Las complejas triangulaciones que se ven en el techo, revestido con madera, aluden a las formas exteriores de esta vivienda, ubicada en Montreal (Canadá). Su relación con la naturaleza le permite funcionar como un refugio con vistas al lago Mont Tremblant.

Todo esto, que condiciona la experiencia que se vive en la casa, se condensa en esta cocina , que se conecta con los demás espacios y con el exterior boscoso. Una de esas vías de comunicación es precisamente el techo, el cual, según sus arquitectos, modula el volumen interior: más bajo y acogedor en la sala de estar, se eleva gradualmente en la cocina para culminar en una imponente claraboya en lo más alto de la cubierta, complementando la entrada de luz natural, también soportada por la ventana horizontal de la encimera.

Además, la cocina se extiende en forma natural hacia una terraza exterior equipada con barbacoa, comedor y salón con chimenea. Estos espacios al aire libre se alinean con el eje principal de circulación de la casa, que es el gran corredor que la atraviesa y enlaza con otras áreas más privadas, como la habitación principal.

Los arquitectos de MU Architecture echan mano de una paleta de materiales refinada para el diseño: madera natural en los muebles bajos, mármol veteado en las superficies de trabajo y un juego de blancos y grises que aporta profundidad, pero sin robarle protagonismo al entorno.

Todo aquí está pensado para fluir: desde el equipamiento empotrado hasta la isla central, que actúa como columna vertebral del espacio y punto de encuentro cotidiano.
Nos encanta del diseño de esta cocina
1. La luminaria que se suspende sobre la isla para complementar la luz natural.
2. La parte visible de la cocina, que se conecta con el comedor, permanece limpia y despejada, pues una pared esconde una despensa con equipamientos de servicio.
3. Tanto el lavaplatos como la encimera tienen vista hacia el exterior, lo que permite usar este espacio de la casa sin perderse de su entorno.
