Arquitectura antioqueña: entre las montañas y el cielo

En la arquitectura antioqueña los balcones, jardines, patios y terrazas permiten una vida adaptada a los pliegues de su geografía quebrada. Atrás queda el miedo de abrirse al privilegiado entorno.

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La arquitectura es una amalgama de muchas cosas al tiempo. Es un hecho técnico y económico; un bien de consumo sujeto a mercados inmobiliarios. También es una acción urbana, con dimensiones legales, sociales e, incluso, políticas.

Además, constituye un instrumento de gestión del territorio. Pero, sobre todo, es un acontecimiento cultural. En ella se materializan las idiosincrasias, costumbres y formas de vida de quienes la hacen. La construimos con ladrillos, concreto y vidrio, pero en especial con nuestras creencias. Durante la modernidad de la primera mitad del siglo XX, los grandes arquitectos europeos construyeron edificios que luego serían clasificados bajo la bandera del Racionalismo –también llamado Estilo Internacional–.

Se creía que estas obras podrían aparecer en cualquier lugar del mundo, sin importar clima, economía o tradiciones locales. Sobra decir que esta idea, aunque fue aplicada en muchos países, ha caducado. La arquitectura no es genérica. Por ello, en esta edición centramos la mirada en la que se hace en el departamento de Antioquia. Hablar de ella requiere entender, precisamente, el contexto local y preguntarnos sobre aquello que la hace diferente de otras en Colombia.

Arquitectura antioqueña: entre las montañas y el cielo
Una arquitectura abierta y permeable se impone, poco a poco, en Medellín.
Fotografía: Mateo Soto

Para lo anterior tendríamos que considerar la historia de violencia en Medellín durante las décadas de 1980 y 1990. Desde entonces, la ciudad ha tenido un proceso de transformación que ha devenido en una metrópoli capaz de generar bienestar con proyectos de espacio público y equipamientos de uso colectivo. Sin embargo, la herencia del miedo sigue dándole forma al entorno construido. Porterías blindadas, zonas verdes encerradas en mallas y edificios cuyos primeros pisos les dan la espalda a los barrios son aún muy comunes en las grandes operaciones inmobiliarias. La percepción de inseguridad produce una arquitectura introvertida en la “Ciudad de la eterna primavera”.

Ante este hecho, algunos arquitectos han dedicado sus esfuerzos a defender la noción de una arquitectura abierta y permeable, que se integra con los peatones y que se beneficia del clima privilegiado de la capital antioqueña. El hotel Click Clack, diseñado por Felipe y Federico Mesa, en cabeza del estudio Plan: B Arquitectos, propone una planta baja completamente libre, donde los transeúntes atraviesan un patio animado por restaurantes y una galería de arte, rodeados de vegetación tropical. “Pensamos que un hotel no solo debe ser un edificio que alberga huéspedes, debe servir para acercar a extranjeros y locales –dice Federico Mesa–.

Arquitectura antioqueña: entre las montañas y el cielo
Fotografía: Alejandro Arango-Pequeño Robot.

Para lograrlo, es importante abrir el primer piso hacia la calle, lo que además resulta muy rentable al contar con comercios a los que cualquiera puede tener acceso”. En este proyecto, el lobby es la ciudad misma. El clima y el paisaje de la región favorecen  la construcción de estancias intermedias entre el interior y el exterior. En años recientes se ha dado el redescubrimiento de las terrazas como lugares para el encuentro.

Así, estos ambientes aparecen en viviendas privadas ubicadas en áreas semirrurales, pero también empiezan a convertirse en parte del paisaje urbano de Medellín, donde el espacio público se prolonga y llega hasta los bares y piscinas en los techos de las torres que dominan el valle.

Arquitectura antioqueña: entre las montañas y el cielo
Fotografía: Mateo Soto

Adicionalmente, la tradición histórica de la casa campesina y la hacienda colonial ha tenido un peso importante en el trabajo de los arquitectos paisas. El patio, el corredor exterior, el alero y el zaguán, propios de estas arquitecturas del pasado, tienen aún vigencia y son ampliamente utilizados desde múltiples reinterpretaciones. La arquitectura antioqueña se traga el trópico, vence el miedo para abrirse y mezclarse con el sol y el viento, y mira hacia el pasado para aprender de él. Produce un mosaico de balcones, jardines, patios y terrazas en donde la vida ocurre y se adapta a los pliegues de la geografía quebrada de su entorno. Su identidad está donde el adentro y el afuera se tocan. La colección de proyectos recopilados en estas páginas no solo pretende mostrar obras destacadas, persigue también una forma de existir, esa que se construye entre las montañas y el cielo. ■

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