts y el sótano en áreas servicios para uso comunitario, como piscina, spa, gimnasio, bodega, cocina abierta y espacios para eventos sociales, entre otros.

Respeto por la historia

La residencia palaciega de Burés, ubicada en el piso principal, fue dividida en dos apartamentos de 500 metros
cuadrados. Al ser el nivel más rico en elementos modernistas, todos fueron cuidadosamente restaurados: vidrieras, decorados de madera, techos y paredes con frescos.

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En el proceso de restauración agregaron nuevos materiales cuando fue necesario. Asimismo, eligieron muebles refinados, poco ornamentados, ligeros y de colores en armonía con el espacio para resaltar los valiosos objetos históricos y generar una composición respetuosa.

Contraste entre nuevo y viejo

Los apartamentos de los pisos superiores, en un principio concebidos para alquiler, fueron transformados en un total de 16 unidades más cinco áticos. Estas 21 residencias combinan espacios modernistas con otros más contemporáneos.

 

En las áreas interiores de los apartamentos, donde los elementos originales no existían o no se podían preservar, la decisión de los arquitectos fue incorporar nuevos materiales que permitieran el contraste entre lo viejo y lo nuevo: el color blanco y la madera de roble fueron agregados para resaltar las piezas de época.

Este, sin duda, es un proyecto de restauración que impacta por su resultado, pues otorga una nueva vida a un importante edificio que perdía brillo con el paso de los años. Acá la historia se escribe a través de los detalles de su interiorismo, que recuerdan los palacios de tiempos pasados. ■

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