Lúmina : Distrito Cultural y Gastronómico es, en palabras de Andrés Gutiérrez , director de Arquitectura de Cine Colombia, “un proyecto para recorrer, no para esperar”. Esa es la clave de esta nueva apuesta de la compañía Cine Colombia, en la que cine, gastronomía y cultura confluyen bajo un mismo techo, que llama a sus visitantes a explorar todos sus rincones. El proyecto comenzó en 2015, como un complejo de salas de cine de última tecnología. La pandemia obligó a repensar su alcance, y fue entonces cuando Munir Falah, CEO de la compañía, planteó un viraje hacia una experiencia integral. “Munir prácticamente se volvió un arquitecto, lideró las ideas culturales y gastronómicas y nos impulsó a reinterpretar todo lo que ya estaba diseñado”, recuerda Gutiérrez. Con el equipo in-house de Cine Colombia, tomaron como base la estructura en construcción y proyectaron un conjunto de 14.000 metros cuadrados, distribuidos en cuatro niveles, dedicados no solo al cine sino también a la generación de una experiencia cultural y gastronómica completa.

El vestíbulo principal condensa la atmósfera del lugar: una doble altura coronada por un cielorraso geométrico que combina proporción, iluminación lineal y una acústica precisa. Bajo ese entramado, las gradas —con piso de madera natural roble castaño resistente a la humedad, de la marca Quick-Step e importado de Bélgica por la compañía Albornoz— sirven de conector y estancia, un espacio de reunión frente a la zona gastronómica, apto para albergar desde conversaciones íntimas hasta conciertos de la Orquesta Sinfónica de Bogotá, como el que se presentó el día de su inauguración. Sobre el diseño y la arquitectura de Lúmina La fachada de vidrio provee control solar mientras filtra la luz y, en conjunto con aberturas y vacíos, activa un sistema de ventilación natural tipo termosifón —o efecto chimenea, donde el aire caliente sale por las partes más altas, mientras el frío ingresa por las aberturas—, que garantiza total confort en el interior del espacio. Materiales nobles —concreto a la vista, madera alistonada, muros blancos y grises— mantienen la sobriedad y calidez del conjunto. El complejo alberga siete salas y 670 sillas, todas preferenciales, pero el programa se expande mucho más allá. A medida que se asciende aparecen espacios de coworking , café y tres hitos diseñados para darle a Lúmina su carácter gastronómico y cultural: Incontro, Crítico y el rooftop.
Concebido como un lugar de mantel blanco, Incontro es un restaurante italiano que se divide en dos atmósferas: un pianobar urbano que se abre a la carrera séptima y un comedor formal con una altura más baja y ceremoniosa. “Queríamos un restaurante clásico y contemporáneo, cómodo y elegante, pero nunca pretencioso”, explican Laura Urrutia y Verónica Parra, fundadoras de Ele Ve Design Studio, quienes trabajaron de la mano con el arquitecto Mauricio Torres para desarrollar el interiorismo de los espacios. La materialidad es protagonista: piso de madera natural Roble Pisa Herringbone, de la marca Castro Wood e importado de Portugal por Albornoz, piedra de mármol travertino, bronce, cueros y textiles. En el mobiliario se combina tapicería fija diseñada en Colombia con sillas de la marca italiana Poltrona Frau. El pianobar —con un piano Steinway & Sons de 1932— luce un telar monumental del diseñador textil Jorge Lizarazo, inspirado en el paisaje montañoso, mientras que en el comedor hay una lámpara escultórica de Federico Stefanovic; ambos objetos enaltecen la escala de los espacios.
El arte aparece en todas partes, incluyendo la obra de Santiago Parra en el foyer y las fotografías de Hernán Díaz, cedidas por la galería El Museo, para verlas de manera itinerante. La cocina se exhibe tras una ventana al comedor, como un gesto de transparencia que involucra la comida a la experiencia cultural integral, fresca y vital. Mientras Incontro exhibe la elegancia italiana, Crítico —el bar— se adentra en la penumbra con el espíritu de un speakeasy , un refugio íntimo. En este producen un ambiente táctil y contrastado a partir de una piedra exótica que mezcla el blanco y el negro en la barra, las paredes revestidas en papel tejido a mano y el piso de planchas quemadas —también de QuickStep e importada por Albornoz—, que muestra la técnica japonesa de Yakisugi, que consiste en la carbonización de la superficie de la madera para resaltar sus vetas. El mobiliario es una combinación de sillas de la marca brasileña Jáder Almeida con sofás y poltronas en terciopelo, diseñados por Ele Ve Design Studio y fabricados por Criscolit. En el cielo, espejos y alistonados de madera aportan reflejos sutiles que potencian la iluminación cálida, diseñada por EntreLuz Estudio. El resultado es un espacio de atmósfera envolvente, pensado para prolongar la charla en la penumbra. El último nivel, la terraza, se abre completamente hacia los cerros y la ciudad. Un lugar interior-exterior que busca evitar la lógica de la plazoleta de comidas tradicional. Mauricio Torres resolvió la distribución arquitectónica de los puestos de comida tipo fast-casual — pizzas , hamburguesas, sushi , panadería—, y definió, junto con Ele Ve, los acabados para transformar el espacio en un escenario orgánico, dotado con mobiliario de la firma belga Tribù.

“El concepto siempre fue un ambiente que evocara el verano, acogedor y descomplicado, que enalteciera la vista a los cerros”, señalan las diseñadoras. Los materiales son cálidos y claros: madera, ladrillo, piedra. El paisajismo, a cargo de Ramiro Olarte, se despliega en una matera orgánica ubicada en todo el costado sur y que se prolonga dentro del espacio, haciéndolo vivo y acogedor. Las pérgolas retráctiles permiten abrir el cielo o resguardarse de la lluvia, manteniendo siempre la idea de una terraza activa. Lúmina es, en esencia, una suma de capas. Una obra que se inició como múltiplex y terminó como distrito cultural y gastronómico, gracias a la visión de un CEO que se involucró como arquitecto, a la reinterpretación del equipo de diseño interno y a los aportes de arquitectos e interioristas especializados. El resultado no es solo un lugar para disfrutar del cine, sino un complejo urbano que amplía las formas de habitarlo: comer, beber, contemplar, trabajar, conversar. Una nueva geografía de lo cotidiano en la ciudad.
Cinco puntos para destacar de esta obra 1. La arquitectura rompe con el esquema lineal del múltiplex tradicional y propone una experiencia de descubrimiento entre gradas, vacíos y niveles conectados. 2. El vestíbulo, como corazón cultural, crea un espacio de doble altura, capaz de transformarse en escenario para conciertos y eventos. 3. Incontro, pianobar y comedor formal, se define por medio de materiales nobles, mobiliario internacional y obras de arte. 4. Crítico, el bar speakeasy , genera intimidad y penumbra, además de que prolonga la noche a partir de una atmósfera envolvente. 5. El rooftop, ubicado en la terraza abierta hacia los cerros, propone un espacio fresco y cercano a la naturaleza, reinterpretando la plazoleta de comidas tradicional.
