Vivir frente al mar

Bajo el cielo de Barú, esta casa se impregna de la isla. Superficies blancas y pisos claros generan una atmósfera apacible, inundada de la luz que rebota de los muros, llenando cada estancia.

0

Su carpintería de madera en puertas y ventanas, pintada de azul claro, recuerda las arquitecturas vernáculas de las islas mediterráneas. La materialidad de la casa y de los objetos que en ella se disponen hacen alusión a una estética de lo marítimo; muebles fabricados con maderas que muestran sus vetas, remos sobre las paredes, troncos traídos por la marea, tapetes en tonos crudos, instrumentos de navegación ya oxidados convertidos en ornamentos…, cada pieza cuidadosamente seleccionada, cada rincón diseñado al detalle.

La zona social se abre hacia una terraza protegida por una pérgola y se extiende, descubierta bajo la luz del sol, para albergar una piscina y un jacuzzi. Un árbol cercano arroja su sombra sobre el piso de piedra mientras los volúmenes de la casa se rematan con jardineras en las que crecen flores de colores.

Cada habitación genera un área recogida, articulada con el exterior mediante aperturas controladas con persianas. La alcoba principal, además de configurarse para el descanso, se concibe como un espacio en el que la lectura y la reunión se propician a través de la implementación de una pequeña sala dispuesta en una terraza.

Finalmente, hacia el mar aparece una zona social abierta en la que la contemplación del paisaje acuoso sucede bajo un techo de madera. La espacialidad y la atmósfera de la casa encuentran aquí un punto final en el sonido de las olas a merced de la brisa en el atardecer tropical. Interiorismo: Natalia Londoño y Claudia Jaramillo

Cocina, comedor y salón se comportan como un solo espacio definido por la posición del mobiliario.

//revistaaxxis.com.co

COMPARTIR