El sorprendente diseño de esta granja lo hará querer vivir en el campo

El diseño de esta casa –concebida como una granja– se mimetiza con el paisaje arquitectónico típico de la región de Vught, en Holanda.

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En la arquitectura existen algunas tipologías que, por su vocación netamente utilitaria, carecen del interés del que gozan proyectos de carácter público o doméstico. Se trata de edificios que muchas veces no son habitados por personas sino por máquinas o animales, y ello define su constitución espacial, generalmente, a partir de un único espacio cubierto, sin más atributos que una gran altura y amplitud.

La granja, como complejo de producción agrícola y pecuaria, suele estar dentro de la anterior categoría. Pareciera ser simplemente un grupo de edificios rudimentarios –casa, granero, caballerizas, invernadero– dispuesto de manera más o menos aleatoria.

La restauración de esta cafetería lo dejará boquiabierto, mire aquí. 

Sin embargo, la arquitectura de este tipo de construcciones encierra una serie de valores espaciales, materiales y de emplazamiento que sirven de base para el diseño de esta casa campestre, encargada al célebre estudio holandés Mecanoo.

El sorprendente diseño de esta granja lo hará querer vivir en el campo
Crédito de la foto: Ossip Archictuur fotografie, cortesía: Mecanoo.

Con un área construida de 683 metros cuadrados, la residencia se fragmenta en tres volúmenes que delimitan un patio descubierto. La expresión del proyecto recoge las formas de las granjas holandesas tradicionales, típicas de la región de Vught donde se ubica.

Para su exterior eligieron el aluminio anodizado color bronce oscuro como único revestimiento. Utilizado en fachadas y techos de dos aguas, semeja las cubiertas de lámina de acero corrugado de los graneros vecinos. Al interior, la estructura y paredes de madera de abeto aportan calidez visual al espacio y refuerzan su carácter doméstico.

El cuerpo vertical, con tres pisos de altura, alberga las habitaciones y una azotea en la parte superior. Este se vincula –por medio de un corredor enterrado bajo un montículo– con un segundo volumen que contiene el salón, el comedor y la cocina, además de una pequeña terraza semiexterior. El tercero, al cual se accede por un patio, está desconectado de los demás.

Allí, un estudio de cocina con capacidad para veinte personas es el escenario de clases y talleres culinarios impartidos por los habitantes de la casa. Así, este proyecto rescata las cualidades de la arquitectura agrícola para asentarse en un contexto rural, pero refuerza al mismo tiempo la vida hogareña

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