Una casa frente a las rocas de Suesca, Cundinamarca

Planteada con rigor y claridad racional, la casa está orientada por el sentido poético de una familia enamorada del paisaje que se emociona todos los días ante el espectáculo de una pared de roca. Un diseño del arquitecto Iván Baquerizo.

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Puede afirmarse que el deporte del montañismo en Colombia nació en las Rocas de Suesca, una formación geológica de dos kilómetros de longitud y alturas entre 20 y 130 metros ubicada en el norte de la sabana, a una hora de Bogotá. Por este acantilado se aventuró Erwin Kraus (1911-2000), bogotano de padres alemanes, que trazó las primeras rutas de escalada en 1938, siguiendo una pasión por la alta montaña que lo llevó a conquistar las cimas nevadas colombianas, entre las que se destacan los picos Colón y Bolívar en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Los paisajes de la montaña que cautivaron a Kraus, que además era pintor y fotógrafo, atrajeron a Suesca a otro fotógrafo, también practicante de la escalada, quien decidió establecer su casa directamente enfrente del espectáculo impresionante de las rocas.

Desde los primeros esquemas del diseño, a cargo de Iván Baquerizo, la idea consistió en relacionarse con el sitio a través de la claridad geométrica que sugieren los bloques de piedra tallada. Formado en la Universidad de los Andes, y profesor de su Facultad de Arquitectura, Iván encontró inspiración en las Case Study Houses, un ejercicio convocado en 1945 por John Entenza, director de la revista Arts & Architecture. Este consistía en proponer el diseño de casas familiares en zonas campestres de California, con el fin de difundir la arquitectura moderna entre el público norteamericano, lo cual se logró a través de realizaciones de arquitectos y diseñadores como Richard Neutra, Craig Ellwood y Charles y Ray Eames.

Iván planteó la semejanza con la piedra a través de la solidez de los muros de ladrillo cenizo confinados en la estructura de acero –de I.P Dólmen– que configuran la fachada de acceso. Desde el umbral se insinúa una transparencia hacia el paisaje, que se confirma al entrar en el espacio principal de la casa, adecuado como sala, comedor y cocina, donde el techo plano se levanta para abarcar la vista del acantilado y recibir directamente la luz del sol a lo largo del día. El frente de vidrio del estar se proyecta, a través de puertas corredizas, hacia una terraza en voladizo donde se hace evidente la separación entre la casa y el terreno, con lo cual el arquitecto consiguió aislar la construcción de la humedad y facilitar su mantenimiento.

Resuelta en 150 m2 en función de las necesidades del fotógrafo, su esposa diseñadora y su hijo, la casa combina su apertura hacia el paisaje con el sentido de calidez que dan los muros interiores de ladrillo a la vista y los pisos y cielorrasos de madera. Estos se complementan con toques blancos en el amoblamiento y con el acero en los accesorios y la dotación de la cocina.

El diseño interior, acorde con el acento moderno de la arquitectura, es de Carolyn Gilchrist y reúne piezas de mobiliario clásicas del siglo XX, como la silla de aluminio y cuero de Eames; diseños colombianos como la hamaca de San Jacinto de la sala, y objetos artesanales de madera y cestería. El dejar la estructura metálica y los muros de ladrillo a la vista, tanto en las fachadas como en el interior, supuso un trabajo minucioso de modulación de las dimensiones de espacios y materiales, para lograr un acabado de alta calidad. En el desarrollo del proyecto, Iván contó con la colaboración de Katherine Ruiz y de Juana Silva, integrantes de su equipo de trabajo.

 

Entre sus características técnicas, el diseño permite captar la energía del sol a través de las ventanas altas del estar, y del color oscuro de los muros de mampostería que retienen la radiación térmica. En la chimenea, una versión moderna de las antiguas estufas de hierro, se dejó el buitrón dentro del espacio para proyectar el calor al interior.

Las cubiertas planas recogen las aguas lluvias que se almacenan para riego para los sanitarios, y las aguas servidas tienen tratamiento en un pozo séptico con filtro de carbón y largos ramales de drenaje para compensar la saturación de humedad del terreno en tiempo de lluvias.Al integrar la lógica racional del diseño con la sensibilidad estética inspirada por el sitio, Iván Baquerizo consiguió hacer una casa transparente y sencilla donde una pareja y su hijo comparten la vida en la naturaleza ante el panorama de una formación geológica que disfrutan todos los días y conocen palmo a palmo.

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