Una escuela que enseña desde la arquitectura a reconectar con la cultura y la tierra

Esta es una escuela infantil en Camerún que reinventa los espacios educativos siguiendo los principios de la arquitectura ancestral africana.

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El diseño de la escuela infantil African Flow surge de la voluntad de desarrollar nuevos métodos educativos en África. El equipamiento escolar, impulsado por las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret y situado en Soa, cerca de Yaoundé, capital de Camerún, se organiza como un sistema continuo de ecosistemas (montaña, sabana, aldea y bosque) que conectan a los niños con sus orígenes y su cultura.

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En esta escuela, los niños van moviéndose a lo largo del día a partir de un movimiento fluido entre diversos espacios, donde desarrollan habilidades en contextos diferenciados y donde interactúan con otros estudiantes y con el proyecto a través de diversas escalas de relación.

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De este modo, esta obra, realizada por Vicente Guallart y Daniel Ibáñez de la firma Urbanitree, se construye alrededor de un patio central donde los espacios interiores están organizados a través de cuatro ecosistemas que se conectan a través de un corredor. Cada ecosistema cuenta con elementos reconocibles para los niños, lo que ayuda a estructurar la actividad diaria que se realiza en la escuela: 

Montaña: es un lugar para la inspiración y la creación y cuenta con una gruta que permite aislarse a los niños, para desarrollar momentos introspectivos.

Aldea: es un espacio de intercambio y relación, con una capilla concebida como un ámbito abstracto, donde la luz y los muros perforados propician el silencio y la reflexión comunitaria.

Sabana: es un gran espacio lineal que permite agrupar los niños en un formato educativo de “fuego de campamento” y jugar por el suelo y mediante gradas,

Bosque: es un espacio de relación entre el interior y el exterior, que tiene un árbol construido como un lego que permite habitarlo situado junto al pequeño bosque natural.

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A lo largo del día los niños llevan a cabo actividades, respondiendo a los espacios que los acogen, con momentos como: la asamblea general donde se reúnen con los maestros, la estimulación a través de bits de información, el ejercicio con barras de braquiación y escaleras, la reflexión en un espacio que inspira espiritualidad, el juego en el patio central, la exploración realizada en pequeños grupos, la experimentación en el laboratorio de materiales o la música, utilizando instrumentos locales.E

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En cuanto al diseño de la escuela, la obra recurre a patrones geométricos primitivos y sistemas constructivos de gran sencillez, que emergen naturalmente del uso de los materiales utilizados. Además, la topografía original del terreno ha permitido crear un segundo nivel donde vivirá inicialmente la comunidad que gestiona el African Flow.

Detalles del diseño de la escuela

Construir en un país africano con un proyecto diseñado por un equipo europeo solo puede abordarse como un proceso de aprendizaje mutuo. El desafío estaba en descubrir cómo un proyecto de pequeña escala podía enseñar nuevas formas de construir, ser capaces de inspirar a la comunidad local y, al mismo tiempo, resonar globalmente. En el contexto de la economía mundial actual, el llamado “progreso” suele traducirse en la introducción de procesos industrializados, sistemas y materiales que buscan estandarizar los resultados.

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En este caso, el objetivo no fue únicamente diseñar y construir un edificio, sino reinventar el proceso constructivo en Camerún: emplear materiales locales de baja huella de carbono; establecer acuerdos con proveedores para vender sus productos en el mercado local; formar y capacitar a trabajadores; y, finalmente, educar a docentes para que expliquen el proyecto como parte de una pedagogía social que refuerce el empoderamiento colectivo.

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El uso de materiales locales

Para construir African Flow se ha realizado una labor de investigación para implicar a industriales locales, que tradicionalmente exportan sus productos a China o Europa. De este modo, el resultado fue una estructura construida con azobé, una madera local de muy alta densidad, capaz de resistir a las termitas.

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El proceso de construcción se ha realizado por operarios locales que nunca habían trabajado con madera, desarrollando así un proceso de aprendizaje colectivo que podrá ser reproducido en futuros proyectos y fomentar una construcción de bajas emisiones en un contexto de rápida urbanización.

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Por otro lado, los cerramientos se realizan con ladrillos de tierra prensada que utiliza diversos patrones y que permite tamizar la luz entre interior y exterior. De esta manera, hay una continuidad entre la tierra local, de color rojizo, y el edificio que se asienta en ella. Se seleccionó un proveedor local de ladrillos de tierra que utiliza una tecnología muy básica para su fabricación. 

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En el interior se utilizan maderas locales como el iroko, el sapeli, el doucier o el mouvingui, que es el mundo se consideran maderas tropicales y que normalmente tienen precios elevados, pero que en la escala local es una madera de uso corriente en Camerún. 

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La torre de agua del complejo —que tradicionalmente se realiza en hormigón— se imaginó como una estructura espacial de madera cubierta con una superficie fotovoltaica que permite que el edificio pueda tener permanentemente agua y electricidad, en un entorno donde los cortes de suministro son contantes.

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El resultado es un espacio reconocible para la comunidad, construido con una arquitectura ancestral que se adapta al entorno, que utiliza uso de materiales locales e integración la cultura en el diseño, y que utiliza patrones geométricos y sistemas constructivos de una gran simplicidad. 

El complejo crecerá en los próximos años hasta poder ofrecer un ciclo educativo completo, desde la escuela infantil hasta la educación secundaria.

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