CHESTER

Sinónimo de elegancia, el sofá Chesterfield vuelve a imponerse en la decoración. Este diseño inglés, como buen clásico, perdurará en el tiempo.

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Varias teorías sobre su creación hacen parte de la historia del famoso diseño Chester. La más popular involucra a Philip Stanhope, cuarto vizconde de Chesterfield, quien le encargó a un prestigioso ebanista el diseño de este sofá para selectos clubes. El mueble debía permitirles a los caballeros de la alta sociedad inglesa sentarse con la espalda totalmente recta, para evitar así posturas inadecuadas y formas poco gentiles.

Y así surgió en cuero, de fabricación artesanal y con colores como marrón, granate, verde y negro. Usualmente tiene capitoné o botones cosidos en sus brazos y su espaldar, los cuales están siempre a la misma altura. Sus patas de madera son cortas y torneadas; algunas versiones incorporan ruedas para su movilidad. Una de sus principales características está en su cuero que tiene un aspecto natural y deja ver sus marcas de origen, cicatrices y textura porosa, lo que vuelve única a cada pieza.

El Chester es un clásico, pero algunos diseñadores de prestigio lo han modificado usando telas como el terciopelo u otras de lanzados colores como el plateado y el blanco. De hecho, la firma Blofield, a cargo del diseñador holandés Jeroen Van de Kant, fue más allá y creó uno de plástico inflable que ya forma parte del mobiliario del Festival de Cannes y ha sido merecedor de varios premios. Sus antecedentes y su perdurabilidad en el tiempo demuestran que el Chester no pasará de moda.

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