PIEZAS CON HISTORIA

La atmósfera de este apartamento juvenil y luminoso está basada en los diversos elementos que la componen. Cada fragmento, cada detalle, tiene un trasfondo único.
Una mesa de madera para planchar, comprada en un anticuario del barrio Usaquén, en Bogotá, se convirtió en el comedor. Esta pieza tiene un hueco producido por el calor que generaba el electrodoméstico cuando estaba apoyado sobre ella; sus cuatro sillas son distintas –tres eran de la abuela de la propietaria–. Los marcos, adquiridos en diversos mercados de pulgas, exposiciones y viajes, son de distintos tamaños y formas, tienen dibujos, fotos de artistas como Frida Kahlo y espejos.

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Un interior diseñado para coleccionar historias: así se transformó este apartamento histórico

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Al ingresar a este apartamento un eucalipto se roba todas las miradas gracias a su ubicación, visible desde la ventana de la sala hasta la de la alcoba principal. Esta vivienda forma parte de un edificio, al norte de Bogotá, de la firma de arquitectos Jiménez y Cortés Boshell.

La dueña buscaba un hogar que tanto por su arquitectura como por su distribución, junto con su decoración y ambientación, invitara a estar en él. Los espacios debían ser acogedores y tranquilos para organizar comidas y fiestas, dado su gusto por la culinaria y por ser anfitriona. Por este motivo, la cocina está integrada tanto al comedor como a la sala y es ideal para reuniones, con la ventaja de que las alcobas están aisladas en el segundo piso.

Dos pisos componen este apartamento. En el primero están el hall de acceso, un baño y, un par de escalones más abajo, la sala, el comedor y la cocina como espacios independientes, pero integrados visualmente –las últimas dos áreas, separadas por un mesón blanco–. En el segundo nivel hay un hall de recibo de la escalera, la alcoba principal con su baño y una zona que puede servir como estudio o segunda alcoba, y un walk in closet.

La cocina, uno de los ambientes que más sobresale, tiene piso de madera para que el espacio se vea continuo e integrado. Detalles como la ventana sobre el lavaplatos, que permite ventilación e iluminación natural, y el largo mesón, que se incorpora incluso a la sala, generan un área funcional y cálida.

Esta vivienda está ambientada con las experiencias de su dueña, sus viajes, aficiones y gustos, los regalos que llegaron a sus manos y los detalles especiales que encontró en el camino. El valor de cada pieza está dado por su historia y recorrido, no por su costo.

Cada esquina revela una sorpresa y diversas perspectivas. El mobiliario está compuesto por sillas, sofás y mesas antiguas que compró en anticuarios de Bogotá y que intervino, retapizó y llenó de cojines con dos caras para que el espacio pueda cambiar.

Entre los tesoros está el baúl azul de viaje de su bisabuela, el cual en un rincón escondido tiene el nombre de la que fuera su dueña.

“Me encantan los muebles con historia y la idea de rehacer las cosas, tapizar…, me gusta que los objetos puedan cambiar. También soy una coleccionista de cojines”, explica.

Entrar en esta vivienda implica conocer un poco quién es su propietaria, recorrer junto a ella su mundo y toparse con sus gustos por la lectura, la fotografía, la culinaria, el diseño, los viajes y el compartir con amigos.

Este no es un apartamento decorado con una idea espacial clara y definitiva, “se trata de un recorrido de toda mi vida, que poco a poco y con el tiempo tuvo forma”, afirma la propietaria. Gracias a esto, su hogar adquirió con las historias de sus elementos una personalidad única.

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