Villa Astrid, una casa en la roca

Construir una espaciosa villa sobre un afloramiento rocoso en la costa occidental de Suecia pudo haber sido una misión imposible para muchos arquitectos. Para Gert Wingardh fue una oportunidad para explotar el potencial constructivo de la dinamita. 0

El reto, ciertamente, estaba en el terreno de 700 metros cuadrados, situado en una escarpada roca donde los propietarios querían construir una espaciosa quinta de dos pisos con vista a la agreste costa del sur de Gotemburgo.

Las estrictas normas de planeación en cuanto a la altura sugerían que el resultado fuera una edificación de un piso, de manera que los propietarios acudieron al galardonado arquitecto Gert Wingardh, un pensador ingenioso que no se deja confundir por las reglamentaciones.

“Era un sitio complicado, con una escarpada roca al fondo que daba a la vía que llegaba a la casa. Por eso la diseñé siguiendo una forma de “V”, a fin de hacer un mejor uso del espacio. Dado que los dueños querían dos pisos y las normas establecían que los muros no podían medir más de 3,5 metros de altura, mi solución consistió en volar la roca con dinamita”, revela Wingardh.

Esto significó que la quinta se pudiera construir, por así decirlo, de arriba hacia abajo, con las alcobas en el piso inferior y una gran área de estar a nivel del terreno con una terraza hacia el mar.

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El diseño implicó la voladura de seis metros de roca para nivelar la superficie, lo que tomó cerca de una semana. Los dos costados principales de la casa, hacia la parte trasera, se construyeron alrededor de un pequeño patio interior de madera que agrupa las habitaciones. Las paredes de la “V” hacia el fondo siguen el corte de la roca hasta la superficie del terreno.

Esto hace que la piedra aparezca en la vivienda en algunos puntos: en el baño principal forma uno de los muros y, además, se insinúa en un rincón de la sala. “No fue un problema el incorporar la roca a la estructura y más bien es una característica bastante inusual verla aparecer en algunos espacios”, dice Wingardh. La mayoría de quintas se construyen para apaciguar la naturaleza, en cambio esta gira en torno del sentido dramático de su ubicación.

A la edificación se ingresa por el nivel del terreno. Allí se encuentra una alcoba de huéspedes y, enseguida, un espacio con grandes vidrieras por dos costados, con un esquema de plano abierto para la cocina, el comedor y el estar, este último donde los dueños, ambos vinculados con la industria farmacéutica, trabajan cuando están en casa. “Este diseño es interesante porque no se puede adivinar desde fuera. Solo cuando se entra se revela que se trata de una estructura de tres niveles, si se incluye el mezzanine suspendido sobre el estar”, explica el arquitecto.

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Grandes espacios y cielorrasos altos

Una escalera confinada de vidrio opalizado, que hace las veces de pasamanos y de baranda, baja al piso donde están la habitación principal, las dos alcobas de los niños y dos baños. Aunque no es tan luminoso como el nivel superior, el tener puertas deslizantes de vidrio de piso a techo en los dormitorios admite suficiente iluminación ambiental.

El interior, de acuerdo con Wingardh, es “cálidamente escandinavo. Es contemporáneo, con bastantes puertas corredizas de vidrio y grandes ventanas, paredes blancas y madera de fresno por todas partes”. La excepción está en la alcoba principal que se enchapó en pizarra negra, lo que establece un fuerte contraste con el resto de la casa. Para la iluminación, se instalaron algunas balas halógenas, pero en su mayoría la claridad proviene de simples lámparas.

“En realidad, no hay riesgo de fallar cuando se tienen grandes espacios y cielorrasos altos. Y cuando la vista es así de buena, no hay necesidad de extenderse en detalles como cortinas vaporosas o papeles de colgadura sofisticados. Puedes mirar el clima, lo cual es maravilloso, y en la noche, como las superficies de vidrio están ligeramente anguladas, tienes unos magníficos reflejos”, comenta Wingardh.

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Como sucede con todas las viviendas suecas construidas recientemente, prestaron gran atención a la compatibilidad ambiental con ventanas de doble vidrio y calefacción de bajo consumo incrustada en las placas de los pisos.

La casa fue erigida con concreto, incluso la cubierta, a la cual aplicaron espuma aislante antes de enchaparla con láminas de cobre con pátina negra que con el tiempo tomarán un tono verde. “El resultado de esta doble impermeabilización –sostiene Wingardh– es una edificación fácil de mantener, segura y muy eficiente en términos de consumo energético”.

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