Villa Brask, una casa de verano en Dinamarca

Jesper Brask empleó casi seis años para hacer realidad una casa de verano al norte de la isla de Selandia, en Dinamarca. En su construcción utilizó madera de los pinos talados para abrirle lugar en el entorno. 0

La arquitectura de ensueño usualmente tiene como centro el deseo de conectarse y coexistir con el entorno, más que de dominarlo. La Villa Brask, una casa de verano ubicada al norte de Selandia, Dinamarca, en el sector conocido como la riviera danesa, resume estas aspiraciones al acomodarse nítidamente entre los árboles de la costa y al usar para la construcción los elementos del ambiente en un sentido literal: los 150 pinos austriacos talados para abrirle lugar a la vivienda fueron aprovechados como material para este nuevo hogar.

La aventura de levantar su refugio de pioneros en un terreno de 4.000 metros cuadrados, tarea que les tomó cerca de seis años.“Lo primero que hicimos fue talar 150 pinos austriacos para abrir un claro para la casa y fue entonces cuando se nos ocurrió la idea de usar la madera para la construcción. Por ello, localicé un contratista local que tenía un aserradero portátil y le pedí que sacara vigas largas de los troncos, las cuales dejamos secar durante unos tres años”.

Este lapso le dio a Jesper, socio de la firma de arquitectura Brask and Leonhardt, suficiente tiempo para trabajar en el diseño de la primera casa campestre que construiría para su propia familia.

Finalmente, la idea de la Villa Brask que se materializó fue crear un refugio de bajo impacto en el bosque, adaptándolo al paisaje y aprovechando la vista a los alrededores. “Cuando estás en la casa puedes sentir la presencia de los árboles de 20 metros de altura que la rodean; se ven mucho

El arquitecto danés Jesper Brask, quien diseñó la casa para su familia, contó en el proceso con la participación de su esposa Lene y de sus tres hijos; juntos emprendieron más grandes desde dentro”, comenta el arquitecto.

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Para generar la sensación de ligereza y apertura utilizaron una estructura de acero elevada del suelo por medio de pilotes. Grandes superficies de vidrio exponen la casa a la luz cambiante de las estaciones. “Me esmeré en que el impacto del refugio en el paisaje fuera mínimo –que desapareciera entre el bosque– y para conseguirlo usamos una estructura de parales delgados de acero galvanizado. También queríamos que la línea del techo se proyectara sobre la vivienda de manera que formara un remate transparente en la parte posterior, donde instalamos ventanas de cinco metros de alto dirigidas al noroeste, porque allí tienes el sol del poniente que resalta la silueta de los árboles”, explica.

El corazón de este espacio lo ocupa un elemento unificador tradicional: la chimenea construida con ladrillos claros, como los que usó el suizo Peter Zumthor en el museo Kolumba de Colonia. Monumental, este elemento contiene tres áreas de fuego: el hogar central que calienta la casa, el externo y el horno de la cocina.

Y como reflejo a escala de la casa de 93 metros cuadrados, tanto en forma como en lenguaje arquitectónico, está el estudio adyacente de 43 metros cuadrados, que también funciona como alojamiento para huéspedes. Igualmente, la versión mini de la Villa Brask atiende las necesidades de almacenamiento de los propietarios, así como la característica esencial del estilo de vida de todo hogar finlandés: el sauna, adición ideal para una familia que ama la vida al aire libre. “Lo que buscábamos –y creo que lo conseguimos– era un hogar sencillo y honesto”, concluye Brask.

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